
Juan Bonilla pese a que es un escritor que se halla en la elite de literatura iberoamericana, es un tipo sencillo, amable y un vasto conocedor de literatura, además de escritor y periodista del periódico El Mundo donde es columnista. Lo conocí en el Festival de poesía del año del 2006, en donde lastimosamente un personaje de su estatura pasó inadvertido y fue tratado no de muy buena forma, pero bueno eso es harina de otro costal.
Estuvo hace poco tiempo presentando la reedición de su libro Basado en hechos reales con la editorial Uruk. Luego de la presentación muy amablemente me regaló varios libros entre los cuales iba El Estadio de Mármol, su último de relato breve publicado con la editorial Seix Barral. Bonilla había ganado en el 2003 el importante premio de novela Biblioteca Breve el mismo que en los años setenta ganaron personajes como Guillermo Cabrera Infante, Vargas Llosa y Carlos Fuentes.
El Estadio de Mármol es un libro de relato breve, una especialidad de Juan Bonilla. Según la contraportada reza lo siguiente: “Todos los personajes que transitan los cuentos de El Estadio de mármol son seres desubicados, gente perdida o desorientada sometida al arbitrario de circunstancias ajenas. Todos los relatos esconden algún miedo y revelan con una fuerza abrumadora el delicado punto de equilibrio a partir del cual puede truncarse o para cambiar para siempre una vida”.
Ahora bien este cuentario posee once relatos, entre los cuales puedo destacar hablar por hablar, un texto en el que un tal Lucas Grant, un fiel radioescucha de los programas nocturnos que comienza a ver algunas viñetas de su vida retratada en los testimonios de las personas que llaman, y es ahí donde se desata un interesante trama donde los recuerdos son los principales protagonistas, este cuento a diferencia del resto que componen la colección es un cuento corto, por que Bonilla es un especialista de poder extender un trama que en primera instancia puede parecer lineal, pero con ciertos giros dentro de cada relato proporciona de un relieve llamativo a su mundo literario.
Estuvo hace poco tiempo presentando la reedición de su libro Basado en hechos reales con la editorial Uruk. Luego de la presentación muy amablemente me regaló varios libros entre los cuales iba El Estadio de Mármol, su último de relato breve publicado con la editorial Seix Barral. Bonilla había ganado en el 2003 el importante premio de novela Biblioteca Breve el mismo que en los años setenta ganaron personajes como Guillermo Cabrera Infante, Vargas Llosa y Carlos Fuentes.
El Estadio de Mármol es un libro de relato breve, una especialidad de Juan Bonilla. Según la contraportada reza lo siguiente: “Todos los personajes que transitan los cuentos de El Estadio de mármol son seres desubicados, gente perdida o desorientada sometida al arbitrario de circunstancias ajenas. Todos los relatos esconden algún miedo y revelan con una fuerza abrumadora el delicado punto de equilibrio a partir del cual puede truncarse o para cambiar para siempre una vida”.
Ahora bien este cuentario posee once relatos, entre los cuales puedo destacar hablar por hablar, un texto en el que un tal Lucas Grant, un fiel radioescucha de los programas nocturnos que comienza a ver algunas viñetas de su vida retratada en los testimonios de las personas que llaman, y es ahí donde se desata un interesante trama donde los recuerdos son los principales protagonistas, este cuento a diferencia del resto que componen la colección es un cuento corto, por que Bonilla es un especialista de poder extender un trama que en primera instancia puede parecer lineal, pero con ciertos giros dentro de cada relato proporciona de un relieve llamativo a su mundo literario.
Un caso donde Bonilla muestra su repertorio a la hora de escribir es El cuarto de los trastos, un relato que empieza con la historia de un grupo de muchachos que gustan de la literatura y envían algunos textos a un certamen colegial en donde para su mala suerte Samuel Franco (su archirival) lo termina ganando. Samuel Franco es un docto en todo lo que hace, todo lo hace de manera sobresaliente, deportes, en los estudios y ahora para el mal de Eladio y el yo narrador también gana el certamen al cual apostaron todas las esperanzas. El tiempo pasa y el personaje principal empieza dudar del talento literario de Samuel Franco y descubre a los años no solo que el cuento con que Samuel Franco había ganado el certamen literario del colegio era plagiado de un escritor llamado Matthew Grasshopper, sino que la vida intachable, ejemplar, y recta de Samuel Franco al que en los años colegiales les producía la cochina envidia le ha costado todo un infierno, es ahí donde la literatura es un pretexto para adentrarse en el infierno ajeno con cierto humor negro, una herramienta que le gusta emplear a Juan Bonilla.
Uno de los mejores cuentos de esta colección es sin duda es El Dragón de Arena, un relato que reúne no solo un fuerte torrente erótico ni la capacidad de descripción psicológica que le brinda Bonilla a cada personaje (el escultor de estatuas de arena, la hermana enamorada de dicho muchacho y el que los mira, hermano de la muchacha) sino lo inquietante del final, un cuento que cuando lo terminé me pregunté si era de terror o una especie de novela negra oculta entre líneas; el final es brillante. “En su brazo exquisitamente musculado sostenía la cabeza de una medusa que había robado mis facciones”. Pág. 87, El Estadio de mármol. Bonilla en el Dragón de Arena juega con los mitos, con el vouyerismo simbolico se cabe el término.
Otro cuento intenso es El Santo Grial, acá un personaje por demás dolido y lleno de aflicciones nos brinda un paseo en su museo personal del horror. Todo inicia a partir de una sospecha. Martín Zettelmeyer llega Nueva York en pos del Santo Grial, pero no se debe pensar en la copa de la última cena, ni el pretexto del Rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda para emprender campañas bélicas y fantasiosas, sino un grial de nuestros tiempos: una medula espinal para su hijo. Como se podrán imaginar es un cuento angustiante e intenso impregnado no obstante con arranques de ternura.
El cuento más alegre de la colección es sin duda es Vitíligo una enfermedad en la piel, que dicho sea de paso padece el propio Bonilla. Y que desde un punto de vista bastante gracioso nos brinda una visión de mundo en donde según Bonilla hay sectas de personas que padecen la enfermedad, personas famosas que han padecido Vitíligo (a veces dan la sensación de ser sectas masónicas) y es agradable la lectura y divertida al grado que solté una carcajada cuando lo terminé de leer, se los recomiendo.
Podría seguir desmenuzando cada cuento pero le mataría la gracia al lector, sin embargo no quiero dejar pasar desapercibido un texto por lo ingenioso e imaginativo, se trata de La desconocida, su lectura podría decirse que es casi un revelo cuya técnica es algo que a mi me pareció novedosa y que Bonilla supo utilizar de buena forma. Bonilla empieza con una estampa, todos sus cuentos empiezan con pintorescas estampas, en este La Desconocida el escritor nos ubica en el interior de un hotel en donde se halla una mujer que piensa suicidarse no sin antes aprovecharse de los lujos de la suite presidencial, luego y muy sutil e ingeniosamente la voces, los mundos internos, los personajes se apoderan de la narración, el cuento lo comienza una mujer; está escrito de manera omnisciente y termina con un hombre y con el narrador protagonista. El cuento que da titulo al libro, que a mi parecer no es tan bueno, pese a que es una expocisión de la concepción del arte en general y los personajes y sus poses que lo rodean, sin embargo yo hubiese llamado a este libro Dragón de Arena. Sin duda Bonilla en esta colección nos demuestra el por qué está en esa elite de escritores, cada texto son pequeñas joyas.
Uno de los mejores cuentos de esta colección es sin duda es El Dragón de Arena, un relato que reúne no solo un fuerte torrente erótico ni la capacidad de descripción psicológica que le brinda Bonilla a cada personaje (el escultor de estatuas de arena, la hermana enamorada de dicho muchacho y el que los mira, hermano de la muchacha) sino lo inquietante del final, un cuento que cuando lo terminé me pregunté si era de terror o una especie de novela negra oculta entre líneas; el final es brillante. “En su brazo exquisitamente musculado sostenía la cabeza de una medusa que había robado mis facciones”. Pág. 87, El Estadio de mármol. Bonilla en el Dragón de Arena juega con los mitos, con el vouyerismo simbolico se cabe el término.
Otro cuento intenso es El Santo Grial, acá un personaje por demás dolido y lleno de aflicciones nos brinda un paseo en su museo personal del horror. Todo inicia a partir de una sospecha. Martín Zettelmeyer llega Nueva York en pos del Santo Grial, pero no se debe pensar en la copa de la última cena, ni el pretexto del Rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda para emprender campañas bélicas y fantasiosas, sino un grial de nuestros tiempos: una medula espinal para su hijo. Como se podrán imaginar es un cuento angustiante e intenso impregnado no obstante con arranques de ternura.
El cuento más alegre de la colección es sin duda es Vitíligo una enfermedad en la piel, que dicho sea de paso padece el propio Bonilla. Y que desde un punto de vista bastante gracioso nos brinda una visión de mundo en donde según Bonilla hay sectas de personas que padecen la enfermedad, personas famosas que han padecido Vitíligo (a veces dan la sensación de ser sectas masónicas) y es agradable la lectura y divertida al grado que solté una carcajada cuando lo terminé de leer, se los recomiendo.
Podría seguir desmenuzando cada cuento pero le mataría la gracia al lector, sin embargo no quiero dejar pasar desapercibido un texto por lo ingenioso e imaginativo, se trata de La desconocida, su lectura podría decirse que es casi un revelo cuya técnica es algo que a mi me pareció novedosa y que Bonilla supo utilizar de buena forma. Bonilla empieza con una estampa, todos sus cuentos empiezan con pintorescas estampas, en este La Desconocida el escritor nos ubica en el interior de un hotel en donde se halla una mujer que piensa suicidarse no sin antes aprovecharse de los lujos de la suite presidencial, luego y muy sutil e ingeniosamente la voces, los mundos internos, los personajes se apoderan de la narración, el cuento lo comienza una mujer; está escrito de manera omnisciente y termina con un hombre y con el narrador protagonista. El cuento que da titulo al libro, que a mi parecer no es tan bueno, pese a que es una expocisión de la concepción del arte en general y los personajes y sus poses que lo rodean, sin embargo yo hubiese llamado a este libro Dragón de Arena. Sin duda Bonilla en esta colección nos demuestra el por qué está en esa elite de escritores, cada texto son pequeñas joyas.
Holas Gracias por tu comentario.
ResponderEliminarSi quieres te hago llegar una copia digital de "Bajo el techo de la lluvia" con todos los datos para que le hagas una buena critica.
mi correo es [email protected]
Leí Dragón de Arena en Basado en hechos reales y me pareció un excelente cuento, tanto por la voz narrativa usual de Bonilla que en este cuento coincide decliciosamente con un adolescente enamorado de su hermana. En este cuento se nota la doble influencia de Nabokov, tanto en el estilo preciosita pero jugetón, como en el tratamiento de un tema tabú de forma que no solo no resulta chocante sino que termina siendo divertido.
ResponderEliminarinteresante análisis..me quedé con ganas de leer...gracias por este esfuerzo..saludos
ResponderEliminarMe interesó Bonilla, lo tendré en cuenta. Mientras, quiero compartir esto: "Un escritor debería ser considerado como un malhechor que no merece, sino en casos rarísimos, el perdón o la gracia. Esto sería un remedio contra la invasión de los libros", Humano, demasiado humano", Nietzsche. ¿Qué te parece?
ResponderEliminarSaludos, Warren.
…En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo…
ResponderEliminar…Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita, una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida…
Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M.
http://minovelanegra.blogspot.com/