
Pese aquel el titulo me resultaba de buenas a primeras poco seductor por el hecho que me remitía aquella odiosa estrofa del también odioso y vulgar Vicente Fernandéz: "De qué manera te olvido. De qué manera yo entierro este cariño maldito, que a diario atormenta a mi corazón", me negaba leer a Dorelia Barahona, entre otras cosas por que tenía la concepción de que su literatura era cursi y feminista y era dirigida a ese público de mujeres resentidas y suceptibles, y además que Barahona-Riera pertenecía al establishment. Con esta novela Dorelia Barahona- Riera obtuvo el premio Juan Rulfo en 1989, y bueno me resultaba paradójico que yo, siendo juzgara a un autor o a un libro por la portada. Ahora bien, la novela. Este es un viaje iniciativo de tres mujeres: María Dota, Claudia, y Leda. Cada una posee con un rasgo que las describe, por ejemplo María Dota es la soñadora, Claudia la intelectual y moralista, y Leda la que acumula más experiencia y la voz “sabia” de las tres. La estructura de la novela de Dorelia Barahona parece más al guión de una película que a una novela. Constantes monosílabos, flashbacks, y espejos en donde la voces de las tres mujeres sirve como para que cada una refleja a la otra, aunque a veces da la sensación que es Claudia quien tiene la voz cantante y el hilo conductor de la novela. Podría interpretarse como un viaje al encuentro con la vida, luego de que las tres salen del colegio y comienzan a experimentar ese duro paso. Conforme se va sumergiendo en la lectura se puede ver la huella digital de la novela, que es la primera escrita por de Dorelia Barahona-Riera, y se nota, por la forma casi tímida en que aborda unos temas, diálogos poco creíbles y forzados, los lugares comunes en algunas narraciones y algunos clichés propiamente de una novela primeriza. La prosa también se nota un poco encajonada por el rigor de escribir políticamente bien. Los personajes hablan de una manera muy parecida entre sí, algunas veces, otras Dorelia Barahona logra desligarse y es cuando compone una gama de voces individuales y distintas; pese a que la novela está situada en Costa Rica (por la reiteración constante y sin descripción alguna de Guadalupe –poblado josefino- ¿Dónde queda Guadalupe?, se preguntaría un lector de América Latina) los personajes hablan del tú, cuando acá hablamos de vos y de usted, lo que resulta un poco chocante y quizá lo hizo para darle más universalidad a la novela con miras a el premio que a la postre obtuvo, el Juan Rulfo. Más allá de los defectos ya citados, la novela es legible y está bien escrita y entretenida, siendo, debo repetir, la opera prima de Dorelia Barahona.
Lo interesante de este texto es la ambientación, la atmósfera que logra contagiar Barahona, una novela situada en Costa Rica –aunque abiertamente no lo dice- a finales de los años ochenta, y lo logra a partir de acertadas descripciones, como por ejemplo el siguiente fragmento: Sobre todo a raíz de la cadena de anuncios, Pepsi chispa de la vida y Si hubiera ido en Lacsa ya abría llegado. Otro ejemplo: Con los ahorros de la promoción, se alquiló la sala grande del club Cariari, donde las mesas, apiñadas en grupos familiares, daban entrada a la pista de baile por medio de angostos pasadizos. La Pandilla fue el conjunto que amenizó el baile, grupos de trasnochada fama, pero que, por lo económico de la tarifa, nadie cuestionó en contratar. Las botellas de JB y Ron Rico, adornan las mesas cubiertas con manteles algo ya mojados. Con estas pequeñas descripciones Dorelia Barahona logra de a pocos la escenificación notable en donde se desarrolla De qué manera te olvido. Y los hechos mas importantes empiezan aparecer como por ejemplo el embarazo de María Dota, que aún joven se casa y se va vivir con el tipo, un tal Juan y que ya casados deja de interesarse por María Dota y no vuelven “hacer el amor”; previsible pero real. Antes del embarazo no deseado de María Dota los cuestionamiento sobre el sexo o sobre hacer el amor, abordan a las tres muchachas, anteriormente ya la escritora había planteado está duda cuando en una conversación Leda dice que el sexo es meter y sacar y que el amante en turno termine al lado fumándose un cigarrillo; una descripción bastante lugar común.
Luego María Dota se difumina en el tiempo para darle paso a Valentín Ruiz, el eterno amor de Claudia y solo sabemos de él a partir de extensos y melosos discursos de Claudia quien lo recuerda en todo lado, dándole de esta manera un perfil de utópica soñadora a la muchacha, sin embargo Valentín anda rondando por ahí. También en la vida de Claudia (reitero, personaje base para la columna vertebral de la novela) hacen aparición otros dos personajes, Martín y Gastón y sabemos más de Gastón que al parecer es un alma libre que molesta y tienta a la moralista de Claudia, el otro personaje, Martín es un poco más difuso, pero más adelante en la novela terminamos sabiendo que Martín se hizo homosexual, que a mi juicio de lector este personaje sobra.
La novela se devuelve sobre sus pasos y nos da pinceladas de nostalgia de las amistades inseparables de juventud y de su destino, brindándole al tono quebradizo de la novela (que algunas veces viene y va) un halo onírico.
Luego de los otros personajes que poseen un poco más de relieve, es Leda, la que parece molesta con su vida y como antídoto se pasa reinventando para huir de si misma. Leda contrae o la autora nos hace creer que lo hace, un grado de relación con un italiano, llamado Gino y que con los años la deja. Gino es un tipo gordo que cautivó a Leda más por su billetera que por su físico o sus sentimientos. Leda es la materialista, la superflua, la insufrible.
De María llegamos a saber -de la mano de Claudia- que sigue viviendo al lado de Juan pero en una relación miserable, de modo que ambas chicas se citan a tomar un café y hablar como viejas amigas. María vive en la montaña, no sé dice donde, salvo vagas descripciones del lugar, por que a veces da la sensación que Guadalupe es San José, por la extrema importancia geográfica que le da Dorelia Barahona durante el transcurso de la novela. Mientras su amiga de colegio sigue siendo una especie de maltrecha y sufrida Heidi, Claudia es una veterana periodista que trabaja en un reciente periódico. En dicha conversación, las amigas, y entradas en años, conversan y María Dota (¿acaso dicho personaje se halla viviendo en Santa María de Dota?) le comunica que Leda -la que en algunos tramos parece un personaje importante y que vive en algún rincón de Guadalupe- murió a los 20 años en El Salvador. Al saber de la muerte de Leda, Claudia empieza a dudar de su vida, y se sumerge en un innecesario torbellino filosófico y es aquí en donde Dorelia Barahona esgrime lo que para mí ha sido el problema de los escritores de su generación: la retórica vacía. Cuando me refiero a retórica vacía quiero decir que el autor habla a paritr de un punto de vista personal, a veces, en otros casos, simplemente por llenar páginas, se dejan decir en largos discursos que adormecen al lector y que perfectamente son inmpresindibles. De ahí, partir de ese meloso discurso en adelante la novela se precipita, digamos armoniosamente, a un final propicio para un personaje un tanto uraño, si cabe el término como lo resulta ser Claudia, en el reencuentro con su amado Valentín, ambos ya entrados en años, donde el galán la sorprende con un mariachi que interpreta: adivinen cuál canción... Acá la ambigüedad del final es la que abre muchas preguntas, y deja, en blanco otra novela imaginaria.
Pues es de esta forma, un poco resumida en que se desarrolla, entre brincos y saltos, De qué manera te olvido, y vemos facilmente en Dorelia Barahona rasgos de comparación generacional con escritoras como Angeles Mastretta o Laura Esquivel. Lo importante de este texto son las pinceladas que va brindando Dorelia Barahona de la Costa Rica de finales de los ochenta y de la visión de mundo de la autora, lo que me parece rescatable. También no hace falta conocer a la autora como para saber que en ella, quizá Claudia, hay páginas del diario personal de Dorelia Barahona quien recientemente publicó su última novela titulada La ruta de las esferas, con la colección la otra orilla.
17 comentarios: