Cuando pienso en Austria se me vienen a la mente los grandes maestros de la música clásica, un país con los rasgos bien marcados producto de su rica historia en general, y también por qué no, prejuicio de uno quizá, su identidad de personas de hielo, nacionalistas, reservadas e intimistas. No obstante la novela La Pianista, y el no la excelente película El Pianista de Roman Polánsky del 2002, (aunque está también tiene película que debo confesar no la he visto) es un libro donde su autora, la premio Nobel, Elfriede Jelinek nos arrebata de los ojos el velo que cualquier lector puede tener de los austriacos, de fríos y reservados, acá el tema gira en tres grandes núcleos que se entrelazan en el desarrollo de la novela: 1. La enfermiza relación de madre e hija, la pianista frustrada Erika Kohut, mujer solterona –salvo para la madre quien la ve como una reencarnación de algún maestro clásico- y que vive en una constante relación amor/odio con su progenitora, una anciana que solo conocemos como “La Madre” una vieja seca que al parecer lo único que tiene en esta vida es su hija la cual la trata como si fuera una niña cuando en realidad es una mujer entrada en años. 2. La Relación de Erika con su estudiante Walter Klemmer, un muchacho lleno de la loca testosterona de la juventud, deseoso de manosear y bucear sexualmente en su profesora a que su juicio y pese a la edad está bien conservada. 3. La forma en cómo Jelinek se burla del legado musical de su país, tal vez rompe con lo que políticamente se sabe de los austriacos: su nacionalismo.
La novela está escrita en un tono sarcástico, cargado de un sutil cinismo de la autora para con sus personajes y el entorno de los mismos. Jelinek no escatima en detalles sórdidos, entre más sórdido mejor tal vez como herramienta para no solo quitar, sino desgarrar y pasarse por donde pueda, el velo de la doble moral, que aparentemente, y según la autora, padecen los austriacos. Erick ontenida de una vida sexual sana es una mujer que en dicho campo es enfermiza, una voyeurista que visita los bares y centros más clandestinos de Viena, en pos de desahogo y ahí la profesora se transforma en una sombra que nadie puede ver por que su reputación de maestra estricta en la enseñanza de la música puede verse perjudicada no para con ella sino para la relación directa con su madre.
En gran parte de la novela, se va entre esos dos bandos, Madre e hija y los fetiches de Ericka que se excita de ver a las personas en el esfuerzo físico que conlleva las relaciones sexuales: el sudor, las expresiones, músculos tensos, todo eso a Erika la excita la estremece pero ni siquiera se desahoga masturbándose;Erika es fría, dura consigo misma, cree que sus genitales son un cumulo de carne podrida e insensible hasta que Walter Klemmer, muchacho atlético característico macho alfa, ingresa en la vida de Erika con una violencia que Erika no espera al grado que ante cada envestida de Walter ella lo deja hacer lo que quiera siempre y cuando respete los limites establecidos por ella por que después de todo es su respetable profesora. Erika sexualmente es una sadomasoquista , un ejemplo de ello es cuando Erika masturba a Walter que cuando está a punto de venirse suelta el pene (o la polla dependiendo la traducción) dejando a medio camino la eyaculación, no obstante le prohíbe vehemente a Walter tocarse, si se llegar a tocar esos encuentros sexuales pueden llegar a su final.
Faltando pocas páginas para que se acabe el libro se viene lo mejor de la novela para mi gusto, Ericka le entrega a Walter una carta, un pedazo de papel que le dará un giro drástico a La Pianista, entre otras cosas la carta viene con directrices claras de practicas masoquistas, concisas:golpear, abofetear, patear y otra serie de indicaciones que sobresaltan a Walter que queda impotente ante tales disparates, lo cuales cree que son parte de una broma.Ericka le ruega que le haga todo eso, el muchacho, todo un caballero inglés, se niega, queda perturbado por semejantes peticiones y ofendido se da a la fuga, el tiempo que pasa es acumulando un odio contra Ericka. Es acá donde lo sórdido cobra un volumen fuerte, olores, casi metaforicos que desnudan la personalidad de Ericka y que nos da una aviso de lo que vendrá pocas páginas más adelante, cuando Ericka y Walter se ven por última vez. Ericka rogando le pide disculpas por la carta, durante un paseo al aire libre se encierran en una especie de bodega en donde Ericka trata de hacerle el sexo oral a Walter como redención, y lo que logra es el desprecio del joven que impulsado por un odio, que se abre paso como un cáncer, mientras Ericka busca la forma de cómo lograr en Waltar una erección, de reactivar su pene muerto en su inmunda (así lo dice el narrador, una especie de testigo sádico) boca, pero nada. Ericka sabe lque eso es producto de la carta, frustrada por no poder redimirse a través del sexo la pianista llega a su casa y se raja con cientos de alfileres brotando sangre, para luego contemplarse al espejo. Por otro lado Walter está contaminado de odio. Al tiempo visita a Ericka que se entusiasma, lo invita a pasar a su casa crreyendo que todo volverá a ser nomal y es acá en para mi gusto que la novela alcanza un punto alto, la prosa se transforma en un río caudaloso y deja ser el lago de aguas tranquilas, o relatado a continuación es perturbador, humano, patético, enternecedor, y la figura de Ericka Kohut toma todos los matices ya antes mencionados, su vieja madre apenas puede aullar al otro lado de la habitación mientras su hija es vapuleada por un Walter Klemmer que sarcástico le reclama que no llore ya que únicamente cumple con lo pedido por Ericka en su carta. De verdad esta narración antes de fin golpea, sacude, estremece y le pone la pie de gallina. Esta novela no es para lectores timoratos, cursis, que pretendan buscar en La Pianista un relato tranquilo y apaciguado está lejos de ser la novela que descansa en la mesita de nocho, puesto que lo que se podrá topar acá no solo es una desenfundada reacción en cadena a raíz de muchos actos enfermizos, donde el pasado no perdona y mete mano desde el fondo del pasillo del tiempo,sino también al ser humano, tal y como es cuando con todas y cada una de las contradicciones que nos hace ser lo que somos. Una novela con aliento universal, sin duda.
PD: Hablando de escritoras europeas bautizadas con el Nobel de Literatura.
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