viernes, octubre 02, 2009

WATCHMEN

Desde que estaba en los primeros años en el colegio fui un apasionado lector de cómics, tal vez gracias a ellos que me abrieron las puertas para la pasión por la literatura. Hace un tiempo en semanario universidad publicaron un artículo en donde me preguntaba si este nuevo movimiento denominado Novela Gráfica corresponde al mundo propiamente de la literatura y las letras, y ponía como ejemplo a Julio Cortázar que publicó una novela gráfica con tintes altamente políticos, titulada: Fantomas contra los Vampiros Multinacionales, y hace poco observé en la página del escritor chileno Alberto Fuguet promocionar su novela gráfica. Traigo esto a colación por que me tomé la licencia de reseñar Watchmen escrita por Alan Moore y dibujada por Davi Gibbons. Una novela gráfica que con el paso del tiempo ha ido tomando tintes de mito dentro del universo de dicho género literario. La historia es súper interesante, atractiva y dista un poco de los personajes que normalmente el público tienen en mente, de héroes con poderes especiales acá y lo rico de esta novela gráfica es que ninguno, salvo el Doctor Manhattan, poseen cualidades inhumanas sino todo lo contrario, son seres bastante humanos. La historia se desarrolla en el año 1985 cuando la Unión Soviética y los Estados Unidos están a punto de ingresar a una guerra nuclear, según el universo de la propia novela. Con este trasfondo se describe las historias de los súperheroes del presente y el pasado en torno al misterio que gira en torno al asesinato de uno de ellos, El comediante, Edward Blake y a partir de ahí la tensión se enriquece cuando todos tratan de resolver el crimen. Los personajes se ven forzados a enfrentarse con sus conflictos morales y la lucha contra sus propias frustraciones y miedos. De esta manera Watchmen rompe con el arquetipo del personaje enmascarados que no obstante carecen de fortaleza física o algún don en especial, como sí ocurre en los X-Men. Un constante recordatorio que cuestiona su vulnerabilidad es un grafiti que pregunta: "¿Quién vigila a los vigilantes".
Watchmen está dividida en doce capítulos y cada cual empieza con un epígrafe que sirve como puente de conexión entre viñetas y capítulos. Se emplea dentro de los textos el narrador protagonista que no se explota mucho dado que la utilización de los flashback ponen al tanto al lector de lo que pasa, no solos en las situaciones en cada viñeta sino en la personalidad de cada personaje. Las viñetas, a diferencias del cómic normal, su uso en cada página es más prolijo para que de esa forma darle al lector una pista de lo que vendrá a continuación y mantener la atención. Los vigilantes, estuvieron divididos en dos etapas, la inicial, los minutemen estaban compuestos por Búho Nocturno 1, Espectro de Seda 1, Capitán Metrópolis, Justicia Enmascarada, Polilla, Dólar Bill y Silueta, luego llegó la era de los Justicieros que fueron compuestas por El Comediante, Rorschach, Ozimandias, Doctor Manhattan, Espectro de Seda 2 y Búho Nocturno 2. La acción comienza cuando asesinan a Edward Blake alias El Comediante, de esa manera Rorschach inicia una investigación para buscar los culpables que quieren desprestigiar a los Watchmen del presente y el pasado y su labor como los vigilantes del último día para mantener nivelada la tensión entre los Estados Unidos y Rusia. Es entonces en que se da una vertiginosa búsqueda por la verdad. Y algunos personajes van llamando atención tal es el caso de Doctor Manhattan una metáfora del superhombre de Nieztche ya que con dicha condición se halla más allá del bien y del mal, omnipresente, omnisciente pero a pesar de su cualidad casi divina sus errores son tan humanos como el resto de los personajes de los justicieros todo gracias a una accidente científico. El otro que resalta sobre el resto es el Capitán Metrópolis un justiciero del orden perfecto, antiguo minutemen que esta regido por código de ética políticamente correcto, que raya en un visón política conservadora lo mejor y como todo libro es leérsela, y darse cuenta de qué se trata y juzgar. Por esa razón traje a colación esta novela gráfica de culto, que muchos tildan el comic book perfecto. Y lo reseñé por al sencilla razón de que creo que este tipo de movimientos es un nuevo género literario que tarde o temprano y producto de esta era altamente visual formará parte del cuento, ensayo, novela y novela gráfica y tal vez así poder acercar a la literatura a los perezosos.

2 comentarios:

Asterión dijo...

Siempre me ha llamado la atención el asunto de la novela gráfica, y es curioso que vos hayás tenido oportunidad de hacerte seguidor de algunas, pues parece que en Costa Rica, los cómics (o novelas gráficas ahora) nunca gozaron de mucho éxito o prestigio (sobre todo después de los cincuenta), como si sucedía en Europa, con Tin Tin, por ejemplo (que el otro año Spielberg llevará a la pantalla) o los de Estados Unidos, claro.

Sí recuerdo que en los ochenta, durante un tiempo hubo un pegue fuerte con "Memín", "Kalimán" y "Águila Solitaria", pero pasó rápidamente.

Mi acercamiento a los cómics fue siempre a través del cine y la tele.

En cuanto a "Watchemen", vi la película, que se puede decir está bastante bien (los créditos inciales son geniales), pero se va cayendo poco a poco, y el final es, previsiblemente, pésimo, pero se disfruta mucho más, y con buen ánimo, que una adaptación tan patética como "300".

Saludos.

Anónimo dijo...

Corrección para el señor Asterión: Una novela gráfica no es lo mismo que un cómic, y Tin Tin no es ni lo uno ni lo otro, sino una serie de álbumes, que es el formato belga en el que fue publicado. La novela gráfica, como tal, la inicia Will Eisner con Contrato con Dios, y es una resonancia del álbum franco-belga, si bien los mayores exponentes de este género son europeos y latinoamericanos. El mismo Moore es inglés, aunque ha colaborado con dibujantes gringos. Las obras mencionadas de los ochenta tampoco son novelas gráficas, son historietasl, cuyo planteamiento y calidad no corresponden a los del género de la novela gráfica. Historietas convertidas en novela gráfica sí hay, un ejemplo paradigmático es el Eternauta de Oesterheld y Breccia, argentino. La adaptación de 300 no es esencialmente patética; el problema es que se basa en una novela gráfica cuya ideología no es más elaborada que la del guión de la película; de ese autor, es rescatable el asunto gráfico -como en Sin City-, pero los guiones no son más que un refrito de tópicos -valga la redundancia- de los estereotipos de la cultura de masas gringa. Para terminar, el noveno arte goza de buena salud como género híbrido, y se presta para elaborar materiales sumamente interesantes y complejos. Decir que servirá como acicate para la lectura en lectores perezosos le hace flaco favor al género, y aún más dudoso favor a la literatura. Por lo demás, la novela gráfica da para rato.

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