
El viajero que huye, es quizá, el libro de cuentos más complejo y mejor elaborado en todo aspecto que tiene el escritor costarricense Uriel Quesada, a quien considero uno de los mejores cuentistas centroamericanos. En el Viajero que huye, se vislumbra un escritor maduro y asentado en su oficio, a diferencia de los libros que me he leído anteriormente de dicho autor, como por ejemplo los cuentos Ese Día de los Temblores, (Editorial Costa Rica 1985), Lejos Tan Lejos, (Editorial Costa Rica 1999) El atardecer de los niños, (Editorial Costa Rica, 1990) y la famosa y discutida (El Gato de sí mismo, novela, Editorial Costa Rica, 2005)
En el Viajero que huye, Uriel Quesada no solo da un paso hacía adelante sino también un salto quántico en el estilo de la estructuración de su obra, y lo hace tomando riesgos literarios los cuales se empezaron a vislumbrar en la novela el Gato de sí mismo. Acá podemos encontrarnos una prosa más rica, menos lineal que la de sus anteriores libros, y un estilo, digamos más confuso y menos fácil de digerir, pero igualmente legible y claro. La confusión que a un lector novato podría encontrar, es una elaborada experimentación que en cada cuento se palpa, donde los tres tipos de narradores Testigo, Protagonista y Omnisciente, juegan a la silla loca, por que da la sensación en apariencia que ninguno es el encargado de empezar y terminar un cuento de esta obra que además está compuesta por una novela breve, La Multitud. Acá todos se pasan la estafeta, técnicas que aplica Quesada en algunos relatos.
La gran temática eje de el Viajero que huye es la presencia que como tortura o como recuerdo nostálgico produce como sombra en este libro una Costa Rica tanto ajena como cercana, un país que de la mano de Uriel Quesada aparece y desaparece como un sol cada tarde, que irremediablemente estará presente en el espíritu de cada relato, como por ejemplo el que abre esta colección, Todos los poetas muertos, donde la evocación es más literaria a través del personaje de Yolanda Oreamuno. Otros como el cuento Retrato hablado, es más nostálgico y lleno de una insospechada ternura. En Madame Sessmá Costa Rica es vista a través de lente más oscuro y burlesco.
Hay otros cuentos como Escuchando al maestro, donde se ejerce una experimentación entre la crónica y el relato, habla sobre el encuentro que tuvo el autor –me imagino yo- en una universidad con Jorge Luís Borges, un cuento que me remite a uno de Ali Viquez.
Los Territorios Ausentes es una novela corta con el singular ingrediente de la presencia de Costa Rica que a veces y como se avanza en la lectura deja de ser un país centroamericano para convertirse en un personaje oculto que se puede saber de él solo hasta el final. La relación gay, otro elemento añadido muy sutilmente por parte del autor. Sin embargo en Uriel Quesada no es nuevo estos tópicos, ya lo había hecho sin tapujo alguno en el libro Lejos tan lejos, y acá vuelve aparecer con claridad en Los territorios ausentes. Una novela breve bastante interesante y bien elaborada tanto por la estructura, como por la prosa y el fino desparpajo consumado el final de Los territorios ausentes, donde lo cerró con un trío entre hombres.
El viajero que huye sería castigarlo con una sola lectura por que podría de pronto y a la larga parecernos artificiosa pero con una segunda lectura se dará cuenta del enorme paisaje que pintó Quesada de una Costa Rica que a su parecer es un país con muchos otros países en su interior.
Y lo digo por que debo confesar que cuando hice la primera lectura de este cuentario no me quedó en claro muchas cosas, había muchos hilos sin atar, un sinsabor que solo, hasta la noche de la presentación pude entender, y eso en boca del propio autor. Por que la prosa reposada en este cuentario da la sensación que no pasaba nada pero pasaba todo, un efecto inquietante. Personajes que son jalados como imán a sus raíces; volvemos de donde salimos parece que nos dice Uriel Quesada en este texto, y más allá de lo literario da la sensación que Uriel Quesada hace las paces con un país que como a tantos otros artistas no lo supo entender, y eso es uno de los puntos altos de El viajero que huye. Pero Uriel con esta colección ha dejado de huir.
En el Viajero que huye, Uriel Quesada no solo da un paso hacía adelante sino también un salto quántico en el estilo de la estructuración de su obra, y lo hace tomando riesgos literarios los cuales se empezaron a vislumbrar en la novela el Gato de sí mismo. Acá podemos encontrarnos una prosa más rica, menos lineal que la de sus anteriores libros, y un estilo, digamos más confuso y menos fácil de digerir, pero igualmente legible y claro. La confusión que a un lector novato podría encontrar, es una elaborada experimentación que en cada cuento se palpa, donde los tres tipos de narradores Testigo, Protagonista y Omnisciente, juegan a la silla loca, por que da la sensación en apariencia que ninguno es el encargado de empezar y terminar un cuento de esta obra que además está compuesta por una novela breve, La Multitud. Acá todos se pasan la estafeta, técnicas que aplica Quesada en algunos relatos.
La gran temática eje de el Viajero que huye es la presencia que como tortura o como recuerdo nostálgico produce como sombra en este libro una Costa Rica tanto ajena como cercana, un país que de la mano de Uriel Quesada aparece y desaparece como un sol cada tarde, que irremediablemente estará presente en el espíritu de cada relato, como por ejemplo el que abre esta colección, Todos los poetas muertos, donde la evocación es más literaria a través del personaje de Yolanda Oreamuno. Otros como el cuento Retrato hablado, es más nostálgico y lleno de una insospechada ternura. En Madame Sessmá Costa Rica es vista a través de lente más oscuro y burlesco.
Hay otros cuentos como Escuchando al maestro, donde se ejerce una experimentación entre la crónica y el relato, habla sobre el encuentro que tuvo el autor –me imagino yo- en una universidad con Jorge Luís Borges, un cuento que me remite a uno de Ali Viquez.
Los Territorios Ausentes es una novela corta con el singular ingrediente de la presencia de Costa Rica que a veces y como se avanza en la lectura deja de ser un país centroamericano para convertirse en un personaje oculto que se puede saber de él solo hasta el final. La relación gay, otro elemento añadido muy sutilmente por parte del autor. Sin embargo en Uriel Quesada no es nuevo estos tópicos, ya lo había hecho sin tapujo alguno en el libro Lejos tan lejos, y acá vuelve aparecer con claridad en Los territorios ausentes. Una novela breve bastante interesante y bien elaborada tanto por la estructura, como por la prosa y el fino desparpajo consumado el final de Los territorios ausentes, donde lo cerró con un trío entre hombres.
El viajero que huye sería castigarlo con una sola lectura por que podría de pronto y a la larga parecernos artificiosa pero con una segunda lectura se dará cuenta del enorme paisaje que pintó Quesada de una Costa Rica que a su parecer es un país con muchos otros países en su interior.
Y lo digo por que debo confesar que cuando hice la primera lectura de este cuentario no me quedó en claro muchas cosas, había muchos hilos sin atar, un sinsabor que solo, hasta la noche de la presentación pude entender, y eso en boca del propio autor. Por que la prosa reposada en este cuentario da la sensación que no pasaba nada pero pasaba todo, un efecto inquietante. Personajes que son jalados como imán a sus raíces; volvemos de donde salimos parece que nos dice Uriel Quesada en este texto, y más allá de lo literario da la sensación que Uriel Quesada hace las paces con un país que como a tantos otros artistas no lo supo entender, y eso es uno de los puntos altos de El viajero que huye. Pero Uriel con esta colección ha dejado de huir.
Lástima la presentación en donde se irrespetó al autor desde todo punto de vista imaginable, basicamente con Myriam Bustos que se vistió de profesora y empezó a desmenuzar (como si ella fuera una gran escritora, cuando en lo realidad lo que escribe dan mareos, sueño y bostezos) hablando paja sobra la obra casi en general de Uriel, añadido a eso se habló de cosas que nadie le importaba por que lo que importaba ahí era el libro y su autor quien se comportó a la altura ante semejante circo. Bien por Uriel y bien por su libro. Myriam Bustos debería bajarse de esa nube, sino vamos a seguir atascados en este quintomundismo literario.
ResponderEliminar¿De que habló Bustos que te molestó tanto? ¿Y que de lo que dijo Uriel te hizo cambiar de opinión sobre su libro?
ResponderEliminarNo estoy seguro de qué pretendía la intervención de la sra. Bustos. Lo cierto es que una vez que ella señaló la dinámica al uso (preguntarle al autor por su obra sin haberla leído en el mayor de los casos) como una dinámica "invertida", es decir, que se debe leer la obra primero y después hacerle preguntas al autor, el público reaccionó más bien participando aún más dando opiniones, buscando respuestas, haciendo paralelismos, etc. Tal parece que la sra. Bustos logró lo opuesto de su cometido que, según nos parece, era terminar la actividad ahí mismo.
ResponderEliminarUriel Quesada mostró el don de gentes y el aplomo por los que ya es conocido y continuó dirigiendo la actividad con toda soltura.
Esta presentación, dodne no hubo "especialista" haciendo metatexto tras metatexto mostró la singularidad de ser más vivaz y amena que muchas otras somníferas sesiones académicas.
Cierto que hubo mucha digresión, pero por qué no habría de haberla en una sesión abierta donde incluso algunos escritores pseudo-buenos hicieron gala histriónica del autobombo.
Felicidades a Uriel Quesada que se está comportando como un vino de Falerno: llegando a los 50 años parece estar entrando al punto óptimo de maduración.
Quizás sea justo agregar que la propuesta de la sra. Bustos estaba totalmente del lado del sentido común, pero como en arte el sentido común es a veces el menos común de los sentidos, la actividad termninó siendo paradójicamente enriquecedora (aun con todo y eventos autobombásticos).
ResponderEliminarYa he leído el libro de Uriel. Es un escritor maduro. Gran dominio del lenguaje literario. Fuidez en la narración. Insospechado en las secuencias. Sólo su último relato Los territorios ausentes es un tanto previsible y por eso pesado y aburrido. No me explico por qué estas editoriales no hacen su trabajo y revisan bien el texto. Está plagado de omisión de letras y pequeños errores de digitación, que en medio del placer de la lectura son como un valde agua fría. Crea ambientes cálidos y creíbles y alimenta al lector con metáforas ingeniosas. Creo que los gustos corporales o sexuales deben responder sólo al placer. No a la moral hipócrita. Pero no deja de llamarme la atención que de los cinco autores jóvenes costarricenses que he leído en estos tres-cuatro meses, con excepción de usted, el universo de la narración es el homosexualismo. Voy a leer a Formoso a ver si cambia el panorama. Ese fenómeno lo atribuyo a dos factores: salida del closet honrosa o convicción de que hurgando en ese mundo hasta ahora prohibido y demonizado se alcance a cautivar al lector por el morbo. La industria cinematográfica no se ha atrevido a desafiar todavía el convencionalismo, con muy escasas excepciones. Y la literatura universal tampoco. Leí el cuento del chileno Lemebel , magnífico. Pero faltará un Nobel con tema gay para saber que hemos llegado a una etapa. ¡Quizá alguno de estos ticos! js
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