jueves, julio 17, 2008

DE ESCRITORES Y MÚSICOS


Para algunos ser simplemente músico no llena del todo sus inquietudes artistícas entonces se evocan a lo que sí pueda complementarlos: la literatura. Por citar ejemplos famosos está el de Jim Morrison, el inmortal vocalista de The Doors, quien luego de tanta fama, tanto desgaste por consumo de drogas y licores, hace a un lado su carrera como vocalista -justo en el preciso momento en que la banda gozaba del estatus de bandas tales como The Beatles y The Rolling Stone- y se muda a París donde escribe tres libros de notable calidad tales como: The Lords (Los Señores), The New Creatures (Las Nuevas Criaturas), An American Prayer (Una oración americana). Estos libros tienen la complejidad de poder leerse como filosofía y, por momentos, como ensayos sociológicos o manifiestos conceptuales.
Sin embargo no es de extrañar, tal era la afiliación que poseía James Douglas Morrison por la literatura que en sus múltiples biografías pueden encontrarse que desde muy joven y sin fama alguna ya leía autores como Nietzsche, Huxley, (de quien se inspiró para darle nombre a la banda The Doors, basado en el libro de dicho autor Las puertas de la percepción) , y disfrutaba de lecturas de Kerouac, Baudelaire, Rimbaud, el Conde de Lautréamont, Gérard de Nerval y William Blake. Y su figura como tal, inspiró a Roberto Bolaño y Antoni García Porta a escribir la novela, Consejos de un discípulos de Morrison a un fanático de Joyce, una novela negra.
En las letras de The Doors puede verse la influencia literaria que Morrison lograba transmitir en sus cancaciones, solo basta escuchar Riders On the Storm, o The End para darse cuenta que Morrison era más poeta que músico.


BOB DYLAN: ¿MÚSICO O POETA?



Bob Dylan (Robert Allen Zimmerman) otra leyenda de la música, ha sido impulsado para la nominación del Premio Nobel de Literatura por la fuerza poética de sus letras. Muchos consideran sus letras como verdaderos poemas, en la editorial Visor España, se podrán encontrar un libro con todas las letras traducidas, o la mayoría de las canciones de Dylan. Las primeras letras de Dylan contenían temas sociales, filosóficos e influencia literaria (principalmente de sus amigos, la generación beat norteamericana) desafiando la música pop convencional existente y apelando generalmente a la contracultura de aquel tiempo. Bob Dylan vivió en tiempos ricos en el panorama literarios. Allen Ginsberg era uno de sus poetas favoritos al punto que Ginsberg llegó a formar parte del íntimo circulo de amistades de Dylan. Ambos trabajaron en varios proyectos juntos, como la película "Don´t look back", o en varias canciones a lo largo de los años 70 y en el que el poeta beat llegó a formar parte del legendario Rolling Thunder Revue Tour, también colaboró en la película basada en esa gira, en la que se ve a un emocionado Ginsberg leyendo su poema "Kaddish" y visitando la tumba de Kerouac.
A pesar de la estrecha relación entre ambos, el punto de vista creativo de Dylan era más próximo a Kerouac, quizás por la presunta admiración, -no reconocida que Dylan sentía hacia la obra de Kerouac- lo cual es palpable en la entevista que concedió "Last thoughts on woody guthrie" en The Bootleg series. Sin embargo, Kerouac no tenía una elevada opinión de Dylan, quizás por el profundo rechazo que despertaba en él todo lo relacionado con los hippies y la explosión contracultural de los sesenta. En este video se puede ver el grado de amistad que poseía tanto Dylan como Ginsberg. Las letras de Dylan pueden despojarse de toda musicalidad que aún así se mantienen vigentes.


SABINA EL LITERATO.


Ya en nuestra lengua, se pueden mencionar casos similares como los de Silvio Rodriguez, y toda esa onda de la nueva trova que basaron mucha de su música en la poesía, pero sin duda alguna el máximo representante de las buenas canciones con buenas letras es el cantautor español Joaquín Sabina, que ha manifestado abiertamente su inclinación literaria; muchas veces y si se tiene la suerte se puede ver en la televisón participando en foros literarios. Posee además un libro de poesía , sonetos llenos de humor, quizá menos ricos en su lirismo y poética que sus propias canciones.
Desde los dieciséis comienza a leer a Fray Luis de León, Jorge Manrique y José Hierro mezclados con Proust, Joyce, Marcusse, sin descontar con sus lecturas adquiridas -ya con la madurez y la formación acádemica- a través de Quevedo o de César Vallejo. En los 70 colabora en los primeros números de la revista “Poesía 70″, compartiendo páginas con Luis Eduardo Aute o Carlos Cano. Todo ello le han facilitado los recursos imprescindibles para escribir algunas de las mejores canciones de la segunda mitad del siglo xx,pero también le hicieron comprender las diferencias que hay entre un poema y una canción. En su libro Perdonen la tristeza, Javier Menéndez Flores recuerda la época londinense del cantante, un tiempo de supervivencia callejera, activismo político y formación artística. Al publicar el poemario Memoria del exilio (1976), en el que recoge buena parte de las canciones que formarán inventario, su primer disco, Joaquín Sabina escribe un prólogo para dejar claras las intenciones: "No me engaño sobre estos textos, fueron escritos para ser cantados. Me temo que leídos resulten desabridos como puchero de pobre; echan de menos la voz yla guitarra. El exilio y la impotencia son culpables de que se editen en forma de libro... Creo en la canción como género impuro, de taberna, de suburbio; por eso amo el blues, los tangos, el flamenco. Mis canciones quieren ser crónicas cotidianas del exilio, del amor, de la angustia, detanta sordidez acumulada que nos han hecho pasar por historia...».
Joaquín Sabina respeta demasiado a la poesía como se puede ver, y no está dispuesto a jugar la partida hipócrita del cantante de éxito que cambiaría sus discos, su público y su fama por un plato de musas solitarias y purísimas.
Así como estos tres y emblemáticos ejemplos deben haber muchos, grandes músicos que tienen escondido su amor y pasión por la literatura, lo que demuestra que tal disciplina es la madre de todas las artes. Amén.

13 comentarios:

  1. Qué bueno saberlo. Ahora me podría entrar a gustar más Morrison, Dylan y Sabina. Pero me quedo con la literatura.
    ResponderEliminar
  2. Estos tres son un claro ejemplo de músicos literófilos, je je je...
    Porque un 90% de los músicos cuando tienen que incluir textos en sus composiciones se pierden. Un claro ejemplo - mis admirados Led Zeppelin- muchas de sus letras son bobadas y como ellos la tira.

    Otro que sabe escribir mejor que hacer música es Lou Reed.


    Saludos.
    ResponderEliminar
  3. Interesante reflexión y narración de 3 grandes artistas y sus influencias.

    Nunca se me hubiera ocurrido relacionar esa creatividad de cada uno de ellos con lo que ahí describes. No sabía que había escrito hasta libros, muy interesante, cada uno brillo y dejo huella profunda en la música y en otros lares.
    Saludos
    ResponderEliminar
  4. Lo de Jim lo conocía, son increibles sus libros, con Dylan algo me pasa...mmm no sé, no me convence, quizás no le he dedicado el tiempo que se merece.

    Buen texto, dese una vuelta por mi blog, reaparecí despues de un tiempo.

    Salu2
    ResponderEliminar
  5. para serte honeste de todos ellos conozco mas la musica q la literatura...

    pero queda pendiente un libro de morrison por lo visto! ;)

    un beso
    (coffee)
    ResponderEliminar
  6. ¿Quién sabe cuántos más habrán? A veces, me gusta ver una canción como un hecho cotidiano que te cuenta alguien, algo que puede pasarle a cualquiera. La verdad, es que es difícil imaginarse el mundo sin música. Incluso la literatura es genial para hacerte viajar. Cada cosa tiene lo suyo.

    Saluditos.
    ResponderEliminar
  7. Mae, Lite: Te me fuiste arriba con una idea que venía rumiando desde hace meses, esta relación entre los escritores y la música. A mí me encantan Leonard Cohen, que además de poeta era cantante folk. Jonatham Lethem es un novelista que ha hecho flirteos con el rock, lo mismo que Paul Muldoon, quien de hecho tiene una banda de garage (para tres carros, pero bueno...). En nuestro medio, ahí están Jaime Gamboa, quien además de tocar con Malpaís escribe cuentos y sonetos; Esteban Chinchilla, que le hace al piano en Octavia, y Mauricio Ventanas, guitarrista y cantautor.

    Hace poco le escuché a Christopher Hitchens decir que la diferencia entre un escritor de ficciones o poemas y un ensayista como él era el sentido musical de lo que hacían. Para Hitchens, la literatura es una forma de música, al menos en cuanto a la inteligencia que la diseña. Ve vos...

    Muy tuanis los perfiles de Morrison, Dylan y Sabina... ¿Has leído los poemas de Luis Eduardo Aute? Son pésimos, pero sus canciones lo redimen entero.

    Ciao.
    ResponderEliminar
  8. Tres grandes de la música, pero que quedo con Morrison, sin duda una perdida dolorosa como muchas otra en la música.

    Post recomendación en MSB

    Saludos!!
    ResponderEliminar
  9. Saludos:

    Ya otro Gustavo mencionó a Leonard Cohen, probablemente el mejor de todos los que combinan música y poesía. En él, definitviamente, el caso adquiere otro matiz, porque es primero escritor antes que músico, no es sino hasta los 33 (en 1967) años que graba su primer disco.

    Y por ahí podríamos seguir citando: Tom Waits, Robert Wyatt, Roger Waters, David Bowie, etc.
    ResponderEliminar
  10. Me ha encantado este lugar...música, literatura...no se puede pedir más...


    pasaré seguido
    ResponderEliminar
  11. Dylan es lo más parecido (o exacto) y próximo a la poesía que han estado la mayoría de los jóvenes desde los años 60. Ha hecho más por transmitir ese sentimiento poético que conlleva la vida que cualquier Premio Nobel (sin quitarles mérito, por supuesto).

    Un abrazo.
    ResponderEliminar
  12. excelente texto.
    hace unos años me topé con la poesía de sabina, y me enganchó.

    genial el blog. un saludo.
    ResponderEliminar