martes, octubre 26, 2010

Deux ex Machina, Daniel Garro.



Cuando conocí a Daniel Garro, me pareció que había pasado toda su vida metido en una nave espacial. Un tipo tímido, callado, de lentes y chaqueta ochentera, cuya pinta se acentuaba gracias a los pantalones de vestir que redondeaban en él un aspecto de señor, impropio para quien recién estrena los veintes. Con la cautela del caso, abordé Deux ex Maquina, su primer libro, publicado por la editorial de la Universidad Estatal a Distancia en el 2009.

Sucede que yo nunca he sido fanático de la ciencia ficción, salvo, ¿cómo no?, cuando la obra lleva la firma de mi querido Ray Bradbury, a mi criterio el maestro del género y quien me dejó maravillado desde mis primeras lecturas. A su lado, ocasionalmente he apreciado los mejores trabajos de Philip K. Dick, el padre creativo de Blade Runner, famosa obra maestra del género en cine. 

Deux ex machina en latín, o “Dios es Maquina” en español, está compuesto por un par de cuentos largos, o dos novelas cortas, véalo como quiera. El libro dio de qué hablar pues estuvo participando muy de lleno en el premio nacional Aquileo Echeverría.

El primer texto es “Objetivo Madre”, una odisea en el espacio exterior, o como reza la contraportada "en un futuro único donde la tecnología es más grande que el universo". Daniel Garro engancha desde el primero párrafo gracias a una prosa limpia, cuidada, amena y respaldada por un hilo de tensión que destaca como el punto más alto de este libro, ya que está presente en ambas historias.
“Objetivo Madre” me recordó a Contacto, laureado libro de Carl Sagan que la mayoría de ustedes recordará por su adaptación al cine con Jodie Foster liderando el reparto. La premisa de aquella obra resume todo al encuentro entre el microcosmos (el hombre y su mente) y el macrocosmos (el universo infinito), tal y como sucede en este cuento.

La historia empieza cuando un grupo de exploradores espaciales se topa en medio de la nada con un objeto que Daniel Garro denomina SUKO (Space UnKnown Organism). La tripulación decide abordarlo para su estudio ignorando las consecuencias que su natural curiosidad acarreará. Mientras procuran establecer el origen del objeto, uno de los oficiales (Franco) de la nave es presa de una pesadilla recurrente que tiene que ver con su hermana. A partir de su mal dormir y de los conflictos que el SUKO trae a bordo se teje a grandes zancadas el relato.

La trama se construye bien, atrapa y entusiasma al lector solo para finalmente entregarle un desenlace decepcionante. El epílogo se llena de una cursilería inadecuada cuando Franco -el único que queda en pie- se enfrenta a su universo interno expuesto en plena Vía Láctea. Uno tras otro se turnan diálogos llenos de clichés, imágenes al mejor estilo holywoodense y dramas en exceso sobresaltados en un dulce que no le va ni a la historia ni a la bien cuidada prosa de Daniel.

El texto que completa Deux ex Machina se titula “El niño Mariposa”. A diferencia de su antecesor, este está mejor trabajado argumentalmente hablando y es mucho más lineal y consistente. En esta historia se nos cuenta la vida de Tomás Cartucci, una especie de guarda en un condominio en la Luna que por fin ya ha sido habitada a granel: hasta la ONU, — nos cuenta Garro— tiene su lugar en esta ciudad lunar. Todo marcha con normalidad hasta que la ciudad terrícola es invadida por una plaga de insectos, protagonistas definitivos de la trama que el autor mantiene en un hilo de suspenso hasta el final, mucho mejor ejecutado que en “Objetivo Madre”.

Ambas narraciones se sustentan en eso otro que penetra e invade la tranquilidad de los personajes, así como en las consecuencias de este elemento (llámese suko o insectos) que causa las reacciones más inesperadas en los personajes de Daniel Garro. Esta es precisamente su columna creativa, se puede leer entrelineas —sin que el autor haya querido— como un discurso sobre nuestras fobias y nuestro miedo constante a lo desconocido.

Un punto bastante débil en Deux es Machina es la técnica narrativa, el abordaje elegido por el escritor (alimentado sea de su visión de mundo, de sus lecturas, sus influencias) para contar sus historias cae en un acartonamiento (de pronto infantil) que entrega diálogos y gestos algo artificiales, quizá producto de la televisión (Ulises 31, Capitán Raimar) o el cine (Jurassic Park).

Sin embargo, este libro, con sus altos y bajos propios de una obra primeriza, resulta una lectura entretenida; amena y legible, tal y como recomienda Guillermo Cabrera Infante sea el objetivo de toda obra literaria. No cabe duda de que Daniel Garro tiene talento para escribir, así lo ha demostrado con este promisorio debut que sorprendió a propios y extraños, en cuenta a quien escribe esta reseña.
 
Como es costumbre puede también leerla acá.

miércoles, octubre 06, 2010

Y EL ÚLTIMO APAGÓ LA LUZ



Carla Pravisani es una escritora argentino-española que publicó con el sello costarricense Perro Azul su libro de relatos “Y el último apagó la luz” en el 2005. Este es un libro compuesto por veinticuatro cuentos esparcidos en cuatro grandes apartados, en los que entrelíneas se puede leer: "No llorés por mí, Argentina".
Para ser un cuentario es un libro grueso y bien nutrido, algo inusual en este género literario. En todos los cuentos se nota la influencia profunda de Raymond Carver en el imaginario temático de Carla, es decir, situaciones cotidianas llenas de una fuerza subterránea muy inquietante, amparada sin embargo en una prosa oportuna y eficaz. Todos los cuentos son estampas habituales, llenas de un valor simbólico con respecto a las relaciones interpersonales de pareja, de familia o laborales. Algunos terminan siendo relatos en clave de humor negro, lo que no debe sorprendernos tomando en cuenta el origen de la autora.
De entrada llaman poderosamente la atención los cuentos: "Las Cosas Del Abuelo", "Traslado", y "La Caida". En el primero de estos relatos, lo usual y angustioso se adivina en el puro final cuando el lector pasa la página con una extraña sensación de zozobra. 

Sobre "Traslado" me atreveré a decir que lo que en verdad nos cuenta la autora, es una historia de terror muy realista y muy sutil, cuyo desenlace es lo que realmente conmociona al lector desprevenido. Conoceremos en estas páginas a un personaje desgastado y que ha trabajado toda su vida como panteonero, generando hacia su oficio una tétrica dependencia. En "La Caída", el abordaje no dejar de ser menos tétrico; el cuento nos relata la frágil y patética relación de una pareja que ve su vínculo puesto a prueba y desenmascarado a través de un inconveniente aéreo.

Ya con la lectura avanzada del cuentario se van apreciado otros textos que vale la pena leer al detalle. Tal es el caso de “¿Qué hacemos con la virgen?”, desde el título la autora nos advierte y nos invita a la lectura. Como gancho para atrapar el lector, comparto el primer párrafo que arranca así:
“Ninguno de los seis imaginó qué podría ser eso luminoso que se distinguía a los lejos, flotando en el río”.
Con esta provocación y sin mas alternativa, el lector se sumerge en la lectura y conoce poco a poco la historia que nos va desnudando Pravisani: un grupo de amigos en un lago se topa con una imagen de la Virgen y algunos proponen quemarla solo por diversión. Esto ocasiona en uno de los integrantes del grupo tremendo disgusto, y no porque sea una persona creyente, sino porque es la excusa perfecta que encuentra la autora para atizar el relato, el cual termina emprendiéndola de manera irónica y jocosa contra la fe.
El siguiente cuento, "La soga al cuello", se trata de una divertida fábula. King, un perro acostumbrado a estar atado, encuentra la libertad a través de sus nuevos dueños. No más iniciar su nueva vida, goza y disfruta a más no poder. Es un cuento irónico y bastante sarcástico en el cual hay alusiones sociales que inevitablemente invitan a reflexionar sobre la libertad como tal. 

Así continúa una obra que muestra a Carla como una auténtica narradora, su impulso no se alimenta de una prosa llena de artilugios, sino de priorizar la historia por encima de todo. Sabe además, mantener sus relatos frescos. Prueba de ello es el dato más curioso de sus cuentos: la cantidad de diálogos que reúnen. Pero ahí está el detalle que tanto apreciamos, no solo resultan abundantes, sino también refrescantes. Haciendo uso de estos y otros curtidos recursos la autora enfrenta cara a cara sus historias y en la mayoría de las veces sale victoriosa; no obstante, renquea en relatos como "Trajes típicos", que no pasa de la mera anécdota de un paisaje bastante bizarro, o "La Promesa" que resulta difuso por la cantidad de personajes que llenan de ruido la historia. 

A pesar de lo dicho, cada cuento posee una personalidad que se ajusta a lo narrado y esto se agradece. La gran mayoría de ellos se apoya en la figura del padre, eje central del universo pravisinesco y por ende un tema recurrente en esta colección de cuentos. En todos los relatos de Carla Pravisani hay un pozo de amargura y desesperanza, una constatación de que, como lo dice la famosa Ley de Murphy, todo lo que puede salir mal, saldrá mal. La autora agrega sin embargo, un complemento interesante al famoso enunciado: cuando algo sale mal, mejor es aferrarse a los recuerdos más placenteros.
"Y el último apagó la luz" es una obra abundante pero coherente. El lector apreciará que un libro de tantos cuentos sea tan ameno y esté tan bien escrito. Sin duda esta escritora (y publicista) tiene mucho más que darnos a futuro, mucho más que mostrarnos de ese mundo donde nada sobra ni nada se desperdicia y todo es en pos del respeto al lector.