miércoles, junio 18, 2008

CUANDO DE COMPARTIR SE TRATA


A pesar que tengo su cabeza muy cerca de la mía, no somos en lo absoluto iguales, por suerte somos siameses bicéfalos. Yo era dueño y señor de la mano y de las dos piernas derechas y Pedro dueño y señor de la mano y del otro par de piernas. Estábamos unidos por la cintura, y únicamente compartíamos estómagos, pero nada muy graves, puesto que ambos estaban pegados por una de las paredes laterales, nada muy delicado, ni tampoco muy cómodo.
En cierta forma y a pesar de compartir una misma carne, somos muy independientes. Desde la escuela Pedro procuró marcar las diferencias, dado que sus calificaciones al contrario de la mías, eran notables. La profesora de los primeros años de escuela fue la primer persona que notó que Pedro y yo éramos muy distintos y por ello a pesar de compartir un mismo cuerpo nos colocaba las mismas pruebas pero en escritorios distintos.
Fue Pedro quien dio el primer beso, lo recuerdo perfectamente, la muchacha se llamaba Verónica, y fue en nuestro baile de graduación de sexto año que se dio. A pesar de mis reclamos por que no quería moverme a un lado del salón en donde había un poco de oscuridad; terminé por acceder. No fue nada grato ver como a centímetros de mi boca un beso tan pasional como aquel y yo sin poder nacer nada. Ella bien lo advirtió: yo no debía meter mano. A pesar que procuré desviar la mirada, la curiosidad terminaba por ganarme y debía reclamar para que se detuvieran.
Pedro siempre ha sido un cabrón conmigo, él me decía que yo era quien estaba adherido a él, y no él a mí, y que cuando nos operen yo me daría cuenta de ello. De verdad que era una maldición, a veces creía compartir el cuerpo con un extraño. Pedro era indiferente ante mis necesidades, y entre broma y broma me decía tumor con vida. Claro, lo golpeaba con ganas, y él a mi; era bastante incomodo para los dos pelearnos.
Cuando llegó el periodo de la pubertad (ante todo pronóstico médico), el botiquín del baño estaba claramente dividido: Pedro con sus cosas a un lado y yo con mis cosas al otro lado, a él le gustaba por ejemplo el desorante en spray, a mí en barra. Cuando estábamos desnudos frente al espejo, Pedro se tomaba la pinga y haciendo gala me decía que la de él era más grande que la mía.
Nunca supe que le veían tantos mis padres como las chicas a Pedro, en realidad en lo físico éramos muy parecidos. Pero al abrir yo la boca las diferencias eran abismales. Yo era más charlatán e inmaduro y casi nunca me tomaba en serio las cosas, lo cual desde luego avergonzaba a Pedro que aprovecha el momento a solas para reprenderme. En las noches y cuando nos íbamos a la cama, él se dormía primero y entonces yo aprovechaba para contemplarlo y mientras lo hacía me sentía como un completo extraño en mi propio cuerpo, era un reflejo bizarro. Tenía sueños repetitivos al respecto.
Una noche soñé que una enorme sierra nos dividía, mientras lo hacía empecé a ver que a Pedro le brotaba la mano que le hacía falta y yo en cambio quedaba hecho un despojo de carne, arrastrándome por el suelo.
Me levantaba agitado. Pedro entre dormido y despierto me decía que volviera a dormir, que lo dejara dormir. Le comentaba sobre el sueño y él me decía que era natural que lo soñara por que eso algún día iba a pasar.
Le preguntaba sobre Caín y Abel y qué hubiera pasado si hubiesen sido siameses como nosotros, pegados por alguna parte del cuerpo; Pedro decía que Caín hubiera matado Abel de todas formas.
Mi madre nos contaba que cuando se dio cuenta de nuestro caso los pronósticos no eran nada halagüeños, según los médicos la vida tanto nuestra como la de ella estaban en peligro, era un embarazo de alto riesgo, pero aún así aceptó jugarse la vida. Mi papá dijo que durante los nueves meses el embarazo no dio problemas y que incluso el momento del parto todo salió normal, nada de riesgo, aunque confesó que ver a un bebe de dos cabezas saliendo de mi madre lo impactó en un inicio pero aceptó el regalo que les envió dios. Luego de nuestro nacimiento vinieron los estudios correspondientes en donde detectaron que nuestro caso era curioso, puesto que como dije en un inicio, éramos bicéfalos, teníamos un cerebro propio, pero compartíamos en un pequeño porcentaje el sistema digestivo.
Mis otros familiares nos trataban bien y nuestra madrina que era madrina de ambos nos solía celebrar nuestro cumpleaños de manera pomposa, con queque, piñata y hasta payasos y sin que ella lo dijera, y llámenme paranoico si quieren, quería más a Pedro, le pasaba dando besos en la frente y pellizcándole la mejilla; en cambio a mi me sacudía el pelo y me dejaba un baboso beso en la comisura. En parte mejor, puesto que nuestra madrina solía ser una mujer muy pegajosa, de esas mujeres que aturden con tanta muestra de cariño.
Solo conocimos a un par de nuestros abuelos: la mamá de mi papá, y el papá de mi mamá. Dicen que nuestro abuelo materno al saber de nuestro caso se mostró esquivo y como era un hombre muy supersticioso se dejó decir que debían bañarnos en leche y otras hierbas tanto a nosotros como a sus otras hijas para evitar nietos como nosotros, castigo divino, nos decía él. Pero tuvo que ser mamá quien lo tuvo que explicar, beligerantemente, que nuestro caso no era una maldición por algún pecado cometido y más bien éramos seres especiales que necesitábamos el cariño de toda la familia.
Mi abuelo, lo que recuerdo antes que muriera, era un bebedor de ron empedernido, ocultaba la botella debajo de la cama, y también era un adicto a todo juego de azar, desde las cartas hasta la lotería. Nos preguntaba sobre que habíamos soñado, y a partir de eso, sacaba sus cálculos para la lotería, una vez y gracias a un sueño de Pedro, se ganó un premio que lo dividió en dos partes, una para Pedro y otra para él, a mi no me dieron nada.
El único ser que verdaderamente me quiso fue la madre de mi papá, mi abuela doña Patricia. Era una señora de piel muy blanca, (dice Papá que era hija de españoles andaluces) y el cabello canoso parecía un algodón de azúcar, siempre andaba muy bien vestida, muy formal y religiosa.
Cuando se jubiló como profesora de catecismo, dedicó su tiempo libre a la panadería tanto para el consumo familiar como para el consumo comercial, y era ella feliz en la cocina.
Era mi padre, de todos los ocho hijos que había tenido, su preferido y yo de todos los nietos, no me recuerdo cuantos éramos, su preferido. Pedro decía que le dábamos lástima, por eso se comportaba así. En nuestra primera comunión me regaló un fino rosario que compró cuando fue al Vaticano y a Pedro en cambio le regaló un escapulario, nada más.
Aquel pequeño triunfo me sirvió para atacar a Pedro, diciéndole que abuela Patricia me quería más a mí. Claro, Pedro, con su abyecta arrogancia la descalificaba llamándola de viejilla santurrona, cuando lo decía le soltaba un moquetazo en la cara, y así volvíamos a pelear. Luego de cada pleito y para quedarnos dormidos no era deseándonos las buenas noches, ni contar cabritas, sino decirnos cuando nos odiábamos hasta alguno de los dos caía tumbado por el sueño.
Desde luego que yo también tuve mis pequeños triunfos sobre Pedro. Uno de ellos, quizá el más importante ocurrió en el colegio, en tercer año, lo recuerdo con orgullo por que sé que a Pedro le duele.
Fue un viernes después de clases, solíamos ir a la casa de uno de nuestros compañeros, ahí jugábamos juegos de videos toda la tarde y comíamos pizza y demás comida chatarra, pero esa vez tres compañeras quisieron acompañarnos. Una de ellas era Ana Elena el amor de mi hermano. Cuando Pedro la veía pasar por los pasillos del colegio se le quedaba mirando absorto casi con la boca abierta y solo se limitaba a decir que la amaba.
Uno de los compañeros, y aprovechando la presencia femenina en su casa, inventó jugar botellita de besos. Las muchachas aceptaron. Empezamos a jugar, al tercer turno tuve la suerte que a mi me tocó con Ana Elena, a Pedro se le ocurrió decir que se repetía el turno que ese no valía, pero Ana Elena, dijo que respetara el turno, me tomó la cara y me plantó un apasionado beso, y demoró más de los esperado, por que las otras muchachas solo se limitaban a dar besos de pico. Desde ese momento Pedro no me dirigió la palabra durante un mes y lo volvió hacer por que mamá lo obligó; sé que le dolió que yo le haya besado a la mujer que él adoraba pero él descalificaba a Ana Elena llamándola zorra percanta y otra vez mi puño en su boca y los pleitos de que solo terminaban con la severa intervención de papá.
Yo no logré sacar el bachiller de colegio lo que Pedro si logró. Cuando entramos en la universidad, desde luego a todos les llamamos la atención, al principio fue un poco duro pero con el paso del tiempo nos aceptaron aunque había algunos que todavía nos miraban con recelo.
Ir conmigo a la universidad era un peso enorme para Pedro, más allá de cargar maquetas, dado que se decidió por arquitectura y se apasionó de tal forma por la carrera que un día de tantos y al ver que yo era un verdadero estorbo en esas noches de vela en las que él debía hasta tarde quedarse maqueteando le pidió a papá y mamá la operación que nos dividiera de una buena vez y por todas.
Mamá le preguntó que si estaba seguro, Pedro dijo que si, más seguro que nunca. Papá le explicó a Pedro que de hacerlo habían grandes probabilidades que alguno de los dos muriera, pero él con la arrogancia usual, dijo que tarde o temprano alguno de los dos iba a morir, y que en ese punto dios no sería tan misericordioso como para hacernos morir cronometradamente, y que en cuento a él, se jugaba todas las cartas. Mamá preguntó que opinaba yo, para no mostrarme débil le dije que también lo deseaba.
Papá que era más quisquilloso y trató de averiguar la verdadera causa por la cual Pedro deseaba la separación definitiva, asumiendo todos los riesgos. Fue entonces que Pedro les dijo la verdad, que lo hacía por su carrera, que yo en realidad le resultaba un peso, que necesitaba independencia para graduarse y que estando conmigo no podría hacerlo, que a él si le interesaba sacar una carrera.
Mis padres y con el pesar más grande hicieron los trámites necesarios y a nosotros nos tocó las revisiones y exámenes médicos, todo indicaba que la operación era realizable ya que ambos habíamos alcanzado la madurez necesaria para la separación, lo que nos permitió la individualidad de órganos vitales salvo el sistema digestivo, lo que significaba que sería una cirugía un poco delicada, entonces ambos firmamos el acta donde aceptábamos todas las cláusulas de la operación la cual se hará dentro de un mes, en un hospital de Florida.
Fue solo durante ese mes en que Pedro y yo nos comportamos como hermanos, hablábamos de lo que nos esperaba, y Pedro decía que él solo esperaba la libertad definitiva, luego yo le hacía muchas preguntas pero él estaba aferrado a que sobreviviríamos a la operación, lo único que lo inquietaba y me lo preguntó mirándome a los ojos la última noche antes de abordar el vuelo a Florida; era que si todo salía mal, qué haríamos si llegáramos también a compartir la misma muerte.

9 comentarios:

  1. Como te había dicho, me remite a Escenas en la vida de un doble monstruo de Nabokov, pero solo por el tema, puesto que N se enfoca más en la extrañeza de si mismos que sienten los gemelos en esa situación frente a la "normalidad" de los demàs. Me reí en voz alta un par de veces, con gran incorrección politica. Es un cuento divertido con un final triste, casi como la vida misma.

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  2. Clarinete, ¿Warren, te llamás por menos o hipersss, compita? ¡Pito!, ¡ísss!, ya mean publicado algunas varas... pero, ¿quétepareció, Waaa... Lite, aquel esrrame de loqueras y quemaduras tituladas Fahrenheit 5 de febrero del 2006, o sea 5206, chilloma?...

    Tamarrou gocai caigo por acoi, de new, pa' leerte mejorsss... como le dijo Caperucital Lobo; no fue al verrezzz como han regado la bola los hombres y las mujeres jetonas y jetones.
    Nos vidrios clarinetes y thransparentes, Lite... Diay, en estas varas, Lite, como que ayyyy otro compa, tonces, questo cayo yotutuyo, verdá...

    Caéte de nues, y me decís quete pareció mi hablada omis letrinasss... digo digo, mis letrillas, letrillas.

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  4. Sorry, no me di cuenta y te comenté con una cuenta que sólo uso para un blog de pruebas. Ahora sí:

    ¡Uff! Una decisión muy arriesgada pero, normal el que uno de ellos se quisiera separar. Dicen que en la vida hay que arriesgar y tienen razón.

    Me quedé con las ganas de saber si ambos sobrevivieron a la operación.

    Me gustó mucho tu cuento.

    Saluditos

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  5. Que impresionante, esto me recordó a las mujeres que estaban unidas por la cabeza, y que ambas murieron en la operación.

    Qué cosas da la vida, a veces es tan acongojante no tener todas las explicaciones, de estas cosas que pasan. Bonito post, muy humano, me sensibilizo.
    Saludos

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  6. Hola! Me absorbió su relato... Los siameses, sin duda, causan una gran curiosidad por los que nunca los hemos conocido más que por televisión.

    Excelente blog!!!! :)

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  7. Hola, Lite

    Tu relato me ha parecido fascinante, tanto que me gustaría que escribieras la continuación, me hubiera gustado saber cómo lo resuelves.

    Un abrazo grande

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  8. Hay sucesos que te marcan para toda la vida, una situación como la que planteas te obliga a una superación constante.

    Muy bueno.

    Saludos.

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  9. Un buen relato impregnado de dudas abordadas por una pareja dispareja unida por la fuerza.

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