miércoles, enero 21, 2009

CANCIONES A LA MUERTE DE LOS NIÑOS, ALEXÁNDER OBANDO


Alexánder Obando entró al panorama literario costarricense, como lo dice la Biblia, como un ladrón por la noche, y digo ladrón no en el sentido estricto de la palabra sino en el sentido poético de la misma, dado que con su primera novela, El más violento paraíso, despojó del velo de lo políticamente correcto que hasta ese entonces parecía navegar la prosa costarricense y hasta la fecha, salvo para mi gusto muy personal, Rodolfo Arias con su primer novela, El Emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios, y Cachaza de Virgilio Mora lo han hecho dando ese salto necesario y requerido en nuestra novelística actual la que parecía navegar en un triste sopor de militancia política. Alexánder Obando pasó con dicha novela a formar parte de un panteón importante que los escasos lectores de este país deben, en teoría, consultar. El valor de la obra de Obando no radica precisamente en lo literario como lo acotan Guillermo Barquero y Juan Murillo en sus respectivos blogs, sino en el valor de publicar una novela de ese calibre tanto en extensión como en contenido.
Ahora tiempo después Obando vuelve al ataque con Canciones a la muerte de los niños, una novela que forma una trilogía y cuyo titulo se deriva de Gustav Mahler. En este nuevo texto la temática es menos dispersa dado que el peso argumental y experimental o estilístico, es menos fragmentario y radica en tres personajes: Lucy, Cachi y Sergio a los cuales vimos o leímos en El más violento paraíso. Canciones a la muerte de los niños es una novela mucho más madura, mejor estructurada y mejor llevada a cabo, pero cuya intención es la misma que su antecesora: romper cráneos con el hacha de la narrativa. En Canciones, la prosa de Obando es más coherente, rica sin dejar de lado el desparpajo que la caracteriza y no posee los yerros que por falta de filólogo o tiempo o cantidad de páginas se fue en EMVP.
La concepción inicial sigue siendo la misma, descripciones urbanas como exteriores de nuestra realidad costarricense con fragmentos o partes vampirescas y nihilistas sin el odioso afán de buscar nuestra identidad a partir de la novela actual. Canciones a la muerte de los niños es una novela que por la forma en como está planteada es más visible la intencionalidad de romper estructuras pero de la mano con un argumento mas lineal, pese a que algunas partes Obando se va por ese estilo que ya le vimos en su primer novela, a lo Burroughs pero en esta novela a diferencia de EMVP el lector no se pierde puesto que hay un hilo conductor fuerte que va por debajo de esa experimentación que resulta ser la relación entre los tres personajes principales, que de buenas a primeras podrían parecer la descripción de una simple orgía eterna sin son ni razón . Sin embargo nadie como Obando todavía ha logrado fotografiar a la juventud actual -dionisíaca según su intencionalidad-, desde su punto de vista y parece que nos dice que las secuencias altamente sexuales descritas en este texto es la furia o la ambición en que los jóvenes enfrentan en el mundo actual.
Claro que esta novela tiene sus altibajos, como por citar sus intentos fallidos de burlarse tanto de esa cultura culturizante que ya de por sí chateó y escupió tiempo atrás con su primer novela, y también de la cultura Pop costarricense. Y todo ello se puede ver a partir de cartas, anuncios y demás técnicas, y quizá por esa afán la novela cae en baches aburridos que bien podría ser indispensables en la lectura, por que el escritor de raza que es Obando salta cuando se asienta en su labor de escritor y deja de lado la de sociólogo de humo negro, tanto para él mismo como para su medio; episodios agudos de ello se pueden ver en descripciones tanto de la sexualidad abierta que viven Sergio, Cachi y Lucy como en las aventuras que viven.
Durante la lecturas de las dos novelas que hasta la fecha tiene Obando publicadas, me pasaba por la mente que lo que estaba leyendo no era un novela propiamente dicha sino un cómic escrito por Frank Miller, y digo esto por la forma en como Obando añadió y conjugó elementos nuevos en nuestra panorámica literaria como lo son la ciencia ficción, los vampiros en sus novelas y que hasta la fecha solamente le he leído a él.
El Mismo Alexánder Obando ha confesado que tanto EMVP como Canciones a la muerte de los niños son el esfuerzo por sacar de ese aburrimiento que a opinión suya se encontraba la novela contemporánea costarricense, y que ahora con Canciones a la muerte de los niños ha expandido a un nuevo nivel en que las futuras generaciones de escritores quizá vayan a transitar y yo como lector/escritor debo agradecer. Gracias Obando por ponerle el pecho a las balas, ahora esperamos que cierre esta trilogía.

martes, enero 20, 2009

RODOLFO ARIAS FORMOSO, TE LLEVARÉ EN MIS OJOS


Más allá de la fea edición y de lo poco convincente titulo, Te llevaré en mis Ojos tiene bien merecido el premio nacional Aquileo Echeverría. Su lectura me trajo a la mente el recuerdo que he leído un par de novelas generacionales como lo resulta esta novela de Arias Formoso, y para dar ejemplo de ello podría citar a Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño, y Fabulosas Narraciones por Historias de Antonio Orejudo y por suerte ahora me topó con una muy costarricense.
Esta novela, si la ponemos cronológicamente, empieza en los sesentas y termina en los noventas. Pasando por una Costa Rica que se veía influenciada por la guerra fría, y es acá en donde se nutre Arias Formoso para darle cuerpo a Te llevaré en los Ojos. Cinco personajes son al base esencial de esta novela; Mari, Gonzalo, Lucia, José Luís, y Rodrigo quienes transitan a través de una Costa Rica politizada. En cada uno de ellos no solo se refleja la personalidad individual sino también la personalidad de toda una generación que quiso darle una vuelta de tuerca al país, con sus luchas, con sus ideales, con sus miedos con sus deseos de cambio, con sus frustraciones y con la dolorosa derrota al final de cuentas.
El gran grueso de la novela se desarrolla en tiempos en los que Nicaragua estaba sitiada por Somoza y a la postre por los Sandinistas, en El Salvador y la lucha del frente Farabundo Martí, de Cuba y su desencanto con la Unión Soviética, en donde además eran tiempos en los que Reagan era todo un héroe entre la opinión publica, tiempos de corrupción y dictadura en América Latina, no muy lejos de los tiempos modernos.
Te llevaré en los Ojos, está dividida en cinco grandes partes, la primera Crepúsculo en Miniatura, que habla sobre la relación de jóvenes entre Gonzalo y Lucía, la segunda El Sistema del dragón, más enfocada a José Luís y su pasión por el ajedrez y propia del autor, la tercera Arte Luca, un episodio dedicado tanto a Mari como a Lucía, la cuarta La edad del cuervo, las dudas existenciales no solo de Gonzalo sino de los cinco personajes principales, la quinta y última La casa de nadie, un reencuentro.
Como se puede percibir la novela es también una novela de amor sutilmente propuesta como argumento por parte Rodolfo Arias Formoso, la historia de Gonzalo y Lucía, y los amigos que rotaban alrededor. Mari la hija de un francés revolucionario asesinado en París a finales de los setentas, José Luís el ajedrecista obsesivo compulsivo, y Rodrigo el periodista asesinado años después en la penca. Mientras tanto Gonzalo es un muchacho de clase media alta, Lucía una muchacha criada en el seno de una familia conservadora y que por seguir sus ideales de revolución rompe toda relación con su familia manteniendo si acaso una breve comunicación con su hermana.
Pero no solo estos cinco personajes existen en quinientas páginas de Te llevaré en los Ojos, sino también todo un grupo bastante llamativo, entre ellos Tomeleche, Sandra la mala, y Sandra la buena –a la postre esposa de José Luís- Paco, Alirio un salvadoreño guerrillero radicado en Costa Rica y que vive obsesionado por Lucía y conforme se va leyendo vamos viendo como los personajes maduran y como Costa Rica de la mano de ellos y de la pluma del autor también se transforma.
Los diálogos son creíbles y puntos altos de Te llevaré en los Ojos, además un prosa sencilla y rica llena de una melancolía urbana aunque a veces peca de poética en los momentos menos indicados. Lo más importante es que los cinco personajes tienen personalidades distintas que le proporcionan a la novela una diversidad amplia y refrescante que hace de la novela una amena lectura ya que con tantos personajes Arias Formoso se vale para conjuntar una amplia visión personal de la Costa Rica en la que vivió en su juventud, y lo hace a veces con un carácter meramente político personal, otras veces como la de un ciudadano normal (entiéndase con un lenguaje vernáculo costarricense) que putea a los políticos, y otras a través de sus personajes, esta novela es una casa llena de voces.
El tiempo pasa en el interior de la novela, los setentas van quedando atrás y se acercan los mediados de los ochentas y la historia termina en el deshuesadero de sueños que resultaron ser los noventas, pese a que no lo dice abiertamente el autor durante el desarrollo de la lectura sino que hace acotaciones muy propias de la época, mientras tanto cada uno de ellos Gonzalo, Lucia, Mari, José Luís y Rodrigo marcan su destino sin dejar de lado la llama de la revolución que se mantiene ahí, muy dentro, pese a las derrotas políticas, al debilitamiento de los ideales germinados desde las revoluciones y ese sueño de una sociedad justa carcomido por las políticas neoliberales, se transforma entonces en un fósil que mantiene juntos a los cuatro amigos más por un asunto emotivo que político, y así juntos afrontan no solo la muerte de Rodrigo y la caída tanto física como metafórica de la caída del muro de Berlín.
Otro dato interesante de la novela es que el mismo Rodolfo Arias se asoma entre sus personajes y la novela deja de ser contada por el autor para proporcionar la sensación de orfandad de quién en realidad narra lo descrito en cada uno de las páginas y esa pericia también es notoria en el interior de la prosa misma, que a veces se confabula en narraciones de personajes, como de un narrador protagonista y otras de narrador testigo, especies de grafittis en el muro que resulta ser Te llevaré en los Ojos.
Una muy buena novela que posiciona a Arias Formoso como uno de nuestros principales narradores sino también como una voz muy costarricense hecha literatura.

miércoles, enero 14, 2009

URIEL QUESADA, VIAJERO QUE HUYE


El viajero que huye, es quizá, el libro de cuentos más complejo y mejor elaborado en todo aspecto que tiene el escritor costarricense Uriel Quesada, a quien considero uno de los mejores cuentistas centroamericanos. En el Viajero que huye, se vislumbra un escritor maduro y asentado en su oficio, a diferencia de los libros que me he leído anteriormente de dicho autor, como por ejemplo los cuentos Ese Día de los Temblores, (Editorial Costa Rica 1985), Lejos Tan Lejos, (Editorial Costa Rica 1999) El atardecer de los niños, (Editorial Costa Rica, 1990) y la famosa y discutida (El Gato de sí mismo, novela, Editorial Costa Rica, 2005)
En el Viajero que huye, Uriel Quesada no solo da un paso hacía adelante sino también un salto quántico en el estilo de la estructuración de su obra, y lo hace tomando riesgos literarios los cuales se empezaron a vislumbrar en la novela el Gato de sí mismo. Acá podemos encontrarnos una prosa más rica, menos lineal que la de sus anteriores libros, y un estilo, digamos más confuso y menos fácil de digerir, pero igualmente legible y claro. La confusión que a un lector novato podría encontrar, es una elaborada experimentación que en cada cuento se palpa, donde los tres tipos de narradores Testigo, Protagonista y Omnisciente, juegan a la silla loca, por que da la sensación en apariencia que ninguno es el encargado de empezar y terminar un cuento de esta obra que además está compuesta por una novela breve, La Multitud. Acá todos se pasan la estafeta, técnicas que aplica Quesada en algunos relatos.
La gran temática eje de el Viajero que huye es la presencia que como tortura o como recuerdo nostálgico produce como sombra en este libro una Costa Rica tanto ajena como cercana, un país que de la mano de Uriel Quesada aparece y desaparece como un sol cada tarde, que irremediablemente estará presente en el espíritu de cada relato, como por ejemplo el que abre esta colección, Todos los poetas muertos, donde la evocación es más literaria a través del personaje de Yolanda Oreamuno. Otros como el cuento Retrato hablado, es más nostálgico y lleno de una insospechada ternura. En Madame Sessmá Costa Rica es vista a través de lente más oscuro y burlesco.
Hay otros cuentos como Escuchando al maestro, donde se ejerce una experimentación entre la crónica y el relato, habla sobre el encuentro que tuvo el autor –me imagino yo- en una universidad con Jorge Luís Borges, un cuento que me remite a uno de Ali Viquez.
Los Territorios Ausentes es una novela corta con el singular ingrediente de la presencia de Costa Rica que a veces y como se avanza en la lectura deja de ser un país centroamericano para convertirse en un personaje oculto que se puede saber de él solo hasta el final. La relación gay, otro elemento añadido muy sutilmente por parte del autor. Sin embargo en Uriel Quesada no es nuevo estos tópicos, ya lo había hecho sin tapujo alguno en el libro Lejos tan lejos, y acá vuelve aparecer con claridad en Los territorios ausentes. Una novela breve bastante interesante y bien elaborada tanto por la estructura, como por la prosa y el fino desparpajo consumado el final de Los territorios ausentes, donde lo cerró con un trío entre hombres.
El viajero que huye sería castigarlo con una sola lectura por que podría de pronto y a la larga parecernos artificiosa pero con una segunda lectura se dará cuenta del enorme paisaje que pintó Quesada de una Costa Rica que a su parecer es un país con muchos otros países en su interior.
Y lo digo por que debo confesar que cuando hice la primera lectura de este cuentario no me quedó en claro muchas cosas, había muchos hilos sin atar, un sinsabor que solo, hasta la noche de la presentación pude entender, y eso en boca del propio autor. Por que la prosa reposada en este cuentario da la sensación que no pasaba nada pero pasaba todo, un efecto inquietante. Personajes que son jalados como imán a sus raíces; volvemos de donde salimos parece que nos dice Uriel Quesada en este texto, y más allá de lo literario da la sensación que Uriel Quesada hace las paces con un país que como a tantos otros artistas no lo supo entender, y eso es uno de los puntos altos de El viajero que huye. Pero Uriel con esta colección ha dejado de huir.

miércoles, enero 07, 2009

ACLARATORIA PÚBLICA

Hace un tiempo subí un post con respecto a mi punto de vista generalizado nacido con mi publicación (maldito pecado el mío el de generalizar) de las editoriales privadas en Costa Rica la que provocó la reacción razonable de mi editor con respecto a la difusión de los libros acá, y justamente ayer me reuní con él y me dejó en claro el por qué las editoriales no ubican los libros en las grandes librerías. Entre otras cosas apuntó que las mismas y eso es bien sabido, apuestan a los Best Sellers y que según Oscar Castillo editor de Uruk Editores, la editorial que mi publicó, las librerías y no solo en Costa Rica sino también en América Latina en general, priva más el factor económico sobre el factor cultural y es comprensible en un mundo globalizado como estos. Obviamente una librería reconocida no va jugársela colocando a un autor nuevo que le quitaría el espacio a uno consagrado digamos como Cohelo y Allende, por que sea como sea el libro de un autor nuevo y de acá, quita espacio a un libro que potencialmente se vendería sea el autor que sea y lo escrito que tenga. Además también me aclaró que Uruk Editores no tiene respaldo financiero de ninguna especie y los fondos para tales publicaciones los saca de un método interno que aplica el editor, por que debo decir y no lo había hecho antes por respeto Oscar Castillo como editor no me cobró ni un centavo para la publicación de mi libro. Aclaro esto por que reconozco que perjudiqué a mi editor con el comentario sin saber las razones que habían de fondo ni el por qué Finales Aparentes no se encontraba en las librerías que lamentablemente se venden y que todos sabes cuales son. Y esto para normalizar el mercado del libro y su ditribución es necesario que las partes involucradas tengan, digamos la fe política para sentarse y arreglar estos problemas en una mesa en donde editores, autores, y libreros lleguen a un acuerdo donde el escritor joven, especialmente, salga de las tinieblas. Y aclaro esto por que como dijo mi mamá es de bien nacidos ser agradecido.