
Alexánder Obando entró al panorama literario costarricense, como lo dice la Biblia, como un ladrón por la noche, y digo ladrón no en el sentido estricto de la palabra sino en el sentido poético de la misma, dado que con su primera novela, El más violento paraíso, despojó del velo de lo políticamente correcto que hasta ese entonces parecía navegar la prosa costarricense y hasta la fecha, salvo para mi gusto muy personal, Rodolfo Arias con su primer novela, El Emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios, y Cachaza de Virgilio Mora lo han hecho dando ese salto necesario y requerido en nuestra novelística actual la que parecía navegar en un triste sopor de militancia política. Alexánder Obando pasó con dicha novela a formar parte de un panteón importante que los escasos lectores de este país deben, en teoría, consultar. El valor de la obra de Obando no radica precisamente en lo literario como lo acotan Guillermo Barquero y Juan Murillo en sus respectivos blogs, sino en el valor de publicar una novela de ese calibre tanto en extensión como en contenido.
Ahora tiempo después Obando vuelve al ataque con Canciones a la muerte de los niños, una novela que forma una trilogía y cuyo titulo se deriva de Gustav Mahler. En este nuevo texto la temática es menos dispersa dado que el peso argumental y experimental o estilístico, es menos fragmentario y radica en tres personajes: Lucy, Cachi y Sergio a los cuales vimos o leímos en El más violento paraíso. Canciones a la muerte de los niños es una novela mucho más madura, mejor estructurada y mejor llevada a cabo, pero cuya intención es la misma que su antecesora: romper cráneos con el hacha de la narrativa. En Canciones, la prosa de Obando es más coherente, rica sin dejar de lado el desparpajo que la caracteriza y no posee los yerros que por falta de filólogo o tiempo o cantidad de páginas se fue en EMVP.
La concepción inicial sigue siendo la misma, descripciones urbanas como exteriores de nuestra realidad costarricense con fragmentos o partes vampirescas y nihilistas sin el odioso afán de buscar nuestra identidad a partir de la novela actual. Canciones a la muerte de los niños es una novela que por la forma en como está planteada es más visible la intencionalidad de romper estructuras pero de la mano con un argumento mas lineal, pese a que algunas partes Obando se va por ese estilo que ya le vimos en su primer novela, a lo Burroughs pero en esta novela a diferencia de EMVP el lector no se pierde puesto que hay un hilo conductor fuerte que va por debajo de esa experimentación que resulta ser la relación entre los tres personajes principales, que de buenas a primeras podrían parecer la descripción de una simple orgía eterna sin son ni razón . Sin embargo nadie como Obando todavía ha logrado fotografiar a la juventud actual -dionisíaca según su intencionalidad-, desde su punto de vista y parece que nos dice que las secuencias altamente sexuales descritas en este texto es la furia o la ambición en que los jóvenes enfrentan en el mundo actual.
Claro que esta novela tiene sus altibajos, como por citar sus intentos fallidos de burlarse tanto de esa cultura culturizante que ya de por sí chateó y escupió tiempo atrás con su primer novela, y también de la cultura Pop costarricense. Y todo ello se puede ver a partir de cartas, anuncios y demás técnicas, y quizá por esa afán la novela cae en baches aburridos que bien podría ser indispensables en la lectura, por que el escritor de raza que es Obando salta cuando se asienta en su labor de escritor y deja de lado la de sociólogo de humo negro, tanto para él mismo como para su medio; episodios agudos de ello se pueden ver en descripciones tanto de la sexualidad abierta que viven Sergio, Cachi y Lucy como en las aventuras que viven.
Durante la lecturas de las dos novelas que hasta la fecha tiene Obando publicadas, me pasaba por la mente que lo que estaba leyendo no era un novela propiamente dicha sino un cómic escrito por Frank Miller, y digo esto por la forma en como Obando añadió y conjugó elementos nuevos en nuestra panorámica literaria como lo son la ciencia ficción, los vampiros en sus novelas y que hasta la fecha solamente le he leído a él.
El Mismo Alexánder Obando ha confesado que tanto EMVP como Canciones a la muerte de los niños son el esfuerzo por sacar de ese aburrimiento que a opinión suya se encontraba la novela contemporánea costarricense, y que ahora con Canciones a la muerte de los niños ha expandido a un nuevo nivel en que las futuras generaciones de escritores quizá vayan a transitar y yo como lector/escritor debo agradecer. Gracias Obando por ponerle el pecho a las balas, ahora esperamos que cierre esta trilogía.
Pues hay que entrarle a esta novela de Obando, y de paso seguir constatando -según leo acá- que, tengan sus obras episodios molestos o hermosos, la prosa suya es de las más ambiciosas y de las que buscan "algo", y que por lo tanto dejan huella (eso sí lo sé por experiencia propia). ¿Qué es ese "algo"? Pues estos frescos de mutilación de Alexánder se encargan de que los algos se multipliquen y permanezcan. Trascendencia, como dicen que se llama.
ResponderEliminarNada más quitale la palabra "panteón" al inicio de lo que escribiste, porque estos autores están más que vivos.
Definitivamente esta novela, junto con el EMVP, y esperamos pronto el cierre de la trilogía, representan el punto más alto de la narrativa costarricense de las últimas décadas.
ResponderEliminarConcuerdo en que si hay pasajes débiles, son aquellos donde entran en juego evidentes referencias a la cultura popular; sin embargo, yo mismo, tan reacio a este tipo de manifestaciones, debo reconocer que, dentro del conjuto, aportan variedad y matices de estilo.
Por lo demás, Álex transita con elegancia y maestría en los pasajes donde el decadentismo, la novela gótica y carnavalesca, la relación de religiones antiguas y culturas paganas son el eje central. En tales partes, permítanme la cursilería, alcanza "inusitadas alturas líricas".
Saludos.
Es mejor reír que ser tan soez.
ResponderEliminarEs mejor carcajearse que ser tan pedorreras.
Felicidades por ser un excelente indagador y no desesperarte antes de tiempo.
¡Di no a la tala de bonsais!