
Santo Tomás de Aquino se atraganta
cuando Confucio ensalza la carne agnóstica
y bebe del Grial.
Ni Lutero fue tan osado.
Barnizan sus pecados.
Desenvainan la Biblia.
La inquisición tortura herejes;
las letras de la Tora se cuajan
en las guillotinas.
Yelmos, cotas y espadas
crujen al unísono.
Cantos gregorianos en
el eco del Corán.
Cabalgan, grito de guerra blasfemo:
¿dios está conmigo quién contra mí?
Cristo se desploma
entre los cráneos sarracenos,
mancha de hollín occidental
en las dunas de Alá.
El filo es carcomido por el moho,
sangre polvorosa de los hijos de Saladino.
Jerusalén nunca fue tan suya.
Vislumbran el nuevo mundo de Colón
donde Pacha Mama es reina.






