
Dios le dijo: “Toma a tu hijo, el único que tienes y al que amas, Isaac, y anda a la región de Moriah, y allí lo sacrificarás en un cerro que yo te indicaré”.
Génesis, capitulo 22.
Colocaron la pequeña grabadora Sony sobre la mesa, el mismo aparato que encontraron junto al cadáver de John Wall, un soldado que estuvo en Iraq y que fue dado de alta por problemas psicológicos. Los agentes Morris y Beltrán son los encargados de escuchar la grabación completa, el testimonio del por qué John Wall ingresó armado a un colegio y masacró a setenta y cuarto personas, entre docentes, alumnos y funcionarios de seguridad.
-Aunque no creas, tengo cierto recelo, no sé que vamos a escuchar –dice Morris.
-Sea lo que sea debemos hacerlo. Vamos, no tardemos más.
-¿Cuánto años tenía Wall?
-Iba a cumplir veintiocho.
Morris oprime el botón play de la grabadora y está empieza a rodar.
“Grabé a manera de testimonio todo lo que hice esta mañana para que ningún medio de prensa llámese CNN, Fox, o en el peor de los casos Larry King saquen conjeturas de mi persona, por ejemplo, que se dejen decir cosas sobre mi familia, -que debo aclarar es una familia de cristianos renacidos de Pensilvannia, una familia unida- o que hablen de mi pasado o peor aún que le pregunten a terceros con respecto a mi comportamiento, siempre dirán que era un tipo tranquilo, y amable. Les aclaro hice todo esto por el señor Dios así me lo dijo en Iraq, que al regreso a América yo sería su mensajero de libertad. Lo primero que hice cuando llegué acá fue adquirir tres armas de calibres distintos, y cuando la obtuve la consagré a través de una lectura de la Biblia. Luego ideé un plan, el cual pueden conseguir en mi bolsillo derecho, ahí están los pasos que seguí en una pequeña libreta.
Espié el colegio durante días, asegurándome que no hubiera variantes y llegué a tres grandes conclusiones: La primera, era que únicamente habían tres guardas, para dos turnos. La segunda conclusión era que el inicio del curso lectivo empezaba a las 7 y terminaba a las 3 de la tarde. La tercera fue que no había cámaras. Alentado por todo ello me puse manos a la obra. Llegué esta mañana antes de las siete, pero me había levantado desde las cinco de la mañana y oré pidiéndole al Señor discernimiento y la voz del Señor retumbó en mi mente, me pidió que cerrar mis ojos, y sin abrirlos colocara un dedo sobre la Biblia y que leyera el pasaje que mi dedo indicaba y acorde al pasaje tomara una decisión; así lo hice y al abrir los ojos y ver que mi dedo estaba posado sobre Génesis capitulo 22, la señal estaba más que clara.
Cuando me aseguré que todo el estudiantado hubo ingresado a clases intenté en primera instancia entablar una conversación con el guarda, sin embargo, el hombre se mostraba inquieto ante mis preguntas y un tanto receloso, me cuestionó, cortante, a quién busca, levantó el auricular del teléfono y esperó a que yo le dijera un nombre.
Al ver que el tipo sospechaba con peligrosidad tomé la 9 m.m., y le di un disparo en la cabeza, sus sesos pringaron un calendario de la NFL que tenía detrás y un poco de masa encefálica cayó sobre su café, trozos de carne rosa. Si me preguntan el por qué lo maté debo decir que lo hice básicamente por cuestiones operativas, puesto que era un hombre maduro y al ejército no le interesan hombres como esos. Al ver que la sangre del hombre llegaba a la suela de mis zapatos sentí un júbilo tremendo, me devolví a mi camioneta y saqué la AK-47 y sin tiempo que perder me puse en marcha. Pasé un angosto pasillo y salí al patio principal, un lugar amplio y refrescante, en el centro había una pileta. Había supuse yo, uno de los profesores que desayunaba en un saloncito y al verme con semejante armamento trató de huir pero le di un disparo, no con la AK-47, sino con la 9 m.m., a la que le había instalado un silenciador. Lo malo fue que no pude matar de un solo disparo, quedó vivo y no tuve más remedio que darle un balazo por la cabeza. Repito el guarda y el profesor de física los maté por cuestiones operativas.
Me topé con la primer aula, allí tomé la AK-47 respiré hondo y toqué a la puerta y la profesora me abrió, pero antes yo los bendije y solté una ráfaga, disparaba como si mi arma fuera una manguera y los muchachos hermosos tulipanes deseosos por agua. Disparé y los casquillos al caer yo los interpretaba con el batir de las alas de un querubín. El aula quedó en silencio, los vidrios destrozados y un charco gigantesco de distinta sangre se fue empozando en una esquina. Me incliné y mojé un poco el dedo en aquella tibia sangre, sangre joven e impetuosa, y me dibujé una cruz en la frente. Me paseé por el aula asegurándome que ningún muchachito quedara vivo, al parecer todos estaban muertos, todos ángeles de las legiones del señor. Salí de allí y cerré la puerta, temí que tal escándalo advirtiera al resto, hice el mismo procedimiento de tocar la puerta de un aula y disparar a mansalva dos veces más. Claro, al cabo de un rato me sentí cansado, pero debía seguir liberando a mi pueblo. Al parecer ya se habían dado cuenta de lo que ocurría puesto que toqué la puerta de un salón y nadie me abrió, sin embargo podía escuchar del otro lado un silencio contenido por el miedo. Cargué el magazín y disparé contra la cerradura, la puerta se abrió e ingresé. Vi a los muchachos escondidos debajo de sus pupitres, estaban expectantes. Cerré la puerta y me puse en el centro del salón. La profesora estaba también con el resto de los muchachos. Les empecé a decir que el verdadero enemigo de América era nuestro propio ejército, les conté que aún recordaba aquella mañana en la que tocaron a la puerta de mi casa, mamá atendió y dejo pasara dos representantes de la armada, se intimidó por los uniformes, hasta les dio café y rosquillas; ellos al verme me estrecharon la mano, se las di, me pidieron sentarme y escucharlos.
Uno de ellos, un hombre de rostro bien afeitado y elegante, les iba diciendo a los muchacho que me miraban espantados, se nos presentó como el sargento Elijah Scott, quien comenzó a hablarnos de las ventajas del ejercito, que podría, incluso iniciar una carrera ahí. Que si me unía a los Marines, en un periodo que el ejercito creyese necesario podría al terminar dicho periodo aspirar a tener una beca para la universidad, seguro medico para mi madre y mi hermana menor, pero yo en ese entonces no conocía al Señor mi Dios, e impulsado por mi madre, acepté.
Los muchachos estaban temerosos, algunos lloraban, se escuchaban las respiraciones. Pero continué con mi testimonio. Venía de terminar el colegio y la falta de dinero y la incertidumbre de mi futuro creí que involucrándome al ejército era la mejor opción pero en perspectiva fue lo mejor, por que fue en una noche en Basora el Señor mi Dios, me habló, les dije. Quería contarles todo, me senté en el pupitre de la profesora.
Ese día en el que el Señor me habló fue difícil, comencé diciéndoles, por que mataron a Timothy un muchacho de mi edad más o menos. Era de Ohio, me dijo. Nos hicimos muy amigos, estaba ahí por una beca que el ejército le prometió si prestaba sus servicios, una beca para estudiar ingeniería espacial. En esa ocasión nos emboscaron, el convoy fue asaltado por morteros, que destrozaron el camión que iba delante del nuestro y que transportaba a un grupo de médicos de la cruz roja, y en ese camión iba a Timothy. Cuando el ataque fue replegado por nosotros, me dirigí apresuradamente al camión impactado. Se escuchaban, entre el humo, algunos quejidos, la desesperación nos invadió a todos. Yo fui a buscar a Timothy, y lo encontré debajo de una enorme lata retorcida, me alegré al verlo aún con vida. Me decía que le ayudara, tenía la mitad del cuerpo atrapada, lo saqué poco a poco de ahí, y fue cuando lo liberé que me di cuenta que no tenía piernas y que tenía el intestino afuera por una esquirla que le abrió el vientre. Tragaba con esfuerzo y en las comisuras tenía sangre. No supe qué hacer en ese momento, él tanto como yo sabíamos que no había medicina en el mundo para sus lesiones. Me tomó de la mano y me dijo adiós y empezó a morir en una larga agonía.
Los muchachos en el salón respiraban agitados, debo decir, querían decirme algo pero no se animaban. Yo seguí con mi narración, les conté que no pude llorar en ese momento, no supe cómo reaccionar tan siquiera, mis otros compañeros me apartaron y colocaron el cadáver de Timothy sobre una camilla y lo cubrieron con una manta blanca que a los pocos segundos se empañó en sangre. Esa vez no murió solamente Timothy, sino otros soldados, uno de los muertos, un muchacho de padres hondureños, tenía la mitad de la cara carbonizada y la mitad del cuerpo despellejada. A otro de los soldados, de los que sobrevivieron, le quedó la mano colgando de un hilo de carne.
Esa noche y luego de haber verificado a los muertos y heridos por el boicot, el recuerdo de Timothy aún vibra en mi cabeza. Nunca pensé que un muchacho tan alegre, chistoso y amante de Pearl Jam fuera a morir de una manera tan espantosa. No dormí esa noche, me imaginé yo siendo el que había muerto. Podría ver a un soldado entregándole una carta a mamá en la que se notificaba mi baja en la guerra. No era mucho trabajo ver a mamá llorar con espanto, y mi hermanita preguntarle por qué lloraba. Luego imaginaba tan real el soldado marcharse dando un saludo militar y abordar la camioneta. ¿Eso es lo que ustedes quieren?, les pregunté en voz alta y resonó por todo el salón, pero no recibí respuesta, volví hacer la pregunta y lo mismo.
Seguí contándoles, les dije que me distancié un poco del campamento a raíz de tantos y horribles pensamientos, afuera respiré profundo, miré al oscuro cielo y tuve tantas ganas de largarme de ahí y empecé a llorar.
De pronto escuché que me llamaban, era una voz familiar, traté de buscar pero no vi a nadie, creí en primera instancia que se trataba de una broma pero no fue así, al preguntarle quién era, o quién andaba por ahí, me contestó sin vacilación alguna que era Dios, el Señor de los ejércitos.
Caí de rodillas, pasmado por la revelación, yo estaba completamente convencido de que aquella voz era la voz de Dios. Fue cuando nuestros Señor me dijo que me había escogido para liberar a su pueblo, le dije que eso estaba haciendo, pero el Señor me dijo que esa no era la verdadera manera de hacerlo, que los verdaderos enemigos estaban en casa, me dijo que el ejercito de mi país, era el enemigo y que habían cometido tantos pecados que llegaron a su presencia. Que debía yo de alguna forma evitar que su maldad se siguiera propagando, fue cuando me dio las instrucciones que debía acabar con los muchachos que podrían ser reclutados por la armada, por eso el Señor me dijo me sacaría de allí para llevarme a cumplir la tarea, y cumplió su palabra, me enviaron a casa, por razones que hoy en día aún desconozco. Cuando todo aquello terminó sentí un terrible asco por el uniforme que andaba. No recuerdo que fue lo que siguió, lo que recuerdo con exactitud fue llegar a casa y ver a mi mamá y mi hermana abrazarme y un soldado del ejercito pedirle a mi madre si podían hablar en privado. Luego de esa conversación mi madre comenzó a comportarse conmigo de una manera muy consentida, casi como si yo hubiera regresado a mi infancia, y claro, empecé a tomar pastillas, de todos los colores y a todas horas. Ella cuando me daba los medicamentos lo hacía en un tono dulcemente conciliador. Pero el Señor, que siempre cumple con su palabra me habló por un sueño, diciéndome que debía cumplir con la tarea y mi mostró muchos muertos, montañas de cadáveres coronadas por bandadas de buitres.
Los muchachos sudaban ansiosos, como si vinieran de una maratón, la profesora ni siquiera me miraba a los ojos, quise contándoles tal historia, que tuvieran una idea. Les pedí que ignoraran las tentadoras propuestas del ejército y su afiche del tío Sam señalando, menos ahora que se ha iniciado la campaña en contra de Iran, les imploré que me hicieran caso. Tomé mi arma y mientras recitaba un salmo empecé a disparar y los muchachos caer, deformados por el plomo y deje de escuchar gritos, lloros y hubo silencio.
Y seguí con mi misión, matando estudiantes y conserjes no quería verlos muertos en Irán, que su sangre fuera desparramada en territorio norteamericano. Me detuve cuando vi a través de una ventana unidades de la policía, de los bomberos, camionetas del FBI, noticieros y escuché un helicóptero sobrevolar el colegio, me llamaban a través de altavoces, que me rindiera, que estaba rodeado. Quería seguir en mi misión, tomé a un muchacho de rehén, me asomé por una ventana, les dije, mientras sujetaba al muchacho que temblaba como un pollo mojado, que detuvieran el avance a Irán, pero ellos no me querían escuchar. Estaba tan cansado que me senté no sin antes dejar huir al muchacho que trastabilló un par de veces y se perdió de vista; aproveché entonces mi grabadora para contarles a quien quiera escucharme todo esto, el por qué hice lo que hice. Ahora vienen por mí los oigo entrar, son muchos pasos, pero ellos no me oyen, no debemos atacar Irán, ¡No debemos atacar a Irán!, ¡No debemos sacrificar al pueblo de Dios!, me llevó la nueve milímetros debajo de la barbilla y pienso que lo mejor es…
Beltrán y Morris escuchan un disparo en la grabación, luego los gritos de la policía al fondo, muchas pisadas, maldiciones, gritos de espanto, de pronto el botón play se dispara.
Beltrán se siente conmovido, respira hondo y se dirige al bote del agua que está en una esquina, y mientras bebe mirando la ciudad dice:
-Con que ahora es Irán…
-Si, eso escuché en los noticiarios, ya el gobierno giró los dineros para la invasión –responde Morris frotándose el cabello.






13 comentarios:
Q loco, oye esto es una historia, un cuento, una noticia...?
Esta super acida y refleja una realidad horrorosa y terrible que ya hemos visto muchas veces en la Tv...
Buen post
Man demasiado bueno, y muy real, no dudo que esos sean los pensamientos de tantos que han sucedido, desde vietnam hasta el golfo y ahora Irán, pero a quien le importa, esas son bajas presupuestadas en el todopoderoso plan de Dios dinero, mientras Dios de los ejercitos hace el trabajo de a pocos y con bajo presupuesto.
Muy bueno man.
mae esta muy buena la historia, muy cruda y un humor muy negro, ya es muy evidente que buscar la paz por medio de la militarisacion no sirve, cada vez que pasa este pueblo se vuelve en contra de la enferma nacion del norte, y jamas han buscado la paz, si eso fuera cierto ni siquiera las farc existiria para el dia de hoy............. muy bueno,
saludos
Después de leer la "Advertencia"... no lo dudo: dejo mi comentario.
;-P
Saludos!
Que cuento más pesado, me pareció muy descriptivo, ojala no sea un tiroteo anunciado.
El hilo conductor está muy bueno, y ojala ese tipo de eventos nos e sigan dando, ya que a como bien lo defines al principio, la cultura de la violencia y la muerte está a su máxima expresión.
Ya que todos sabemos que lo que has escrito ha sucedió en la vida real muchas veces.
Saludos
El nombre del soldado (John Wall) me parece conocido, pero no se a quien me recurda. :)
La idea de que el Dios vengativo y salvaje del viejo testamento le hable a un soldado gringo en Iraq me parece fabulosa y llena de posibilidades, pero la masácre de gente que podrían ser los compañeros que vió morir me resulta inverosímil.
me tome la libertad de convertir el texto en un poema:
Me topé con la primer aula
allí tomé la AK-47
respiré hondo y toqué a la puerta
La profesora abrió,
los bendije con una ráfaga.
Parecian hermosos tulipanes
deseosos por agua.
joder...esto si estuvo profundo amigo!!!!!!
Para gritar y salir corriendo. Qué miedo dan estos niños.
Saludos.
Sabías que hay 330 mil soldados norteamericanos que sufren grabes trastornos mentales por la guerra en Irak.
Saludos
Muy bueno.
Me gusto en particular esta parte: ...disparaba como si mi arma fuera una manguera y los muchachos hermosos tulipanes deseosos por agua.
Excelente! NO MÁS GUERRA!!!
Me gustó la historia, la forma en que une aspectos tan trascendentes para el mismo gobierno de EEUU: la guerra, la religión y el control sobre las personas.
Que bueno el post, bien narrado, vale la pena el tiempo invertido leyéndolo, la maquinaria el gran negocio que representa la guerra, esto me recuerda a 1984 de Orwell, quienes alguna vez fueron aliados, ahora son los enemigos, la vara es estar en guerra sin importar con quien y también me recuerda a Galeano y su “Ni derechos ni humanos”, que dice más o menos que la declaración de los derechos humanos es la pero estafa del siglo veinte, “Si la maquinaria militar no mata, se oxida. El presidente del planeta anda paseando el dedo por los mapas, a ver sobre qué país caerán las próximas bombas. Ha sido un éxito la guerra de Afganistán, que castigó a los castigados y mató a los muertos; y ya se necesitan enemigos nuevos.”
Hoy leí por ahí esta vara, creo que representa muy bien a los USA “In bombs we trust”
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