Esto es un stop, un resumen de las lecturas que he tenido en lo que va de estos primeros seis meses del 2008. Empecemos con lo peor, y lo digo así claramente, lo más malo que me he leído se llama El Mal de Montano del escritor español, Enrique Vila-Matas. Lo mejor, sin duda alguna Sostiene, Pereira del escritor Italiano Antonio Tabucchi. Sin embargo antes de detallar en ambas novelas, debo decir que han pasado, desfilando frente a mis ojos libros como Voces del Desierto de la escritora brasileña Nélida Piñon, un libro de poemas de Wallace Stevens, Milan Kundera, Juan Bonilla, Frank Baéz, Jorge Franco, Martin Solares, Wichi Nogueras y del lado de acá Uriel Quesada y su primer libro de cuentos Aquel día de los temblores, Jessica Clark con Telemaco, Carlos Alvarado con La Historia de Cornelius Brown.
Lo malo.
Ahora bien a lo que nos concierne del por qué digo que las dos novelas mencionadas son la mejor y la peor respectivamente. En el caso de Vila Matas y su mal de montano que ganó, sospechosamente, el premio Herralde de novela, debo decir que en la novela no ocurre nada, absolutamente nada es es literalmente hablando un plato de babas, pero debo reconocer la calidad de la prosa de Vila-Matas que tal vez sea por ello que la novela resulte al final de cuentas llevadera, lo que no quiere decir legible. La historia es de un escritor que tiene un bloqueo y decide hacer una serie de "ejercisios" para obtener la inspiración y el deseo para volver a escribir. Lo cuestionable de la novela no es el hecho tan siquiera de su trama en si, sino el hecho de su estructura, donde abarca esa nueva "ola" de novelear que anda ahora, de mezclar ensayo, novela, diario y diccionario, lo cual resulta primeramente una lectura fraccionada y a veces insulsa e incoherente. Leí este libro motivado por Bartlebly y compañía también escrita por el mismo autor y casi con el mismo método, pero en esta novela a Enrique Vila Matas se le fue la mano, y al parecer justifica ese modo de novelear como una forma bastante innovadora de hacerlo, según él. A veces la novela no lleva a ningún lado, y uno como lector siente que está dando vueltas en círculos y al cerrar la última página uno se lamenta haber gastado vista con un libro tan malo.
Lo mejor.
Sostiene Pereira, es una novela sencilla, una novela sin desparpajo alguno, una maquina donde todos los tornillos que la componen están adecuadamente ajustados y engrasados. Excelente prosa. Excelente estructura. Excelentes personajes. Una Historia que en primera instancia no parece muy atractiva sin embargo resulta al final de cuentas una gran novela, cuyos personajes poseen una humanidad abismal, tanto que por momentos uno deja de leer para empezar a ver la novela como una gran película. Sostiene Pereira está situada en Portugal justo en el mismo año en de la guerra civil Española) Pereira es un veterano periodista que se le encomienda la tarea de ser el editor del suplemento cultural de un importante periódico, y contrata a Monteiro Rossi -un joven subersivo que apoya a los republicanos españoles- para que se haga cargo de las notas de obituario de escritores famosos, así a grandes rasgos transcurre la novela. Pero el dramatismo, la ternura, el humor negro muy fino y lo increíblemente bien escrita que está la novela la convierten quizá en una de esas joyitas que se desea leer. Una novela cuyo final no es más que el broche de oro para un inicio igual de rico y fluido, personajes tan bien delineados, tan bien trazados que ante nuestros ojos se vuelven seres humanos, una novela que por su sencillez formal resulta conmovedora pese aquel el lenguaje en que está escrita resulta a veces lejano, como cámara de película. Y lo cursioso fue que a pesar de haber iniciado primero con El Mal de Montano, terminé y por obvias razones primero con Sostiene Pereira. Y bueno todavía quedan seis meses más, y tengo mucho por leer, esperemos encontrarnos en el camino con buenas novelas, y desde luego las malas novelas también son aceptadas.













