Así se lo pongo: Este cuentista peruano, alérgico del boom, es para mi gusto mucho mejor cuentista que Julio Cortázar y me cae mejor que Vargas Llosa y Bryce Echenique juntos. Hace un par de años di con él gracias a una antología publicada por Alfaguara que recopilaba la mayoría de sus cuentos, y me la prestó Luisfer, me dijo que así era como se escribía. Leí esa gruesa antología con voracidad, cada cuento que poseía era un universo nuevo, lleno de una simpleza increíble y de una vitalidad abismal. Narrados en un estilo sencillo e irónico, los personajes en sus historias, frecuentemente pertenecientes a la clase media establecida o la clase baja ascendente, se encuentran ante situaciones de quiebre, usualmente ante pequeñas tragedias personales o cotidianas que se articulan con los discursos en constante pugna: el racismo, los rezagos de una Lima colonial anquilosada, la migración campo-ciudad; así como con sentimientos en particular como lo son la soledad y el fracaso.
Ya para muy pocos es ajeno saber que mientras que en los años del boom se difundía la idea que un gran escritor debía gozar de publicidad y fama, de alguna manera Ribeyro era la negación del boom. A decir de sí mismo: "Escritor discreto, tímido, laborioso, honesto, ejemplar, marginal, intimista, pulcro, lúcido: He allí algunos de los calificativos que me ha dado la crítica. Nadie me ha llamado nunca gran escritor. Por que seguramente no soy un gran escritor". Y es que al inicio de su carrera literaria – y aún mucho tiempo después- Ribeyro creía que sólo una gran novela podría convertirlo en el gran escritor que añoraba y no creía ser. Pero esa percepciónn de su propia obra fue cambiando y el cuento lo fue ganando hasta adueñarse de las páginas con las que alcanzó, como muy pocos, gran lucidez para la evaluaciónn de la vida, la literaturaa, y su propia labor creativa. Así, Miguel Gutiérrez en su texto La generación del 50: un mundo dividido opina que Ribeyro no sólo es el más grande maestro del cuento y la narración corta del Perú, sino uno de los mayores de la lenguaa española del siglo XX y su nombre con toda justicia debe figurar al lado de Borges, Rulfo, Cortázar, Onetti y García Márquez.
Ribeyro en suma, es un gran escritor no porque ahora su fama esté en crecimiento, o porque su publicidad después de muerto haya aumentado estrepitosamente. Es un gran escritor porque en él comienza el valor de poner la obra del hombre por encima de cualquier moda o tendencia, sabiendo siempre que al hombre lo desfigura la transitoriedad y toda obra se configura en la permanencia; por ello afirma: "Lo que quedará de mí será lo que escribo y todo lo demás (…), carece completamente de importancia. Debo hacer lo único que sé hacer más o menos bien, lo que me agrada hacer y lo que otros no pueden hacer en mi lugar: escribir mis historias boludas o sutiles, hasta reventar". Y sigue: "El más insignificante de los hombres deja una reliquia – su pantalón, su medalla…- pero son pocos los que dejan un a obra. Por ello la reliquias me deprimen y las obras me exaltan. El mudo, además de los personajes marginales de mis cuentos, soy yo mismo. Y eso quizás porque, desde otra perspectiva, yo sea también un marginal".
Primero pesimista, ya más maduro, escéptico e irónico: "Toda la gente me considera un escritor muy sombrío, muy trágico, es decir, pesimista, cuando hay, yo creo, cosas muy divertidas. Yo me divierto mucho cuando escribo." Hace coincidir sus historias y la forma de contarlas con su manera de ver al hombre, la vida y la literatura: "El hombre es un animal solitario, si cree en algo se engaña, si procura algo fracasa, la vida es un proceso irremediablemente destructivo; la historia de la humanidad un melancólico disparate. En cada uno de sus cuentos un personaje sufre el sin sentido de la vida porque al fin y al cabo, opino siempre que "La vida no tiene sentido y, por tanto, no hay que empeñarse en buscarlo."
Ribeyro en suma, es un gran escritor no porque ahora su fama esté en crecimiento, o porque su publicidad después de muerto haya aumentado estrepitosamente. Es un gran escritor porque en él comienza el valor de poner la obra del hombre por encima de cualquier moda o tendencia, sabiendo siempre que al hombre lo desfigura la transitoriedad y toda obra se configura en la permanencia; por ello afirma: "Lo que quedará de mí será lo que escribo y todo lo demás (…), carece completamente de importancia. Debo hacer lo único que sé hacer más o menos bien, lo que me agrada hacer y lo que otros no pueden hacer en mi lugar: escribir mis historias boludas o sutiles, hasta reventar". Y sigue: "El más insignificante de los hombres deja una reliquia – su pantalón, su medalla…- pero son pocos los que dejan un a obra. Por ello la reliquias me deprimen y las obras me exaltan. El mudo, además de los personajes marginales de mis cuentos, soy yo mismo. Y eso quizás porque, desde otra perspectiva, yo sea también un marginal".
Primero pesimista, ya más maduro, escéptico e irónico: "Toda la gente me considera un escritor muy sombrío, muy trágico, es decir, pesimista, cuando hay, yo creo, cosas muy divertidas. Yo me divierto mucho cuando escribo." Hace coincidir sus historias y la forma de contarlas con su manera de ver al hombre, la vida y la literatura: "El hombre es un animal solitario, si cree en algo se engaña, si procura algo fracasa, la vida es un proceso irremediablemente destructivo; la historia de la humanidad un melancólico disparate. En cada uno de sus cuentos un personaje sufre el sin sentido de la vida porque al fin y al cabo, opino siempre que "La vida no tiene sentido y, por tanto, no hay que empeñarse en buscarlo."
Escritor marginado, exiliado (física y existencialmente hablando) que escribe por placer (sin pretensiones morales o sociales), que desaprueba la experimentación, reprocha de las ideologías, que es ecléctico en cuanto a las teorías estéticas, sobrio en su presentación formal, que huye de lo institucional con todos los sentidos de la vida y el pensamiento, que desconfía de la revolución y sus buenas intenciones y métodos; en pocas palabras, Ribeyro es tan desarraigado como sus personajes, y privilegia únicamente la relación con su propia interioridad.
Recuerdo varios cuentos de este maestro, entre los que vale destacar "Solo para fumadores", una crónica llena de peripecias ligadas al vicio del cigarillo que poseía Ribeyro y que en un momento de lipidia económica se vio enfrascado tuvo que vender gran parte de su biblioteca personal para comprar cigarillos; este texto posee también la característica de poder leerse como una página del diario personal de Ribeyro, sin embargo posee un ritmo endiablado y un fino humor negro, la autoironia. Otro cuento que recuerdo con claridad por que cuando lo terminé me reí tanto es el pisa papeles, el trasfondo gira en torno casi en una metáfora involuntaria sobre el Karma. Ribeyro posee humor en unos cuentos, otros son de profunda reflexión sin dejar de lado la sincillez formal y estetica de la prosa. Además Ribeyro posee una amplio curriculo de publicaciones que podrán urgar un poco más acá. Cuando lo leí -años, muchos años después de Bradbury- fui victima de una epifania al ver que por ahí, por ese trayecto que Ribeyro me esgrimió era por dónde yo debía apostar a escribir, me sentí profundamente identificado con él. No voy a detaller en rasgos de su vida, hay mucho de Julio Ramón en la Internet, muchos estudio academicos. Otros escritores como Santiago Gamboa, el escritor colombiano dice que Ribeyro y con los años podría opacar la gloria de Julio Cortázar como cuentista elevado de America Latina. Juan Bonilla me comentó que en España ha comenzado un reedescubriemiento de la obra completa de Ribeyro y que conforme eso ocurre la figura del frágil y humilde Ribeyro va mostrando su grandeza, por que es así como tiene que ser el escritor, dejar de lado las poses y que su escritura sea quien hable por él.
Cuando le di de vuelta el libro a Luisfer, me dijo: "Vio que monstruo", solo me limité a decir que sí.
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