viernes, septiembre 05, 2008

DORELIA BARAHONA


Pese aquel el titulo me resultaba de buenas a primeras poco seductor por el hecho que me remitía aquella odiosa estrofa del también odioso y vulgar Vicente Fernandéz: "De qué manera te olvido. De qué manera yo entierro este cariño maldito, que a diario atormenta a mi corazón", me negaba leer a Dorelia Barahona, entre otras cosas por que tenía la concepción de que su literatura era cursi y feminista y era dirigida a ese público de mujeres resentidas y suceptibles, y además que Barahona-Riera pertenecía al establishment. Con esta novela Dorelia Barahona- Riera obtuvo el premio Juan Rulfo en 1989, y bueno me resultaba paradójico que yo, siendo juzgara a un autor o a un libro por la portada. Ahora bien, la novela. Este es un viaje iniciativo de tres mujeres: María Dota, Claudia, y Leda. Cada una posee con un rasgo que las describe, por ejemplo María Dota es la soñadora, Claudia la intelectual y moralista, y Leda la que acumula más experiencia y la voz “sabia” de las tres. La estructura de la novela de Dorelia Barahona parece más al guión de una película que a una novela. Constantes monosílabos, flashbacks, y espejos en donde la voces de las tres mujeres sirve como para que cada una refleja a la otra, aunque a veces da la sensación que es Claudia quien tiene la voz cantante y el hilo conductor de la novela. Podría interpretarse como un viaje al encuentro con la vida, luego de que las tres salen del colegio y comienzan a experimentar ese duro paso. Conforme se va sumergiendo en la lectura se puede ver la huella digital de la novela, que es la primera escrita por de Dorelia Barahona-Riera, y se nota, por la forma casi tímida en que aborda unos temas, diálogos poco creíbles y forzados, los lugares comunes en algunas narraciones y algunos clichés propiamente de una novela primeriza. La prosa también se nota un poco encajonada por el rigor de escribir políticamente bien. Los personajes hablan de una manera muy parecida entre sí, algunas veces, otras Dorelia Barahona logra desligarse y es cuando compone una gama de voces individuales y distintas; pese a que la novela está situada en Costa Rica (por la reiteración constante y sin descripción alguna de Guadalupe –poblado josefino- ¿Dónde queda Guadalupe?, se preguntaría un lector de América Latina) los personajes hablan del tú, cuando acá hablamos de vos y de usted, lo que resulta un poco chocante y quizá lo hizo para darle más universalidad a la novela con miras a el premio que a la postre obtuvo, el Juan Rulfo. Más allá de los defectos ya citados, la novela es legible y está bien escrita y entretenida, siendo, debo repetir, la opera prima de Dorelia Barahona.
Lo interesante de este texto es la ambientación, la atmósfera que logra contagiar Barahona, una novela situada en Costa Rica –aunque abiertamente no lo dice- a finales de los años ochenta, y lo logra a partir de acertadas descripciones, como por ejemplo el siguiente fragmento: Sobre todo a raíz de la cadena de anuncios, Pepsi chispa de la vida y Si hubiera ido en Lacsa ya abría llegado. Otro ejemplo: Con los ahorros de la promoción, se alquiló la sala grande del club Cariari, donde las mesas, apiñadas en grupos familiares, daban entrada a la pista de baile por medio de angostos pasadizos. La Pandilla fue el conjunto que amenizó el baile, grupos de trasnochada fama, pero que, por lo económico de la tarifa, nadie cuestionó en contratar. Las botellas de JB y Ron Rico, adornan las mesas cubiertas con manteles algo ya mojados. Con estas pequeñas descripciones Dorelia Barahona logra de a pocos la escenificación notable en donde se desarrolla De qué manera te olvido. Y los hechos mas importantes empiezan aparecer como por ejemplo el embarazo de María Dota, que aún joven se casa y se va vivir con el tipo, un tal Juan y que ya casados deja de interesarse por María Dota y no vuelven “hacer el amor”; previsible pero real. Antes del embarazo no deseado de María Dota los cuestionamiento sobre el sexo o sobre hacer el amor, abordan a las tres muchachas, anteriormente ya la escritora había planteado está duda cuando en una conversación Leda dice que el sexo es meter y sacar y que el amante en turno termine al lado fumándose un cigarrillo; una descripción bastante lugar común.
Luego María Dota se difumina en el tiempo para darle paso a Valentín Ruiz, el eterno amor de Claudia y solo sabemos de él a partir de extensos y melosos discursos de Claudia quien lo recuerda en todo lado, dándole de esta manera un perfil de utópica soñadora a la muchacha, sin embargo Valentín anda rondando por ahí. También en la vida de Claudia (reitero, personaje base para la columna vertebral de la novela) hacen aparición otros dos personajes, Martín y Gastón y sabemos más de Gastón que al parecer es un alma libre que molesta y tienta a la moralista de Claudia, el otro personaje, Martín es un poco más difuso, pero más adelante en la novela terminamos sabiendo que Martín se hizo homosexual, que a mi juicio de lector este personaje sobra.
La novela se devuelve sobre sus pasos y nos da pinceladas de nostalgia de las amistades inseparables de juventud y de su destino, brindándole al tono quebradizo de la novela (que algunas veces viene y va) un halo onírico.
Luego de los otros personajes que poseen un poco más de relieve, es Leda, la que parece molesta con su vida y como antídoto se pasa reinventando para huir de si misma. Leda contrae o la autora nos hace creer que lo hace, un grado de relación con un italiano, llamado Gino y que con los años la deja. Gino es un tipo gordo que cautivó a Leda más por su billetera que por su físico o sus sentimientos. Leda es la materialista, la superflua, la insufrible.
De María llegamos a saber -de la mano de Claudia- que sigue viviendo al lado de Juan pero en una relación miserable, de modo que ambas chicas se citan a tomar un café y hablar como viejas amigas. María vive en la montaña, no sé dice donde, salvo vagas descripciones del lugar, por que a veces da la sensación que Guadalupe es San José, por la extrema importancia geográfica que le da Dorelia Barahona durante el transcurso de la novela. Mientras su amiga de colegio sigue siendo una especie de maltrecha y sufrida Heidi, Claudia es una veterana periodista que trabaja en un reciente periódico. En dicha conversación, las amigas, y entradas en años, conversan y María Dota (¿acaso dicho personaje se halla viviendo en Santa María de Dota?) le comunica que Leda -la que en algunos tramos parece un personaje importante y que vive en algún rincón de Guadalupe- murió a los 20 años en El Salvador. Al saber de la muerte de Leda, Claudia empieza a dudar de su vida, y se sumerge en un innecesario torbellino filosófico y es aquí en donde Dorelia Barahona esgrime lo que para mí ha sido el problema de los escritores de su generación: la retórica vacía. Cuando me refiero a retórica vacía quiero decir que el autor habla a paritr de un punto de vista personal, a veces, en otros casos, simplemente por llenar páginas, se dejan decir en largos discursos que adormecen al lector y que perfectamente son inmpresindibles. De ahí, partir de ese meloso discurso en adelante la novela se precipita, digamos armoniosamente, a un final propicio para un personaje un tanto uraño, si cabe el término como lo resulta ser Claudia, en el reencuentro con su amado Valentín, ambos ya entrados en años, donde el galán la sorprende con un mariachi que interpreta: adivinen cuál canción... Acá la ambigüedad del final es la que abre muchas preguntas, y deja, en blanco otra novela imaginaria.
Pues es de esta forma, un poco resumida en que se desarrolla, entre brincos y saltos, De qué manera te olvido, y vemos facilmente en Dorelia Barahona rasgos de comparación generacional con escritoras como Angeles Mastretta o Laura Esquivel. Lo importante de este texto son las pinceladas que va brindando Dorelia Barahona de la Costa Rica de finales de los ochenta y de la visión de mundo de la autora, lo que me parece rescatable. También no hace falta conocer a la autora como para saber que en ella, quizá Claudia, hay páginas del diario personal de Dorelia Barahona quien recientemente publicó su última novela titulada La ruta de las esferas, con la colección la otra orilla.

17 comentarios:

  1. Apoyo tu perspectiva, Warren. En mi opinión Dorelia es actualmente una autora de mucha garra. Pero "De qué manera te olvido" no es, en definitiva, su mejor trabajo.
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  2. Se me hizo un tanto confuso el artículo y, sobre todo, la resolución de la premisa con la que partiste: que por el título, la novela te parecía una de esas obras dirigidas a lectoras cursis y feministas. Al terminar de leerla, ¿te siguió pareciendo lo mismo?
    Sería bueno que te explayaras sobre eso de la "retórica vacía" de esa generación de escritores; podría resultar un rasgo interesante para el análisis.
    Saludos.
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  3. Yo, al contrario de lo que piensa Alexander, creo que este es de los mejores trabajos de Barahona a la fecha. La novela anterior que publicó con Alfaguara, Los deseos del mundo, fue tan decepcionante para mí que decidí no reseñarla. Me parece que en esta novela, se siente el rumor existencial del adulto jóven que se enfrenta con una realidad que no da cabida a los sueños con los que creció y en particular la voz narrativa me pareció bien lograda, fluida y musical.

    Yo también quisiera oir las razones detrás de tu afirmación de que la 'retórica vacia' es el problema de la generación de Dorelia.
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  4. Bueno, se armó la gorda (no soy yo).
    Lo de retórica vacía es una preocupación que todos tenemos tanto de esa generación como de ese libro. Es cierto que el artículo de Warren es confuso, pero sí acierta a señalar que la calidad de la novela no es compatible con el premio que obtuvo. Al contrario de vos, Juan, su publicación me pareció una nueva estrategia de la Corporación Mattel: Esta vez sacaron al mercado "Barbie escritora premiada, pero confusamente existencialista" (con un bolsito que porta una micro cajita de Kleenex y libritos cuyos títulos son ilegibles). No he leído su trabajo publicado por Alfaguara, pero si decís que es peor, entonces me quedo a oscuras. Aprecio mucho algunos de los cuentos de Barahona que he leído. Quizá su problema entonces, radique en el género grande, porque en el chico la veo desenvolverse con soltura.
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  6. ¡Pues que bien que se genere discusión! De eso se trata (seguro ya debo cansar con tanta insistencia en el asunto).

    Debo ser sincero y más bien hermanarme con Warren en ese "prejuicio" hacia ciertos textos. Con conocimiento de causa, por ejemplo, me parece terible La mujer habitada, de Gioconda Belli, novela que considero claro ejemplo de esa literatura feminista agringada, es decir, feminismo político, no filosófico, metafísico o existencial, como el europeo.

    Desde títulos como De que manera te olvido o Como agua para chocolate, se nota el interés de estas escritorias por llamar la atención, afincadas en las tendencias posmodernas, en el clisé, en las fórmulas.

    Ahora, debo reconocer que estas son meras opiniones, sobre prácticas literarias de los últimos años, tan bien recibidas por el mercado.

    Spot publicitario: A propósito, propongo otra lectura: Diez días de un fin de siglo, de Emilia Macaya, en www.asterion9.blogspot.com

    P. D. Warren, siempre visito, jeje, en eso estamos.
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  7. Asterión, te doy la razón en mucho. Si hay algo que me confunde es eso de litertura femenina. No es más que un prejuicio inverso, aunque coincido con Julia Kristeva en eso de la necesidad de crear una identidad de la mujer, ya que solo hay una de lo que es ser hombre heterosexual.

    Sin embargo, las reivindicaciones NUNCA se deben lograr en dentrimento de la dignidad de otros ni de pilares fundamentales de la cultura humana como son la inteligencia y el arte.

    Si en una habitación hay cien personas y hay que escoger 60 como diputados, yo no voy a escoger a los 30 hombres y a las treinta mujeres más inteligentes. Simplemente me olvido del género y escojo a las 60 sesenta PERSONAS más inteligentes para gobernar, sean estas mujeres, hombres o Mr. Ed. Lo que debe prevalecer es el interés de lograr un buen congreso.

    Similarmente, en la literatura no voy a juzgar a nadie por su género, por lo que desayuna o por lo que se meta en la boca durante el sexo. Si estoy hablando de literatura es de eso y no de reivindicaciones de gpenero u otro asunto. Y si quiero hablar de eso lo escribo como literatura, no como una forma de prejuzgar o censurar. O incluso, de obtener ventajas.

    Pongamos dos casos. Hay editoriales para mujeres y funcionan impunemente. Digo esto porque si tuviéramos una editrial que solo le publica a los hombres, ya estaríamos con problemas y acusaciomes ante la Sala Cuarta, El Instituto de la Mujer, La Defensoría de los Habitantes, El movimiento feminista nacional y hasta Masarrica. Otro caso, las mujeres quieren o desean una ginecotopía (léase paraíso sin hombres). Muy bien, si las lilits quieren arepear en privado, bienvenidas, pero que entonces no tachen de sexistas esos clubes o asociaciones (muy populares en Inglaterra) donde solo se admiten hombres.

    Todo esto viene siendo tan ridículo como la playotopía de vivir en un mundo sin féminas. Y esto es grave, porque algunos de verdad lo quieren así, es decir, ellos-con-ellos en el este de la ciuadad y ellas-con-ellas en el otro extremo. ¿Quién sale perdiendo? TODOS, en especial la población hétero. Estas son las personas que no se pueden quitar de la boca palabras cmo literatura gay, literatura femenina, literatura negra, etc.

    ¿Una literatura femenina? Sí la hay, pero está en el libro, no en las ventajas legales, económicas y "de modé" para publicar.

    Yo mismo me veo sometido al titulismo descalificante. Entonces mis novelas son gay y yo soy un "AUTOR GAY" (!!) Putas, y yo que creía que solo era Álex, y con lo mucho que me ha costado que los demás me reconozcan una humilde tilde en el nombre y otra en el hipocorístico.

    Por eso mismo ahora me veo obligado a publicar una obra narrativa sobre gente con inclinaciones sexuales alternativas como obra "gay/lésbica". Y hubo alguno que prefería que solo fuera de hombres. Pero no me pareció por todo lo dicho. Tal vez pronto, incluso, alguien publique una "Antología de hombres heterosexuales" OOOps!!! ¡Mierda! Ya quedé por fuera otra vez!.

    Saludos a todos, a todas pero especialmente a Mr. Ed.
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  8. Concuerdo con vos en términos generales (excpeto en Mr. Ed, que nunca fue de mis series favoritas). Definitivamente, el problema de jugar con las etiquetas pasa por un asunto tanto político como de mercado, que poco o nada tiene que ver con la literatura.

    Evidentemente, la literatura atraviesa los temas, pero no son estos los que determinan qué es una obra o texto literario. La forma es lo más importante, independientemente de que quienes cojan sean mujeres, hombres o caballos (o todos juntos).

    Harold Bloom es uno de que los que más ataca a los "resentidos", como los llama él, es decir, los téoricos y teóricas (por aquello del feminismo) europeos y europeas de los sesentas y setentas, y luego los gringos y las gringas, quienes terminaron por instaurar la dictadura y el dictaduro de lo "políticamente correcto". ¿Qué es eso? Nada más que la manera de evitar que cada quien exponga sus argumentos de manera apasionada, porque entonces es tachado de "subjetivo".

    Cuando todos concordamos en que el arte es asunto de gustos, algo raro está pasando.

    Bueno, tema apasionante y medular en estos curiosos tiempos.
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  9. Mi primo me pasó una vez sus cuentos y recuerdo que algunos me gustaron mucho. Siempre he querido leer "Retrato de mujer en terreaza", que por aguna razón me llama... Nadie hasta el momento me ha dicho nada sobre él, y yo prefiero valerme de recomendaciones. ¿Alguno de los combatientes tiene algo que decirme?
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  10. Es una equivocación calificar una novela por la forma en que se mercadea luego de publicada o por los premios que se le otorgan. Esta es la primera novela de Dorelia, antes de esta novela, ella era una escritora inédita, habría que tener mucha imaginación para inventar que esta novela es producto de la colusión del autor con algún conglomerado editorial liderado por feministas maquiavelicas.

    ¿Por qué no puede ser este un producto honesto del impulso creativo de una mujer jóven?

    Lo que yo veo en la crítica, algo superflua, que se hace de esta novela, es una calificación ex post de un producto que naturalmente proviene de una sensibilidad femenina, que habla sobre lo que es convertirse en una mujer adulta y los multiples caminos que esa experiencia puede transitar.

    En De que manera te olvido, no hay malicia y la confusión que en ella se encuentra es más el producto de una escritora primeriza que de una calculadora escritora que quiere lucrar de una tendencia del mercado editorial.

    Los deseos del mundo es por el contrario, mucho de lo que ustedes acusan de ser a De que manera te olvido. En los deseos el experimento metaliterario de la novela conjunta que es la premisa inicial de la novela no se concreta nunca y sirve más bien como una simple excusa para visitar el genero rosa sin mayor pudor.

    Concuerdo con Gustavo Adolfo, nos queda pendiente Retrato de mujer en terraza que ninguno de nosotros parece haber leído.

    Finalmente, tengo que mucho, mucho que decir sobre la generalización facilista y, en mi criterio, infundada, de que la retórica vacía es un rasgo de la generación de Dorelia (entre la cual estaría Álex, si estuviesemos hablando de generaciones cornológicas). Me parece que detrás de esa afirmación hay poco más que la ya conocida afición de Warren por el minimalismo norteamericano, que no tolera disgresiones, especulaciones, monólogos internos, ni ningún tipo de 'anomalía' que pueda distraer al lector.

    Voy a descansar un momento los dedos y a traer mi hacha y ya regreso.
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  11. Prejuicios, alguien dijo aquí algo de prejuicios, yo creo que es inevitable asistir a las funciones de la literatura, ya como lector ya como escritor sin ellos. Justifico de esa forma mi desinterés por ciertas obras. Con ese predicado y con aquello de que mis ratos de lecturas no deben ser obligatorios ni mucho menos un tour de force o una obligación con alguna tendencia como la "chick lit" o literatura de chicas o cualquier otra moda.
    Habiendo dicho esto les cuento que pongo a disposición de quien lo deseé -excepto de aquellos comentaristas que residen en Maryland y sus alrededores,como Gustavo, ,je,je- de un ejemplar de "Retrato de mujer en terraza", nuevo y hasta dedicado.
    Pd. Es muy interesante este intercambio de opiniones que he visto a raíz del post de Warren.
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  12. ¡Uff! Huele a hoguera de bruja por aquí... Pero como no he leído esta novela de Dorelia no puedo opinar, sin embargo, como cuentista me parece excelente.
    La reseña de Lite aparenta ser confusa y prejuiciosa. Por otro lado, creo que aquí varios comentaristas endilgan etiquetas a la ligera.
    ¿Literatura feminista?
    ¿Literatura femenina?
    ¿Literatura de mujeres?
    Al menos pónganse de acuerdo y aparenten ser tan cartesianos como se dicen, que la Kristeva se estará revolviendo en su tumba.
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  13. Jaja! Le decía a Warren que esto ya parece el corredor donde llegan todas las viejillas y viejillos de patio! Está bueno! Alex siempre con sus disgresiones tan cómicas! El asunto de als etiquetas en literatura me parece una soberana estupidez! En ese sentido apoyo a Laura Fuentes que como dice sobre el feminismo al final es puro Descartes. La verdad es que eso pasa a un segundo plano cuando un texto es bueno. Con Warren suelo discutir porque le llama narrativa a mis poemas y viceversa. Siempre le digo lo mismo: no estamos para etiquetar la literatura sino para hacerla mejor. Se llame como se llame.
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  14. Parece que el "recurso Mr. Ed" funcionó. A veces hay que gritar un par de caballadas para que la gente se ponga a discutir en serio.
    O mejor dicho, la frivolidad servida en su mesa es lo que por fin lo va a hacer levantarse de la misma y buscar el hacha ensangrentada que Juan ya se robó.
    Y, Asterión, estoy de acuerdo con vos: esa jamás fue una de mis series predilectas tampoco.
    Por fin, en cuanto a la Kristeva, siempre me alegra poder ayudar a una amiga. Si ya lleva 20 años de espaldas viendo la tapa del ataúd, pues es bueno darle una manita para que ahora pase un tiempo boca abajo.
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  15. Jaja, muy bien Álex, aunque me encanta como escribe Kristeva (perdón por la cacofonía, inevitable), eso de darle una manita está muy bueno.

    Y bien, DM se curó en salud, y nos llamó viejillas y viejillos de patio, que si no vuelve Lau Fu, le quita el hacha a Juan y mata a todos. (Acotación: por cierto, en su blgo ella tiene un poema magnifico, lo recomiendo y le pido que ponga más de esos).

    Bueno, el asunto es que salimos todos regañados. Pero en eso de "decir caballadas" llevás toda la razón, a veces parece ser la única manera de que la gente entre en calor y discuta. Al menos aqui no hay tragos de por medio (en todo caso no los vemos, pero el abshinte corre).

    Precisamente, esta entrada ha tenido más participación porque Warren se animó un poco y empezó señalando aspectos negativos. Luego trató de rescatar un poco el asunto, y por eso a algunos les ha parecido "confusa". Y puede ser, pero logró generar discusión.

    Decir que lo único que hemos hecho es poner etiquetas, y de esa forma volarse la conversación, es no entrar en ella. La idea es presentar los argumentos y demsotrar que nuestro "etiquetismo febril" no vale.

    Seguimos.
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  17. Yo siempre de majadero con la frase de Auguste Rodin:

    AHÍ DONDE TODOS PIENSAN IGUAL, NADIE ESTÁ PENSANDO.

    Y me voy rápido a ver el poema de Laura porque Asterión ya nos picó la curiosidad.
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