jueves, julio 23, 2009

"PRESAGIOS DE MUERTE Y ESPERANZA"


Buenos Presagios.

Flora Ovares Ramírez

Bajo el título de Presagios de muerte y esperanza, nace esta breve antología de quince cuentos, casi todos fruto del trabajo del taller literario de la Asociación cultural el guapinol. La introducción que los acompaña, escrita por el compilador Danilo Pérez Zumbado, explica la labor del taller e indica los criterios de selección y agrupación de los cuentos. Cada uno de los ellos viene precedido por un comentario de los aspectos de mayor interés sobre éste y la obra del autor en general, así como por una breve nota biográfica, elaborados cuidadosamente también por el señor Pérez.
En términos generales, los cuentos están bien escritos y cumplen con los requisitos de este género literario. Se nota que están escritos con cuidado, aunque en algunos casos he indicado erratas o errores de redacción, sobre todo en el uso de las mayúsculas y el tratamiento (uso del tú, del vos o del usted). Pero el conjunto indica la existencia de oficio literario y conocimiento de la literatura por parte de los escritores.
Además, como señala Pérez en el “Prólogo”, los cuentos ofrecen una diversidad de temas y estilos e in intentan diversos enfoques, desde la fábula, en “La puerta es demasiado pequeña” de Zayra Pérez Zumbado, hasta la prosa lírica de orientación metafórica en el cuidado texto de Rosa Cheng Lo “Una flor en Kabul”.

Una nueva generación

Los autores antologados son: Guillermo Barquero, Rosa Cheng Lo, Rudy Chinchilla, Luis Hernández Dorado, Zaira Pérez Zumbado, Warren Ulloa Argüello y Juan Luis Venegas Murillo. De estos siete autores, cinco se sitúan en la generación posterior a la llamada “del desencanto” o de los “huérfanos”, constituida entre otros, como se sabe, por Carlos Cortés, Rodrigo Soto, Fernando Contreras, Rodolfo Arias y Anacristina Rossi.
Sin embargo, la presente selección no es lo suficientemente amplia para reconocer con claridad tendencias de grupo de esta nueva generación. Además, la variedad mencionada de temas, enfoques y estilos hace más difícil cualquier definición. Más adelante, habrá que tomar distancia y reflexionar acerca de los hechos culturales comunes, las influencias literarias y los acontecimientos más importantes que puedan estar marcando la experiencia vital de estos autores.
Puede resultar útil recordar que la narrativa de la recién mencionada generación de los huérfanos, escritores nacidos entre 1950 y 1964, se despliega en el espacio de la ciudad como un ámbito envolvente y despiadado, nocturno, una imagen de la urbe que se sustenta en los grandes arquetipos de la mitología y la literatura universal, como el del descenso al Hades.
En el espacio citadino descrito deambulan personajes caracterizados sobre todo por un rasgo, la orfandad, entendida como condición existencial profunda. Por un lado, todos padecen y asumen su soledad, por otro, estos personajes son “huérfanos de padre” porque de su mundo han desaparecido los valores, la confianza en un orden sustentado en la razón. Los huérfanos recorren sin rumbo la ciudad oscura, que es una especie de matriz indiferenciada. A veces, sin embargo, buscan algo, una identidad personal, o a la figura del padre ausente. Pueden también seguir a la Mujer, a la Amada, siempre inalcanzable para ellos.
Si ponemos estos rasgos de la narrativa anterior como fondo para comprender mejor a los jóvenes escritores que nos ocupan hoy, vemos que el paisaje oscuro descrito asoma en algunos de los cuentos de la antología, por ejemplo en “Claudia” de Luis Hernández Dorado y hasta cierto punto en “Un solitario callejón” de Rudy Chinchilla.
No obstante, la actitud de los personajes de estos cuentos difiere bastante de la descrita: no se trata de personajes que deambulen sin rumbo por la urbe. Tampoco se observa la tendencia a percibir el mundo como una realidad tediosa y uniforme, en la cual las relaciones humanas vegetan en la apatía y el letargo.
Por el contrario, las relaciones interpersonales y eróticas se desarrollan con facilidad y no se niega la posibilidad de la comunicación. A diferencia de lo que sucede con los personajes en autores de la generación precedente, las acciones no están condenadas al desencuentro erótico y la pasividad. Desaparece entonces la idea de un mundo gris, sin interés, idéntico a sí mismo y, sobre todo, carente de pasiones, casi robotizado, desprovisto de densidad.
Ahora bien, no hay que entender lo anterior como una manifestación romántica de parte de los escritores de la antología. Si bien los personajes parecen más sólidamente instalados en el mundo, sus relaciones con el entorno y con los otros están marcadas por la ironía y el egocentrismo o desembocan en la náusea y la burla. Esta actitud se percibe claramente en “Fábula de pequeñas tentaciones”, de Guillermo Barquero, cuento que reelabora ingeniosamente el viejo motivo del doble.
Si en algunos de los escritores anteriores el letargo era un intento de prolongar la adolescencia y detener el paso del tiempo, los nuevos personajes parecen decididos a vivir, como sucede tal vez en “Un solitario callejón” de Chinchilla, donde el desdoblamiento de los personajes matiza el efecto pesimista del logrado final. Ahí, el encuentro amoroso, supuesta fusión entre dos individuos, genera un doble movimiento contrario de separación: hacia adentro y hacia arriba, hacia la luz, ella; hacia fuera, hacia delante y hacia la oscuridad, él.

Ruptura de límites

Un rasgo que llama la atención en los cuentos es la disolución de los límites entre vida y literatura, que toma cuerpo a veces en la coexistencia de mundos superpuestos. Aunque se trata de un tópico muy antiguo, un referente generacional cercano son películas como Matrix, que plantean la posibilidad de deslizarse entre los diversos planos de la realidad.
Varios cuentos se refieren a este tránsito, a la “tensión entre lo real y lo irreal” como dice el comentario de Danilo Pérez. Por ejemplo, los de Warren Ulloa, sobre todo “Diminutas gotas blancas” y “Como nidos de oropéndolas”; el tercer cuento de este autor, “39º C”, en cierto modo juega con los límites también, al plantear un inusitado paralelismo entre el personaje y la película que está viendo. Asimismo, Luis Hernández Dorado se aventura a enredar atinadamente los contornos de la realidad y la literatura en “El espesor de Fernando” y en “Salí a buscarla con la palabra”.

Un mundo sin fronteras

Si bien, como se dijo, la temática de los cuentos y el estilo empleado son muy diversos, impresiona, junto con la calidad literaria mencionada, el carácter universal que poseen los relatos, lo que muestra una superación de cualquier tipo de regionalismo. Se trata, efectivamente, de una generación formada en el mundo sin fronteras de la Internet.
Señalo, de paso, que considero importante estudiar alguna vez el impacto que las nuevas tecnologías de la comunicación tienen en esta generación de escritores, pues la Internet no sólo es un vehículo privilegiado que los pone en contacto entre sí y con colegas de otros países sino que propicia también una manera determinada de percibir la realidad que cuestiona las evidencias y certezas de las generaciones anteriores.
En todo caso, como apunté, estos escritores, al igual que los precedentes, van más allá de la propuesta costumbrista o regionalista. Incluso, no tienen interés en la denuncia social o política que interesa a algunos de los “huérfanos” ni en los temas de identidad nacional o generacional como sucedía con la generación de ALCOA.
Estos temas aparecen, digamos, ocultos en textos como “Una flor en Kabul”, de Rosa Cheng Lo, que construye una cerrada metáfora del poder y la resistencia que trasciende las situaciones concretas.
Los “tonos costumbristas y románticos” que el compilador señala en “Kabata”, de Rudy Chinchilla y la tentación sentimental, se superan mediante el recurso de la ironía.
Cuentos como “Viaje interrumpido” de Zaira Pérez Zumbado, cercano a la realidad cotidiana de los grupos desposeídos, escapa del referencialismo y el tono de denuncia gracias a la fuerza de las imágenes y la economía expresiva.
“La niebla y la infancia se la llevaron”, de Juan Luis Venegas, logra, a partir de datos contextuales muy precisos, una historia de iniciación totalmente vigente y que se escapa entonces de los referentes espaciales y temporales concretos, que adquieren un carácter casi simbólico gracias a la oposición nostálgica entre pasado y presente.
No resta más que felicitar a los integrantes del taller por su logrado esfuerzo. No me cabe duda de que este libro es un paso importante en un largo camino que se abre ante ellos. En sus manos está seguir transitándolo con esfuerzo, lectura y trabajo literario, las claves que alejan del conformismo y propician la superación y la permanencia en el mundo de las letras.

sábado, julio 18, 2009

Q TUANIS QUE SOS ANA MARÍA


La cama que muchas veces le acogió mientras lo escuchaba llorar en la oscuridad hoy le dijo: ¡no más, es suficiente! Hoy definitivamente no… le traiciona en el acto haciéndole saber que durmió de más, que ya es tarde y su paciencia tiene tan solo un límite. Se lo hecho de ver, usando como
intermediario, un resorte prominente y muy majadero. Este molesto agente tuvo la delicadeza de ubicarse por once largas horas en la mitad de su espalda. Ahora, un dolor que obedece a otra de sus particulares cualidades, se siente un poco menos profundo que ayer, es mas, hasta prefiere pensar que desde adentro, ese dolor secundario le deja de reclamar a estas alturas, como si le
ayudara a resignarse quemándole de a poquitos. ¿Porqué no se movió un poco siquiera, cambió de posición o volteo el veterano colchón si venía el caso? Tan solo puede existir una explicación
certera e inapelable, a como llegó, entró, caminó, cayó, durmió y así quedó.
Dado el desorden mostrado en la gran mayoría su cuarto, cabe recalcar que muy probablemente, las tres primeras acciones anteriores, precedieron un aterrizaje aparatosísimo.
Durante toda la mañana, celosías y cortinas abiertas de par en par, permitieron la entrada ininterrumpida de los generosos rayos del sol. El calor sin tregua ni piedad se terminó apoderando lento pero seguro de toda su habitación en desastre. Este se fue extendiendo sin piedad, hasta lograr un efecto fastidioso que nada hubiese tenido que envidiarle al salón sauna más adelgazante, ni a la cama eléctrica más ¨bronceadora¨. Aquel calor empeoraría,
si se añade el hecho de ver un muchachito con expresión inerte, fuertemente cobijado y para colmo de males, vestido con bufanda, franela y chaqueta de mezclilla. La imagen en sí misma era suficiente y comprensible, daba pie inclusive para asumir como dato científico irrefutable que ciertos muertos, (aún los que parecen ya bastante pasados de muertos) no pasan por obvios
procesos de descomposición sino que por horas posteriores al deceso, huelen y siguen sudando guaro. Él no estaba muerto, solo daba esa impresión a primera vista. Sus fuertes ronquidos atragantados y aquel transpirar generoso se daban a la tarea de confirmar el milagro de la vida y el explícito pesar de su gomón. Abrió sus ojos de repente y lejos de ser consciente de que respiraba y podía sentirse feliz, vivo, optimista o dichoso, maldijo su existencia al mismo tiempo que sentía el primer mazazo directamente contra su frente duchada en sudor. El dolor era insoportable, podía jurar que su cabeza estaba a punto de explotar. De pronto sintió de nuevo aquel resorte prominente y majadero instalado en medio de sus costillas, en vez de quejarse, llorar o mostrar la más mínima expresión de incomodidad, prefirió maldecir su existencia de nuevo y de paso, soltar un sonoro pedo. Su última decisión sería la que definitivamente le impulsó a empezar el nuevo día (o moverse de ahí) inmediatamente.
o increíble, contra toda predicción, se incorpora. En media operación sintió como si estuviese siendo grabado... de ser así, un director incógnito saltaría del closet gritándole a través de su megáfono:
_ ¡Corte, corte, corte, estás abusando, no hace falta llevar el efecto de cámara lenta a tales proporciones!
_ ¡Jalá, jalá… No jodás!, no ves que me estoy muriendo huevón.
Hubiese contestado con tremenda convicción.
Con tan solo una pizca de amor propio y mucha valentía olfativa, superando cualquiera de sus expectativas previas y poniendo en práctica un esfuerzo que cualquier espectador hubiese clasificado de sobrehumano se logró enderezar. Ahora percibe como su cuarto rota y se traslada a su alrededor, al mismo tiempo su cabeza hace movimientos lentos hacia adelante y hacia atrás. ¡Que gomón! La habitación ambulante, al parecer no tiene intenciones de parar de moverse nunca, la noción propia de su despacio vaivén, sumado a ese minúsculo resto de una cuarta del poco prestigioso Espíritu de Caña Supercañita; dejan en evidencia la clase de resaca que lo embiste súbitamente. Lo más increíble todavía, ese resto de la fiesta previa: milagrosamente sobró y contra todas las posibilidades… ¡logró llegar! Le pareció que la angustia se estaba tomando el día libre, dejando de lado, todas y cada una de sus responsabilidades para con la humanidad, con tal de dedicarse tan solo a él en ese preciso momento.
Como siempre... ella. ¿Cómo es posible, cómo logró llegar ahí? Eso no importa. Lo triste, ella se hizo inmediatamente presente en este momento, ya mismo, ya merito, de una, ahora, ya. Ella: acomodada con devoción milimétrica entre el soporte perfecto de la lámpara, su reloj despertador y el envase plástico que todavía contiene el resto de aquel endemoniado Supercañita. Se deja mostrar acelerada como casi siempre, sentada imprudentemente como siempre, con su pelo recluido en una trenza hecha con pereza como casi siempre, con aquella mirada intensa y penetrante como siempre, con ese aire de superioridad de casi siempre. Maldita sea, de nuevo ella, ella, ella, ella, por siempre ella.
La foto que reposa en la mesa de noche nunca fue su preferida pero en un final, fue la única cosa que no recordó romper en aquel singular arrebato de ira, en este, fueron quemadas para siempre: poemas enamorados escritos cuidadosamente en papel cebolla, crepé y celofán, rosas secas, tarjetas con dedicatorias de connotación sexual, peluches espantosamente cursis,corazones acolchados hechos a mano, fotos de ella desde todos los ángulos posibles conocidos por el hombre, almohaditas perfumadas y servilletas con mensajes melosos... todo ardió de manera generosa con cuanto chunche lindo pudo haber adornado su habitación en algún momento. Primero, nunca se hubiese imaginado siendo protagonista de aquel arrancadoactopiromaniaquisimamenteliberador y segundo, por la casualidad o el descuido, que dicha foto se escondiera atrincherada de su búsqueda implacable, en un pequeño compartimiento de su billetera. Tercero… está de más decir (por respeto al doliente en cuestión por supuesto), que ayer por la noche y casi al borde de una bien encaminada y decidida intoxicación, la susodicha foto le devolvió la esperanza, lo hizo reflexionar, parar de tomar e irse a dormir, consecuentemente evitando de manera automática, lo que sería el insípido, triste y abrupto final de esta historia. Incorporado, con resaca e imputado por su realidad inmediata, encara las razones de sus pesares una a una: el resorte, la foto y la supercañita. ¿Cuál resultó ser el más doloroso? Definitivamente ella. Ella. Ella. Ella. Ella. Se desprende de la bufanda, la franela y la mezclilla evitando movimientos bruscos por supuesto. Mientras lo hace, mil excusas diferentes porque empezar a llorar de nuevo saltan solas por entre el desorden de su cuarto. Se tambalea y disimula su pesar prendiendo el primer cigarro del día, exhala el humo poco a poco tratando de ver su propia nariz, ahora el dolor de cabeza una vez más le embiste de manera violenta mientras masculla para si mismo las razones. Con lágrimas rebeldes en sus ojos rotísimos sigue pensando en ella, se pregunta muchas cosas, pero una sola cosa le molesta más que la inminente explosión de su cerebro:

1. ¿Cómo pudo ser tan ingrata?
2. ¿Ocultarlo por un mes entero sin que sospechara nada?
3. ¿Comportarse tan natural con tanta mierda en la cabeza?
4. ¿Aceptarlo tan tranquila, como si fuera de lo más normal?
5. ¿Irse dándome la espalda, a mí, que tanto la quería?
6. ¿Negarlo, con una sonrisa de oreja a oreja?
7. ¿Apreció tan poco de veras todo lo que le di?

Hay algo que le hace detener su tortura auto infligida. Se mira al espejo en la pared solo para constatar la sospecha. En vez de su imagen refleja le fue devuelto un escupitajo verde y vulgar. En sus actuales condiciones no es para menos: amaneció con la misma ropa de ayer (que de paso ha repetido los últimos tres días), huele a zoncho, tiene un notable semicírculo oscuro bajo los ojos y de paso los colochos hace mucho dejaron de vérsele lindos para formar una maraña indescifrable.
_ Estás mal papillo, mal, mal, pero mal... no valés pero ni un solo cinco.
Frente al espejo se recrimina, mirándose fijamente y moviendo la cabeza de izquierda a derecha. Sigue mirando fijo, baja sus párpados a media asta y se convence de que intentará motivarse y aunque sospeche el probable fracaso del intento, se tira con dificultad un sonoro beso seco, producto de su colosal goterón. Tenía razón, no funcionó.
Para seguir su camino, gira noventa grados con una visible dificultad. Error. Se topa la cama de frente y comprendiendo su equivocación, ahora opta por los ciento ochenta, enfoca (o parece enfocar) y se aventura, camina escasos cuatro pasos sorteando zapatos, trastos sucios con retos de quién sabe qué, ropa tirada y discos compactos hasta llegar a su mini escritorio y por fin
al celular. Sus temores se confirman… un mensaje recibido.
_ ¿Ahora qué putas habré hecho ayer?
Amanecer con un mensaje sin revisar de la noche anterior solo significaba una cosa, el categórico beep beep de su ringtone estándar no fue lo suficientemente potente para lograrlo sacar de su completo, cínico y consumado modus nocturnus etílicus pegadísimus o de veras, en algo la había
cagado.

MENSAJE RECIBIDO:
Tons q, dond sta mae ud si s idiota, ya se fue??
:-(
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO 2009
2:13AM
_ Ayer, ayer, ayer... vamos a ver... nop, que va, no lo logro, ni la más
remota idea de que fue lo que pasó. Sintió pesar por Ana María, ella la única que había soportado atenta por muchos días todos sus incongruentes monólogos.

MENSAJE ENVIADO:
Ayer creo que me vine solo para mi casa estaba
súper
súper cansado al final!!!
Tan solo segundos después de mandar su mensaje, el
"beep beep" de un
nuevo mensaje se podría decir que lo asustó. Si algo le era
seguro en ese
momento, era que Ana María podía teclear bastante
rápido.
MENSAJE RECIBIDO:
knsado? Lo q staba era sta l culo
ayer se me
prdio d prnto
llego bn irrsponsableeeee
ENVIADO:
ana maria
18 DE
MARZO 2009
1:13PM
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
Si señorita, llegue borracho pero bien, sorry de
veras,
igualmente gracias!!!!
Una vez mas, el casi instantáneo "beep
beep".
MENSAJE RECIBIDO:
de vdd va a seguir asi mae ?? x 1 mes ??
lleva
22 dias, va seguirsh, eso ya s una nesedad
mae >.<>
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
yo vere lo q hago, es lo justo, me engaño por un
mes, un mes me la pego......
sorry pero asi es y punto!!!!!!
Releyó el mensaje de nuevo y se preguntó si de verdad tenía sentido eso de tomar como si no hubiese mañana por todo un mes exacto con sus treinta y un días, con tan solo flojas pero dolorosas excusas: por un mes, fue lo que ella jugó con él, por un mes, le ocultó esa verdad tan evidente, por un mes, fue él un vulgar accesorio en cuanta fiesta asistían, por un mes, pasó pensando que había hecho mal para estar recibiendo ese trato tan impersonal, por todo un PUTO mes, hasta que se diera aquel ese fatídico final (recordado de paso, también en cámara lenta) en que ella secamente le dijo:
_ ¡Necio! MIS vicios son MIS problemas, que necio de veras, sabe que... honestamente mejor dejemos esto aquí pero ya.
_ No miamorcito, SU problema es eso exactamente... SU vicio. Créame, usted debería saberlo pero es que usted no se ve en serio, hace feísimo después de meterse esa mierda por la nariz, pero hace horrible en serio.
_ Sabe que mae... viaje, viaje, mejor viaje... Lo último que necesita una es esto, un borracho diciéndome que me conviene y que no.
_ Se lo digo porque la quiero, al chile, vea que se lo digo porque la quiero... vea a ver si eso se lo llega a decir el bastardo que se lo vende algún día... NO CREO MIAMOR, NO CREO!!!
_ ¡Bueno ya, hace tieeeeeempo que se lo quería decir! Sos, fuiste y siempre serás una pega, esta bueno ya, hasta aquí, jale, jale, jale, jale, jale!!!!!! (Acompañado por supuesto de un fuerte empujón en el pecho).
Y de veras que lo gritó firme en ese momento, tan firme hasta el punto de que en ese preciso momento, todas y cada una de las personas en la fiesta lo miraban a él, si, a él, no a la cocainómana con ojos desorbitados, dientes rechinadores, movimientos rápidos perdidos y color ultra blanco en la cara de tanto "maquillarse" en las repetidas visitas al baño de mujeres. Por el contrario, todos los ojos estaban enfocados en él, en él, en él, en él, al único que por lo visto no era consciente de que ella llevaba ya un mes desde que volvió a oler como loca.
_ No se meta ni hoy ni mañana en mi vida, sos un gran perdedor, nunca se lo dije pero lo sos. Piérdase, y sabe que... piérdase buscando la solución a SUS problemas, oyó, oyó, oyó, (mientras su dedo índice le apuñalaba la frente a vista y paciencia de todos) oyó, oyó, oyó, a SUS problemas, SUS
problemas... BORRACHO!!!!!!
Sin lugar a duda, aquella sería la degradación, humillación, mancha,
deshonra, ofensa, provocación o vergüenza más gruesa y vil que hubiese, sentido en su inexpertos veinte años de existir, esa definitivamente se llevaba el premio mayor. ¡Quizás por ese inevitable carácter público y personal a la vez que logró desarrollar en tan solo segundos! ¡Que momento! ¡Que vergonzoso! Lo peor, ¡que cólera le daba recordarlo! Se sintió de nuevo en
medio de aquella pista de baile, se sintió con incontables pares de ojos encima, y se sintió triste, muy triste. Lo recordó todo otra vez, parte por parte hasta ese inolvidable final... era como si estuviese en esos episodios patéticos de una conocida serie de acción, donde Robin siempre pareció un enamorado amuerte de aquel Batman panzón, que siempre luchó, pero por sonar "sexy e inteligente" en cada comentario. Ahí aparecía él, esa era su misión: enmascarado, genérico e impotente pero en solitario... recibir cuanto SMASH, CRASH, POOOW se hubiesen podido soportar en calidad de humano sin superchucherías... siempre entre colores hipnóticos abarcando las 14 pulgadas en la pantalla del televisor, eventualmente tomando posesión del lugar que le pertenecía en aquel momento... la lona.
Lo último que recordaba de ella: esa salvaje espalda bronceada, desnuda y brillante de tanto sudar bailando, alejándose lenta pero decididamente. Releyó el mensaje y sin más ni menos presionó ENVIAR. De pronto, otro beep beep repentino que al menos era previsible esta vez.
- Ana maría, sos un balazo dios mio!!!

MENSAJE RECIBIDO:
q cncho q sos, ya hasta c parece + a akella loka
la vdd
ud sab lo ke hace y sab q
cma caca, yo sabia
y desp q idiota !!
+ guaro
tmbn como loco ???
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO 2009
1:20PM

CRASH, SMASH, POOOW, PLUM, CLASH y finalmente BUMMMMM... con lo dura que estuvo la lona en su momento, verse ahora tumbado con golpes de más en aquella cama conspiradora por un mensajazo así, al menos tenía sus ventajas:
1. A la cama la conocía bastante bien (o creía conocerla).
2. No tenía TODA una fiesta mirando su próximo movimiento.
3. Intensamente confiaba en esta nueva agresora.
4. Manifestaba heridas que ya sabía (o juraba poder) contrarrestar.
5. Obraba en pos de su propia mejoría.
La Ana María tenía razón (siempre la tuvo) y con ella, los suficientes argumentos para botarle esas bases de estupidez en que asentaba su teoría de ese despecho meramente etílico que debía y se exigía fuese mensual. Tres semanas de atroces gomas vulgares, daban fe total de lo irracional que había venido siendo su proceder.

MENSAJE ENVIADO:
Sorry sorry sorry sorry sorry usted es mi mejor
amiga!!!!
no tenia que tratarla asi!!!!
sorry sorry sorry sorry sorry
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE RECIBIDO:
s q sos un idiota ya c... jijiji :-)
Si no s x q ya lo
cnosco diria q sabs tratar a las
mujers mae (cuando sta d goma) jajaja
En
serio, cuidec, no haga lo = q la loka esa
No c muera a poquits
caballoooooo!!
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO 2009
1:22PM
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
Gracias ana!!!!
Y si no la conociera juraria que no esta
un poquito
celosa jajajajajajaja
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE RECIBIDO:
idiota!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
jajajajajaja
un tantito no mas
:-)
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO
2009
1:24PM
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
TQM ana
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE RECIBIDO:
yo tmbn idiota :-)
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO
2009
1:26PM
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
me baño y vamos por una birrita ana por fa que me
estoy
muriendo de la goma
por fa!!!!!!!!!!
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE RECIBIDO:
1 cafe y unos bizcxhitos de musmani????????
x fa, no
sias tan tapis xfa xfa mae!!!!!
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO
2009
1:28PM
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
bueno ta bien, para q vea q soy cuate
a las 2 en musmani
reina pechocha?
Lastima q ya no tengo nena, sino es la birra para la
goma,
rico hubiera sido un masajito con premio de la
loca esa!!!!
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE RECIBIDO:
sta bn papichurris jajajajajaja
pro c baña mae.... no
sia lolo coxhino!!!
di kien dijo q ls mejors amiwas no dn premiooo ahh
ahh
ahh ??? jijiji
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO 2009
1:31PM
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
jajajajajajajaja gracias mami
de veras ana, en serio
gracias por ser siempre tan
tuanis conmigo
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE RECIBIDO:
cndo l he qdado mal idiota, apurec mae q añejo mjor
ni
llgue :-)
ENVIADO:
ana maria
18 DE MARZO 2009
1:33PM
---------------------------------------------------------------------------
MENSAJE ENVIADO:
ok
De nuevo en cámara lenta, se encamina hacia lo inevitable, la velocidad aumenta conforme se acerca y ahora, bajo un chorro de agua friísima, tiembla permitiéndose una sonora y estridente carcajada, la primera en semanas…

lunes, julio 13, 2009

TUCKER MAX


Ante la necedad y recomendación de mi buen amigo Tranca:

Tranca: pero ya leiste a este HIJUEPUTA de paire y maire?

Tranca: TIENE QUE LEERLO y me va a entender... TAL VEZ y solo talvez nosotros lleguemos algun dia a el nivel de este hijueputa.
Tranca: ese es... UN SATANICO insensible... vieras una conferencia que dio en una U en Estados se le cagaba en la madre INTELIGENTEMENTE a cada protestante que se paraba para jalar ofendido.
Tranca: va a ver que no es vara... lea el del sushi pants y la vara.

Warren/Literófilo dice: como se llama el libro del mae?

Tranca dice: I HOPE THEY SERVE BEER IN HELL.
Tranca dice: o mas conocido como IHTSBIH.

Con tal recomendación les subo a Tucker Max .

domingo, julio 05, 2009

EL TRANSCURSO DE LA ETERNIDAD



“… y busco la marca de tus labios en los míos
¿Cómo hacer esto interminable”.

Oscar Flores Ramos


“… no había tiempo o tal vez tan sólo fluía de manera extravagante, minutos eternos aislados de todo y de todos, sólo sus cuerpos desnudos y cercanos en esa habitación a media luz los dos”.

Paisaje con Tumbas Pintadas en Rosa


Me dedicó una sonrisa críptica. No supe si era resignación o picardía lo que había detrás. Confundido, huí de su mirada. Había luna. Adentro, la bulla del chivo continuaba. Quién sabe quién estaría tocando. El grupo de Marcia se había presentado mucho antes. Les había ido bien, pero Marcia estaba mal. Lo noté en sus ojos mientras cantaba y lo confirmé al hablar con ella, cuando se bajó de la tarima. No hace falta decir qué le había pasado. Se le había roto el alma. A mí también, hacía días. Ahora, abrazados, sentados a la orilla del caño frente al Cuervo Negro, tratábamos de ser el alivio del otro.
Yo desee a Marcia desde que la vi por primera vez. Su cara, sus gestos, sus ojos de un color indefinible, su manera de pararse en el escenario, de sacudir la melena al ritmo de la música… era algo más que atracción: mi cuerpo la necesitaba, no quería vivir más sin haberme relacionado genitalmente con ella. “Relacionarme genitalmente” suena vacío, pragmático, hueco. Pero suena aún peor “hacer el amor”. Eso es sublimar lo que simplemente no es sublime. Yo quería cogérmela, no “hacerle el amor”.
Mi pesimismo crónico me impidió ilusionarme con ella. Los hechos hicieron lo propio: Tan solo la segunda vez que la vi, llegó con el novio. Eso bastó para anularme. La vi unas cuantas veces más y luego tuve razones para olvidarla. No hace falta decir cómo la olvidé. Basta decir que ahora tenía el alma rota y a Marcia en los brazos. Además, nunca la había olvidado del todo. Siempre estuvo ahí, viva, en mis sueños, en mis vigilias y en mis insomnios, consumiéndome con su ausencia.
Marcia lloró un rato. Cuando la sentía sollozar la apretaba más contra mi costado. La gente pasaba y nos miraba unos segundos. Al rato, dejó de llorar. Sentí que se estaba limpiando la cara con mi suéter. La dejé hacer y luego la aparté un poco para verle la cara. No dejé de abrazarla.

- ¿Mejor?
- Un toque… llorar siempre hace bien.
- Sí…
- Juan…
- ¿Ah?
- ¿Te acordás de aquel poema que me habías escrito?
- No se me podría olvidar.
- Era muy lindo.
- Es muy lindo.
- Bueno sí, perdón…
- Tranquila.
- ¿Cómo era que empezaba? Bueno, no creo que te lo sepás de memo…

- Cómo es difícil aceptar que existe
aquello con lo que mil veces se ha soñado
cuando por fin se tiene en frente…
- Así como la libertad asusta al reo de años
porque en su realidad ya solo hay sitio
para los barrotes y los muros…

- ¡Mirá! Te acordás…- Exclamé sorprendido.
- Me lo sé todo, pero se me había olvidado el principio. Mirá:

¿Cuántas veces te habré creado,
con pensamientos e ideales
muy adentro mío, en mi sueño,
en mi vigilia y en mi ausencia,
con el deseo de verte y de sentirte
tan vivo como el de respirar,
y la esperanza de algún día verte
extinta como llama al viento?

¿Ves? Me lo sé.
- Sí… qué rajado…
- ¿Qué sentías cuando me escribiste ese poema?
- Te deseaba.
- ¿Ajá?
- ¡Ay por favor, Marcia!- En esto la solté.- Como si no hubiera sido obvio desde un principio…
- Ay pero ¿por qué se enoja por eso?- Me dijo melosa, mientras me agarraba el brazo y me hacía abrazarla de nuevo.- No me suelte que hace mucho frío.
- Usted que se viene sin abrigo…-Andaba una camisa de Stratovarius. Temblaba de frío. Las noches de diciembre no son muy benévolas climáticamente hablando. La abracé con más fuerza que antes y nos quedamos así otro rato.
- ¿Ya no me deseás?- Dijo por fin.
- Claro que sí.- Dije. Soltó una risita.- ¿Te hace gracia?
- Sí, pero no me estoy burlando.
- ¿Entonces?
- ¿Siempre que alguien se ríe de algo que dijiste se tiene que estar burlando?
- Es en lo primero que pienso.
- ¿Por qué?
- Tal vez porque ya me lo han hecho suficientes veces como para no saber esperar otra cosa.
- Te estás haciendo la víctima.
- Vos preguntaste y yo te contesté.
- Bueno, la cosa es que yo no me estaba burlando.
- ¿Entonces?
- Ay bueno… a una le tiene que causar alguna reacción que le digan que la desean, que a mí me dio risa.
- Siendo vos yo también me hubiera reído.
- ¿Por qué?
- Porque da risa que yo te desee a vos.
- ¿Qué tiene eso de vacilón?
- ¿Qué importa que yo te desee, Marcia? Vos sos muy linda, cualquier mae te daría bola, muchos, por lo menos. ¿Qué diferencia hace que me gustés a mí?
- Ay Juan…
- ¿Qué?
- ¿Por qué te despreciás tanto?
- Eso no es tu asunto.
- Uy…

Temí haberla hecho enojar. Lo último que quería era separarme de ella esa noche. Igual, iba a pasar; en algún momento “¡Uy, ya es tardísimo, me tengo que ir!” o “Bueno Juan, voy a tomarme algo, ahí nos vemos” y todo terminaría. Al fin y al cabo todo termina, ¡hasta yo he de terminar algún día!, ¿por qué entonces duelen tanto los finales? ¿Qué empezar no es ya comenzar a terminar? Sí, yo lo sé. Pero uno sabe y no entiende. Entiende y no acepta. Así somos.
Otra vez, perdí mi mirada en los alrededores. No quería verla. Me daba miedo. Quería que volviera a llorar, porque así era seguro que escondería otra vez su cara en mi costado y sería mía por un ratito más. Quería que sufriera, no importaba si esa era la única forma de mantenerla cerca. Pero no volvió a mi costado. Sentí su mirada. Me estaba viendo. La miré y entonces me dedicó esa sonrisa críptica. Quise preguntarle qué quería decir con ella, pero preferí, por una vez, dejar la significación del lado del lector. Pero esa sonrisa me superaba. Irrumpía en mi como un puñal y no había coraza, interior o exterior, que valiera.
Busqué algo en qué poner mi atención pero irremediablemente volví a mirarla. Me sonrojé. Ahora no cabía duda. Su sonrisa estaba impregnada de picardía, insinuación, sugerencia. La inclinación de la cabeza, la forma en que entornaba los ojos, la curva de los labios, la tensión en las mejillas, hasta los dientes, que seguían en el mismo lugar de siempre, parecían haberse cargado de sensualidad. De pronto todo comenzó a cambiar. La noche, la ciudad, la gente… todo parecía distinto, había como una sensación, como un color diferente en las cosas. Hasta el escándalo del chivo dentro del Cuervo Negro, que estaba atestado de camisetas negras hasta la puerta, se había transformado. Comencé a respirar un aire de libertad, desinterés y liviandad que hace mucho no sentía, tal vez desde la infancia. Era como una invitación a dejarse llevar, a no pensar por un buen rato y entregarse a las sensaciones, a lo que iba a ocurrir porque tenía que ocurrir. Por un momento pensé que seguramente así se sentía un suicida, pero me contradije de inmediato. Lo que sentía era como una explosión de vida, no tenía nada que ver con la muerte. Dejó de importar que a Marcia y a mí se nos hubiera roto el alma, y nuestros cuerpos fueron lo único que hizo falta. Los cuerpos, esos que veíamos, que podíamos sentir uno junto al otro. Ese paquete de sangre, huesos y órganos que sí se podía compartir. No como las almas, que están allá tan adentro, encerradas para siempre.
- Juan…
- ¿Qué?
- Vámonos…
- ¿A dónde?
- Mmm… jale a comer algo…
- Bueno.

Nos levantamos. Si Marcia antes me parecía bonita, ahora era el objeto más precioso del mundo. Su abundante melena oscura, sus ojos de color indefinible, ligeramente rasgados, sus labios gruesos y su cuerpo delgado, casi frágil, eran los requisitos de la belleza. Ninguna otra mujer era bella ahora. No hacía falta.
Caminamos por la acera. A los pocos metros, me tomó de la mano. Era extraño. Yo nunca había pensado en tener una relación formal con Marcia. Sabía que no me hubiera gustado. No soy el tipo de persona que aguanta el ritmo de alguien como ella. Caminar de la mano, hasta el momento, cabía en mi comprensión como acto exclusivo de las parejas formales. Sin embargo, ¿qué convierte en formal a una pareja? ¿Una declaración? He tenido novias a las que ni siquiera les pregunté si querían serlo. ¿La aceptación de los suegros? He tenido noviazgos en los que ni siquiera he conocido a mis suegros. Entonces, ¿qué convierte a una pareja en novios? Un acuerdo tácito, una idea, un concepto compartido por ambas partes. Marcia y yo teníamos nuestro acuerdo. No éramos novios, pero éramos mucho más que eso. Merecíamos caminar de la mano.
Casi no hablamos durante el camino. Recordé que cerca de la Universidad Eugenia Suvercia había una soda que no cerraba nunca. Al tipo que hacía el turno de noche le decían Vampiro. Le dije a Marcia que si le gustaría ir y me dijo que sí.
Llegamos. Había varios maes que venían del chivo. Recordé hacía cinco años, cuando los metaleros del pueblo declararon el Cuervo Negro como su centro de operaciones. Durante años había sido el lugar de reunión de la más alta sociedad. Pero Ernesto, la oveja negra de los Coraje, una de las familias a las que pertenecía el pueblo, se había declarado amante de la música extrema y comenzó a aparecer en el café con sus amigos vestidos de negro. Los clientes se quejaron, pero el dueño no se atrevía a echarlos. Eran amigos del señor Coraje, después de todo. Entonces, un día Ernesto le dio al de la música un disco MP3 con una interesante selección: Testament, Iron Maiden, Metallica, Cannibal Corpse, Immortal, Megadeth, Morbid Angel… ni qué decir de la huida que emprendieron los clientes “normales”. Ernesto regó la bola y pronto la clientela vestía exclusivamente de negro. Algunos aristócratas se quejaron, querían su lugar de reunión de vuelta, pero los dueños veían un prometedor negocio en aquellos jóvenes mechudos y con camisetas negras. A los pocos días, los mismos metaleros colocaron el nuevo rótulo. Ya no era “Café Cuervo Negro”, sino “Cuervo Negro Metal Bar”. Pronto comenzaron los chivos y cada sábado los jóvenes se reunían a escuchar las bandas del pueblo o las que venían de afuera. La de Marcia venía de afuera. De hecho, lo poco que llegaba de afuera a ese pueblo eran grupos a tocar.
Nos sentamos. Elina, la salonera de la noche, nos vino a atender. Varios de los compas que venían del chivo se acercaron a saludar a Marcia. La felicitaron por su desempeño en el escenario y le preguntaron por los otros miembros del grupo. Ella contestó con toda amabilidad y soltura. Horas después me confesó que si no hubiera sido por mí, probablemente ni siquiera le hubiera contestado el saludo a alguien que se acercara a hablarle. En aquel momento yo no sabía que estaba siendo una motivación para ella, por lo que me sentí ligeramente desplazado.
- Vos sos la que cantó ahora, ¿verdá?
- Sí, sí, ¿Pura vida?
- Pura vida. Oiga que buen grupo el suyo, ¿Cómo se llama?

Pasó un camión enorme. Con el bullón que hizo, dudo que el mae haya escuchado el nombre de la banda. Yo no lo escuché.

- A sí, suenan rajado, al chile. Qué buenos.
- Mae, muchas gracias.- Aunque me sentía como me sentía, me gustó ver a Marcia tan atenta y desenvuelta. Los ojos le brillaban y sonreía todo lo que podía. Poco a poco me fui sintiendo muy feliz por ella y me dejé de sentir desplazado.- Tienen que ir a vernos al pueblo, ahí tocamos casi todos los fines de semana.
- A nombres, nada más avise, vea, este es mi número.- El compa escribió su número de teléfono en una servilleta y se lo dio a Marcia.- Usted me llama y estos maes y yo caemos, de fijísimo.
- Ok, ok, gracias.- Cada uno pasó a darle su beso a Marcia y a mí la mano. Eran tres. - ¡Qué lindos! ¿Verdad?
- La linda sos vos, que te das a querer así.

No sé de dónde salió eso. Tenía mucho tiempo de no decirle algo así a alguien. Marcia se sonrojó levemente y sonrió conmovida. Se acercó por encima de la mesa y me besó en la boca. Fue tierno, intenso, corto. Había soñado con besar esos labios durante meses. Confirmé que todo lo que había percibido a partir de la sonrisa críptica era cierto. Estaba pasando, ahí y ahora, y aún estaba lejos de terminar.
Comimos muy bien. Yo pedí un plato de pechuga de pollo empanizada. Traía papas, ensalada y algo más que no recuerdo. Creo que pedí fresco de frutas. Marcia se las vio con un casado de res. Al final, me acordé del “coctel de sangre”, el postre especialidad del Vampiro. Era un helado de crema con un aderezo de fresa riquísimo que solo él sabía hacer. Decían que le echaba sangre de chiquitas que se robaba del pueblo. Es increíble la cantidad de cultura popular que se puede generar porque a alguien le den el turno de noche en una soda.
Pedimos dos cocteles y nos los vino a dejar el Vampiro en persona. Vestía de negro. Una vez que le pregunté, me dijo que solo lo hacía los sábados, para identificarse con la clientela metalera y hacerle un poco de honor al apodo.

- Eso Juan, ¿Todo bien?
- Pura vida Vampiro.
- Y ¿La muchacha? Usted no es de por aquí ¿verdad?
- No, no, yo soy de afuera, jeje.
- A pues qué bueno que se den la vuelta. Es increíble lo rentable que nos ha salido esa voladera de patadas que organizan ustedes todos los sábados en el Cuervo. Ellos no venden comida durante el concierto, solo guaro, y diay a nosotros nos caen los comensales.
- Claro Vampiro. Para que vea que vestir de negro trae buena suerte.

El Vampiro se metió de nuevo, muerto de risa. Nos comimos el helado felices, mirándonos, adentrándonos en el tiempo eterno que nos estábamos fraguando. Cada bocado sabía a gloria, pero era más glorioso verla comer, como arrollaba los montículos de helado con la lengua, como los engullía con los labios… cada momento me sentía más unido a ella, más su dueño y su posesión a la vez.

- ¿Vamos?- Dije cuando ya los dos habíamos terminado.
- Jale.
- Pero… ¿A dónde?
- Diay a tu casa…
- A sí, sí claro….

Nos fuimos. Anduvimos todo el camino de la mano. Hace mucho tiempo que no soy lo que se puede decir feliz. Hace tanto, que no sé si esa noche lo fui, pero al menos sé que aquello se parecía mucho a la felicidad. A lo que uno supone que es la felicidad.
Llegamos a mi casa. Abrí. Entramos. Era raro. Yo nunca había estado con una mujer, solo, a esas horas, mucho menos en mi casa. No tenía idea de qué hacer. En las películas se les ofrece algo de tomar… yo no tomo, no tomo licor, si acaso habría alguna botella de agua en la refri. En mi casa hay dos cosas: yo y libros. Quien venga a visitarme lo más que puede hacer es ponerse a ver libros. Marcia no venía a ver libros, pero se puso a ver libros.
- Como tenés libros…
- Sí, un montón.
- Mirá… cuentos de Perrault…- Dijo Marcia, y sacó ese libro del anaquel.
- ¿Sabés quién es?
- El que escribió Caperucita y eso ¿Verdá?
- Sí.
- Me gustan mucho esos cuentos.
- A mí también. Me gusta la atmósfera de fantasía que los impregna. La mente abierta de sus personajes…
- ¿Tu mente está abierta?
- No sé…
- ¿Qué querés decir con “mente abierta”?
- Tener la capacidad de aceptar lo insólito sin necesitar una explicación, tal vez…
- Y ¿Qué es lo insólito?
- Lo imposible, lo que no pasa.
- Por ejemplo…

Marcia se me puso en frente. Empujándome con suavidad, me obligó a sentarme en una silla y ella a su vez se sentó sobre mi regazo, de frente.

- Pues…- dije, esforzándome por mantener el hilo de la conversación.- La existencia de hadas, los milagros, ese tipo de cosas…-
- ¿Qué es un milagro?- Susurró, mientras me comenzaba a besar el cuello.
- Lo que no pasa, lo que no puede pasar…
- ¿Yo puedo estar aquí? ¿Podemos estar aquí, haciéndonos esto?- Me besaba las mejillas y me acariciaba el pelo con las manos.
- No... no podés estar aquí… mucho menos haciéndome esto…
- ¿Por qué no?
- Porque sería un milagro… y los milagros no existen…

De nuevo me besó. Sentí su lengua abriéndose camino, buscándome, sintiéndome, regalándome su delicioso contacto. Me costó reaccionar. Finalmente la besé yo también. El chasquido de nuestros labios al cerrarse y abrirse era estremecedor. Cada ola de saliva era un trago del elixir de la eterna juventud. Le acaricié la espalda y le sentí el mecanismo del brassier, por encima de la blusa de Stratovarius. Había sentido esa maraña de broches y elásticos muchas veces, pero siempre allá, detrás de la blusa y de las normas sociales, más allá de mi alcance. Pero ahora no había normas. Hoy yo no era un ciudadano, ni siquiera era una persona. Había trascendido los límites de mi ser y no me pertenecía ni a mí mismo. Era de Marcia de la misma manera en que ella era mía. Le agarré los bordes de la blusa y se la quité. El brassier era negro. Se le veía precioso sobre la piel blanca. La miré a los ojos. Sonreía impresionada, como si ese movimiento la hubiera agarrado desprevenida.

- ¿Te molesta?- Le dije estúpidamente…
- Ay Juan…- Exclamó, como enternecida. De inmediato me agarró la camisa y me la quitó.- Como si los dos no estuviéramos en lo mismo.- Y me volvió a besar. Le agarré un pecho con cada mano y apreté. No eran muy grandes, pero es que lo que importaba no era la magnitud, era que eran sus pechos, los de Marcia. Cualquier defecto era secundario ahora. Todo lo que fuera suyo era sagrado, incluso su voluntad.

- ¿Dónde está tu cuarto?- Me preguntó.
- Arriba…
- Jale…

Casi no pudimos subir las gradas entre los besos. A punto estuvimos de botar la puerta. A punto estuvimos de quebrar la cama. La acosté boca arriba. Besar siempre me puso nervioso. Me preocupaba por no equivocarme, por no desagradar… ahora no había errores posibles. Todo lo que hiciera le iba a gustar, estaba seguro, no había nada qué temer. Podía disfrutar cada movimiento, cada roce de mi lengua contra la suya, cada presión de los labios, cada mordisco… cada momento era real, absoluto, perpetuo y hermoso, como si el tiempo no existiera o, más bien, como si no hiciera falta.
Fui bajando. Primero, me encontré su barbilla. Luego me demoré en su cuello, níveo y pulido, hasta que caí en su clavícula izquierda. La recorrí. En mi camino tropecé con un tirante negro. Lo fui quitando hasta deslizárselo por el hombro. Le besé el hombro. Bajé por su brazo, por su antebrazo. Le besé la palma de la mano, el dorso de la mano, cada dedo, cada falange. Volví al hombro. Bajé por su pecho, subí los montes de sus senos y se los besé sobre el brassier. Alcancé su abdomen y su ombligo fue el eje alrededor del cual giraron, a un tiempo, mis labios y las estrellas. Bajé más y me estorbó su pantalón de mezclilla. Le desabroché el botón. Le bajé el zíper despacio y descubrí sus calzoncitos, blancos, blancos como el ideal del blanco, como ese blanco que no es el de las nubes ni el de las retinas ni el de la nieve, blanco, blanco prístino y áureo, blanco etéreo y mágico, pero tan real como mis noches de insomnio y mis días de fútil vigilia. Le quité el pantalón casi con violencia. Sus piernas eran delgadas, tal vez muy delgadas, pero la noción de defecto había desaparecido junto con la de error. Eran hermosas. ¿Cómo podrían no serlo, si eran de ella? No había cabida a disgustos, yo no era gordo ni ella flaca, éramos dos seres vivos cargados de deseo, con el mundo entero al frente para satisfacerlo. Su único camino era yo. Mí único camino era ella.
Pero en ella había varios caminos. Podía ir directo a su centro, a su sensibilidad hecha carne, pero no hubiera sido tan romántico, tan épico. Había que retardar cuanto fuera posible el momento climático, porque todo realmente es mejor, más real, antes de que suceda. Quería que me deseara, que se desesperara porque la caricia llegara ahí donde ella quería, pero tendría que esperar. Prolongaría su dicha todo lo que pudiera.
Estudié sus piernas con detenimiento. Quería aprendérmelas de memoria. Recordar dónde tenía una peca o una pequeña cicatriz, dónde al tacto sobresalía un hueso, dónde el músculo estaba ligeramente más flácido. Rehíce el camino hasta su entrepierna unas diez veces, sin pasar de ahí. Una pierna, luego la otra. La otra, y luego la una, y así, hasta que mi humanidad no me permitió más retrasos. Había que hacerlo. Levanté la vista y vi que Marcia apretaba la colcha de la cama con las manos. Me percaté de que casi me había olvidado de que ella existía, que era algo más que aquella piel sensible que hace tanto rato me había dedicado a besar. Le pasé la mano por los calzoncitos y noté como se tensaba su abdomen. Con el dedo recorrí las costuras en zigzag, desde la cadera hasta el centro, donde se levantaba una pequeñísima flor de algodón, que marcaba el centro de la prenda. Estaba alineada con el ombligo. Con la yema del dedo seguí la línea imaginaria, bajando lentamente, desde la flor, camino a su sexo. Sentía la suavidad bajo la tela. Marcia gimió levemente. Traté de imaginarme lo que sentía. Juguetee con los dedos en toda la zona y Marcia se mordía los labios. Entonces todo cambió.
No podía ser verdad. “Los milagros no existen”. Marcia estaba ahí, acostada en mi cama, dejándome hacerle todo lo que se me ocurría, mordiéndose los labios de placer. No podía estar pasando. “Lo imposible, lo que no pasa”. Sin embargo, así era, ahí estaba, medio desnuda, conmigo, en mi cuarto. “las hadas, los milagros…”. Los hechos imposibles estaban frente a mis ojos. No eran imposibles entonces, pero muy dentro de mí había una decepción enorme, algo que desde un principio había presentido, pero que había tratado de ignorar, hasta ahora, cuando no pude más: todo iba a terminar. Tarde o temprano aquel momento de supremo gozo pasaría, como pasan todos los momentos porque son parte del tiempo. No importaba que pareciera estar ocurriendo en el transcurso de la eternidad, pasaría, como todo, se acabaría, como todo, y ese era el principio básico de la desgracia, o lo que es lo mismo, de la realidad.
Me detuve. Me congelé. Miré el vacío y desee que Marcia nunca hubiera venido, que nunca hubiera existido, que nunca me hubiera hecho desear aquel momento maldito. La eternidad era mentira. Si yo mismo iba a desaparecer algún día, nada podía ser para siempre, mucho menos una noche de pasión como aquella. Y si no es para siempre ¿Para qué, entonces?
- Juan….
- …
- Juan…
- …
- ¡Juan! ¡Por Dios, qué te pasa!
- ¿Para qué hacemos esto, Marcia?
- ¿Qué?
- Dígame… ¿Para qué?
- ¿No te gusta?
- Sí… pero igual ¿Para qué? ¿Para qué uno vive? O sea… puta… es que…
- Juan ¿Qué te pasa? Decime de una vez. Ibas muy bien, estaba por preguntarte si de veras es la primera vez que estás con alguien…
- ¿Para qué Marcia, dígame para qué?
- Pues… porque es rico Juan, simplemente por eso.
- Pero ¿Qué ganamos? Se va a acabar ¿No?
- Pues sí… todo se acaba, pero lo que importa es que pase.
- ¿Qué sentido tiene si no es para siempre?
- Ay Juan… ¿Creías que me iba a quedar a vivir con vos o algo así? Yo nada más venía a pasar la noche…
- Sí pasar… pasar la noche… todo pasa… todo se…

Marcia hizo lo mejor que podía: me calló con un beso. No sé cómo lo logró, pero fue aún más intenso que los anteriores. Ya no fue tanto el roce de su lengua o el abrir y cerrar de sus labios, fue la vuelta de la sensación, el pasar del tiempo que no era pasar del tiempo, porque no solo los relojes y el sol seguían funcionando, sino que pasaba algo más. El mundo hierve de actividad a cada segundo, pero aún así uno puede sentirse solo, sedentario e improductivo. Cada ser humano rueda dentro de su esfera y a su alrededor caen los imperios y se calcinan los planetas. Pero nada llega hasta aquí. Afuera pueden pasar las estaciones y separarse las galaxias, pueden explotar las estrellas y aquí todo seguir igual, frío, oscuro, indiferente, aislado… la esfera… la esfera… oprime, desdibuja, anula, separa… separa definitivamente. Pero esa es la realidad. Una vida entera he dedicado a la evasión, pero esa noche decidí afrontar los hechos. Yo estaba solo, con el alma rota, exactamente como Marcia, pero esa noche algo había pasado. Esa noche ella me había dedicado una sonrisa críptica y yo había logrado descifrarla, nos pertenecíamos el uno al otro, como los dos objetos que en realidad éramos, como los objetos que, para los demás, somos todos. No hacía falta sacramentos, juramentos, sentimentalismos ni sublimaciones. Todo era innecesario, excepto la voluntad de ser del otro. Íbamos a coger, no a casarnos ni a formar una relación estable, eso eran utopías, castillos construidos sobre arena que el tiempo se encargaba siempre de derribar. Pero nuestra noche, aquella noche, estaba aislada del tiempo, más allá de toda medición y comprensión. Era un instante, un soplo de viento, una hoja cayendo de un árbol, un segundo tal vez, pero era perfecto, y por vivirlo valía la pena una eternidad de horror.
El beso pronto se expandió por todo el cuerpo. Estaba aturdido entre las caricias de Marcia, cuando el ruido de la hebilla metálica de mi faja cayendo al suelo me volvió a la realidad. Vi mis pantalones ahí, con la faja puesta, tirados en el piso. Marcia ya me bajaba el bóxer. Se percató de que la estaba mirando y me sonrió de la misma manera que al principio, pero esta vez la sonrisa ya no fue críptica.
Sentir como mi carne entraba en su boca fue como comprender un enigma milenario. El descubrimiento del fuego, la invención de la escritura, los misterios de la alquimia, las revelaciones místicas… todo a la vez y más aún. Veía su cabeza subir y bajar, con la cara oculta bajo la mata de pelo. Me recosté y la dejé hacer. Verla hubiera sido peor. Escuchaba su lengua rechinar. Su saliva se combinaba con mis jugos más precoces. Luché por contener el flujo de mi excitación. No podía dejarme vencer aún, sabía que tendría que responderle a Marcia cuando llegara el momento de compartir el placer. Momento que llegó, finalmente.
Marcia se deslizó sobre mí como una serpiente. Me besó el pecho y el cuello. Luego se me sentó encima y se quitó el brassier. Como un autómata, le bajé el calzoncito blanco. Acostándose sobre mí, ella se lo terminó de quitar. Y entonces realmente comulgamos en un solo cuerpo.
Calor. Piel tibia, un roce húmedo y estremecedor. Sudor. Gemidos. Jadeos. El traqueo de una cama no acostumbrada a sostener el peso del gozo. Besos. Saliva. Más sudor. El estrépito de una explosión análoga a la que creó el universo. Y finalmente, la calma, el desahogo, el fin de la tormenta. Más besos, ahora apacibles, como el mar al amanecer. Yacer, estar ahí, acostados y ver consumirse las últimas energías en las pupilas dilatadas de cada uno.
Casi una hora después desperté. Estábamos abrazados. La luna alumbraba el cuarto plenamente. La piel de Marcia lucía plateada, como si fuera una estatua de mármol. Siempre me gustó ver las cosas a la luz de la luna. Todo parece cargado de un brillo propio, metálico y suave a la vez.
Le acaricié las piernas. Desde la corva, hasta la nalga, una y otra vez. La sentí estremecerse. Abrió los ojos.

- Hola…- Susurró.
- Hola. – Contesté.
- ¿Te gustó?
- Ay Marcia….- La abracé con fuerza.- No me preguntés eso, casi me ofende.
- A mí también me encantó. No sé… siento algo especial aquí. No es normal.
- ¿Verdad que no?
- No… es curioso. Yo ni me imaginé que me fuera a encontrar con vos hoy. Y mirá en lo que terminamos. Pero aún así, hay algo más. Como que hay mucho silencio… no sé.

A decir verdad, no había escuchado un carro en toda la noche. Mi casa quedaba de camino a la parada de buses, por lo que los metaleros procedentes del Cuervo Negro tenían que haber pasado por ahí, en su animada y escandalosa procesión. Sin embargo, no se había escuchado nada.

- El silencio… es cierto. No se oye nada de afuera.
- Es que no hay nada afuera.- Dijo, y me miró con esos ojos de color indefinible.- Solo existe aquí, tu cuarto, y nosotros adentro.

Nos besamos durante un buen rato.

- ¿Podemos… podemos hacerlo otra vez?- Le pregunté.
- Todas las que querás.

No recuerdo si lo hicimos todas las veces que yo hubiera querido. Probablemente no, porque la imaginación (o el deseo) siempre supera las capacidades de la realidad. Pero fue suficiente. Rendidos, finalmente nos volvimos a quedar dormidos.

***

Seis horas después Marcia se había ido. Fui con ella a la parada del bus. Me dio un largo abrazo que no me supo a nada más que a ausencia. Todo había, en efecto, terminado.
Volví a mi casa. En la mesita de la sala, junto a la biblioteca, estaba el libro de Perrault. Me senté y lo leí completo. Ya no me resultó tan extraña la impasibilidad ante lo insólito de sus personajes. Cuando terminé de leer, era más de mediodía. Subí y vi mi cama en desorden. Me tiré sobre ella y aún sentí el olor de Marcia en las sábanas, en la almohada, en la memoria. Ya no sería solo mi cama. Por una noche, había sido de los dos. Por una sola noche. No hubo noviazgos, ni sublimaciones, tal vez ni siquiera sentimientos. Por eso, aquella noche nunca terminaría de pasar. No perdería su valor. Marcia y yo podíamos llegar a odiarnos, que el recuerdo de aquella noche no perdería su significado, pues nunca hubo amor que recordar con dolor.
Para vivir la eternidad no hace falta morir. Hace falta renunciar a la pretensión de ser algo más que humanos.


A M.M.Pavas, enero 2009