
Era la actriz más hermosa y talentosa del cine de Bollywood, no cabía duda. Cada película en la que participaba de seguro era un éxito de taquilla. Podría decirse que era la Mónica Bellucci hindú. Su señoría en el plató, su sensibilidad, su rico intelecto cultural y su belleza estratosférica la convirtieron en la más apetecida entre sus compañeros de trabajo, incluido yo, un simple asistente de iluminación.
Todos sabíamos que Mitra Sawhney se separó de su pareja, otro actor de Bollywood. Las cosas, según se chismorreaba no daban a más y fue ella quien pidió el divorcio pese a que su pareja, con quien había engendrado un hijo, aún estaba enamorado.
Cuando entraba a tomar posesión de escena de una película, en la que ella hacía el papel de una princesa gitana, me sonreía con afecto y se sumergía en su personaje. Mientras la veía actuar, la deseaba y la quería como mía, pero de inmediato caía en cuenta que estar con ella -toda una señora de sociedad- sería por lo menos en cuanto a mí, una ilusión que se seguiría conservando entre mis cobijas o en mi ducha, o en el mejor de los casos en mis textos.
Tenía la convicción de no seguir siendo un simple asistente de iluminación, quería ser escritor y guionista, puesto que los guionistas en Bollywood ganaban bien. Y viéndolo en perspectiva que escribir un guión en donde no falten los ingredientes de siempre, cánticos y danzas con un trasfondo heroico no era problema. Por lo tanto escribía poesía, con una descarada influencia de Tagore. Escribía en los ratos libres en el trabajo en una vetusta maquina de escribir.
Con el tiempo había cosechado un buen cúmulo de hojas con poemas, unos malos, otros pésimos y otros cursis y lo menos malos eran en donde Tagore se asomaba. Mientras trabajaba en unos focos deje olvidado el folleto con mis escritos en la sala de maquillaje, y cuando fui a recogerlo vi que Mitra lo estaba leyendo. No me atreví pedírselo, me abstuve y aguardé hasta que la terminaran de maquillar o hasta ella se aburriera del texto. Pero no se aburrió, de hecho preguntó quién los había escrito, para ella el poemario era una obra hermosa. Cuando me delataron tuve que dar la cara y me sentí terriblemente apenado, dado que mucha de la poesía escrita allí nació inspirada en mi deseo por Mitra. Por lo general la escribía como desahogo antes mi impotencia de hablarle.
La maquillista, con quien me llevaba bien, me llamó de inmediato y me pidió entrar, al hacerlo vi que Mitra me volvió a sonreír y me preguntó que si yo había sido la persona que escribió los textos, me sonrojé y le dije que sí. De seguro ella notó mi pena y me pidió que no me avergonzara que escribía bien muy bien.
Le agradecí. Mitra me pidió tiempo, quería terminarlo de leer, le dije que con gusto, y salí del lugar. Directo al baño en donde otra Mitra me esperaba.
Los días pasaron y no la había visto, me habían enviado a otra escenográfia que tenía problemas de iluminación. Estaba ansioso por que no veía a Mitra, y por que en general me gustaría saber cuál había sido la opinión generalizada de mi obra.
Y me la topé cuando iba en carreras, pero tuvo tiempo para invitarme a verla apenas terminara de rodar las escenas pendientes del día, me dio el número del bungalow en dónde me estaría esperando. Me cerró un ojo y corrió a cambiarse. No creía que aquella belleza quisiera hablar conmigo en privado. Para mí, Mitra resultaba un caso fascinante, poseía esa sensibilidad artística pese a que el mundo que la rodeaba era tan superficial. Había hecho varios viajes a Londres dado que como estrella que era debía estar visitando a los indios radicados allá. Una vez me comentó la maquillista que la belleza, el don de gente, y la inteligencia de Mitra atrajo todos los focos, y tabloides ingleses que se derritieron cuando daba conferencias de prensa. Pasaba viajando tres veces al año tanto a Inglaterra como a Norteamérica, en donde ya empezaba seducir.
Todos sabíamos que Mitra Sawhney se separó de su pareja, otro actor de Bollywood. Las cosas, según se chismorreaba no daban a más y fue ella quien pidió el divorcio pese a que su pareja, con quien había engendrado un hijo, aún estaba enamorado.
Cuando entraba a tomar posesión de escena de una película, en la que ella hacía el papel de una princesa gitana, me sonreía con afecto y se sumergía en su personaje. Mientras la veía actuar, la deseaba y la quería como mía, pero de inmediato caía en cuenta que estar con ella -toda una señora de sociedad- sería por lo menos en cuanto a mí, una ilusión que se seguiría conservando entre mis cobijas o en mi ducha, o en el mejor de los casos en mis textos.
Tenía la convicción de no seguir siendo un simple asistente de iluminación, quería ser escritor y guionista, puesto que los guionistas en Bollywood ganaban bien. Y viéndolo en perspectiva que escribir un guión en donde no falten los ingredientes de siempre, cánticos y danzas con un trasfondo heroico no era problema. Por lo tanto escribía poesía, con una descarada influencia de Tagore. Escribía en los ratos libres en el trabajo en una vetusta maquina de escribir.
Con el tiempo había cosechado un buen cúmulo de hojas con poemas, unos malos, otros pésimos y otros cursis y lo menos malos eran en donde Tagore se asomaba. Mientras trabajaba en unos focos deje olvidado el folleto con mis escritos en la sala de maquillaje, y cuando fui a recogerlo vi que Mitra lo estaba leyendo. No me atreví pedírselo, me abstuve y aguardé hasta que la terminaran de maquillar o hasta ella se aburriera del texto. Pero no se aburrió, de hecho preguntó quién los había escrito, para ella el poemario era una obra hermosa. Cuando me delataron tuve que dar la cara y me sentí terriblemente apenado, dado que mucha de la poesía escrita allí nació inspirada en mi deseo por Mitra. Por lo general la escribía como desahogo antes mi impotencia de hablarle.
La maquillista, con quien me llevaba bien, me llamó de inmediato y me pidió entrar, al hacerlo vi que Mitra me volvió a sonreír y me preguntó que si yo había sido la persona que escribió los textos, me sonrojé y le dije que sí. De seguro ella notó mi pena y me pidió que no me avergonzara que escribía bien muy bien.
Le agradecí. Mitra me pidió tiempo, quería terminarlo de leer, le dije que con gusto, y salí del lugar. Directo al baño en donde otra Mitra me esperaba.
Los días pasaron y no la había visto, me habían enviado a otra escenográfia que tenía problemas de iluminación. Estaba ansioso por que no veía a Mitra, y por que en general me gustaría saber cuál había sido la opinión generalizada de mi obra.
Y me la topé cuando iba en carreras, pero tuvo tiempo para invitarme a verla apenas terminara de rodar las escenas pendientes del día, me dio el número del bungalow en dónde me estaría esperando. Me cerró un ojo y corrió a cambiarse. No creía que aquella belleza quisiera hablar conmigo en privado. Para mí, Mitra resultaba un caso fascinante, poseía esa sensibilidad artística pese a que el mundo que la rodeaba era tan superficial. Había hecho varios viajes a Londres dado que como estrella que era debía estar visitando a los indios radicados allá. Una vez me comentó la maquillista que la belleza, el don de gente, y la inteligencia de Mitra atrajo todos los focos, y tabloides ingleses que se derritieron cuando daba conferencias de prensa. Pasaba viajando tres veces al año tanto a Inglaterra como a Norteamérica, en donde ya empezaba seducir.
***
Llegué a su remolque tal y como me lo había pedido. Eran las nueve de la noche y sentí que me había vestido muy elegante cuando simplemente lo que haríamos era charlar sobre mi poemario.
Toqué a la puerta levemente, temía que estuviera recostada, fue cuando me pregunto si era yo. Le respondí que sí, entonces me pidió que pasara y que cerrara la puerta. Ya dentro me senté en un banquillo y esperé, se estaba peinado el cabello. No demoró más tiempo. Me pidió que si quería beber algo, le dije que nada (estaba muy nervioso como para tragar) Ella se sirvió un poco de agua mineral y tomó asiento frente a mi. Luego cayó en cuenta el por qué estaba ahí, sacó de la parte superior del armario mis textos. Se volvió a sentar y los colocó sobre la mesita. Me habló de literatura, literatura que hasta ese momento había escuchado: Borges, Valery, Li Po, y otra serie de escritores que no recuerdo. Me dijo que mi poemario era hermoso, con versos muy viscerales pero que debía leer y trabajarlos mucho y me hizo la promesa que se convertiría en mi editora. Me dijo que enviaría el poemario a Inglaterra, en donde un amigo suyo era profesor de literatura oriental, qué si no habría problema, le dije que para nada. La propuesta me pareció fascinante. Ella estaba sentada, con los pies cruzados, bamboleando la punta del izquierdo, acomodándose su cabellera que por momentos le eclipsaba la mitad del rostro. Estaba sin una gota de maquillaje y aún así se veía endiabladamente hermosa.
Para que la visita no se centralizara únicamente en mi, le pregunté sobre el mundo de la actuación, y ella sonrió y me comenzó diciendo que ser actriz o actor en Bollywood se requiere de talento total, dado que debía poseer múltiples facetas y en cada una de ellas se debía ser bueno, tanto cantando, bailando y actuando, un paquete de tres en uno, aunado a todo ello una excelente condición física.
En sus ojos se veía la pasión por su carrera, cuando le pregunté si el cine le había dado réditos económicos me dijo que hacía mucho dejo de ganar dinero a través del cine, que tenía muchos otros recursos. Hablamos hasta la una de la mañana, y me fue dejar en mi casa, a bordo de su camioneta. Cuando se despidió de mí, aparte de intercambiarnos los números de nuestros celulares, me dio un beso en una de las comisuras, o eso creía yo sentir. Me baje y la vi perderse a lo lejos.
A la mañana siguiente trabajé en la iluminación del plató en el que trabajaba Mitra. Ese día al entrar esperé que no me hablara, seguro hizo y dijo todo eso y durante la noche, mientras dormía se arrepintió de haberme tendido la mano de esa forma. A todos saludó con beso y a mi con beso y abrazo, casi caigo cuando le olí el cabello. Comenzamos a grabar. Se vistió de gitana y se veía espectacular. Los senos, dos grandes senos, se desbordaban por sobre el escote.
La película en la que ella trabajaba giraba en torno a un trama lleno de aventuras, era una gitana que debía atravesar la ruta de la seda y en dicha travesía se topaba con toda clase de aventura desde ladrones, hasta dioses encarnados en humanos, Hanuman para ser especifico. Una historia linda y pintoresca. Según el director, la película también poseía una base histórica, ya que aparte de ser de aventuras hablaba del nacimiento de las primeras peregrinaciones de gitanos hacía Europa, al sur de España. Ella, Mitra, y otro actor quien hacía del amado con quien se toparía al finalizar el trayecto eran las estrellas. La película sería distribuida en Europa, y Canadá -donde hay mucho Indio radicado- y dependiendo del éxito de ahí a Estados Unidos.
Cuando bailaba y cantaba Mitra era un espectáculo. Terminaron a la seis de la tarde las escenas del día y Mitra me pidió que la esperara, me dijo que iríamos a tomar algo. Demoró cuarenta minutos, cambiándose y despidiéndose de sus compañeros.
Pensé que iríamos a un café cercano, o a un bar, pero no, me llevó a su casa. Al sentarme en el living me percaté que todo y cuanto me rodeaba, incluyendo la estructura de la casa, poseía influencias victorianas.
Ella me ordenó tomar asiento, quería ver si su hijo estaba dormido, de lo contrario me lo iba a presentar, subió al segundo piso. Mitra había dejado el folleto con el guión sobre la mesita del té, lo tomé y le eché una hojeada. Fantaseé con que yo lo había escrito y era ella la que lo actuaba. Volvió y me dijo que Jiddu estaba dormido pero me trajo una foto del niño. Era una criatura simpática: cara redonda, cejas curvas, moreno y el cabello negro. Me dijo que Jiddu era un niño inteligente, perspicaz con excelente calificaciones y conforme hablábamos me sentía más cómodo, tomamos té y comimos unas galletas de un sabor agridulce. Me dijo que en un futuro yo podría ser un guionista de Bollywood que siguiera escribiendo y leyendo y lo alcanzaría que ella me haría los contactos requeridos.
Le pregunté por su marido, me dijo que estaba en el sur, en Madras, grabando otra película y solo llamaba para saber de Jiddu. Me explicó todo y el por qué se separó. El sexo ya no era lo mismo, que las caricias parecían de estéreofon, la bocas olían a sarcófago, que inicialmente se habían separado hacía dos años para tomar una decisión, darse un recreo entre ambos, pero que en esos dos años ella sintió que en definitiva no amaba su esposo, (un tipo que coqueteaba los sesenta años pero poseía una figura atlética envidiable) el cual me explicó, era un sol.
Según dijo era un ser humano espléndido -fue en ese momento que me pregunté el por qué se había divorciado si era casi perfecto- y habló bellezas del tipo y yo me hacía de los oídos sordos. Que él ya se había casado y tenía un hijo más o menos de mi edad. Me explicó que ella amaba de una forma y manera diferente y otra serie de cosas.
De pronto se quedó en silencio mirándome a los ojos, me sentí intimidado y los bajé. Ella dejo la taza de té a un lado, se puso de pie y me tomó la cara. No lo podía creer. Me sonrió y me plantó un beso. “Me gustas niño”, dijo y siguió besándome y mi boca se hizo una en su boca. Le toqué un pecho, ella sonrió llena de picardía se lo desnudó y le besé el pezón, bajé la mano por su firme vientre y la metí entre sus firmes piernas y la toqué, al principio un poco tímido, luego se abrió un poco más y me indicó dónde y cómo hacerlo. La masturbé rápido y lento. Sus leves gemidos, casi burgueses, me excitaron muchísimo. “Me vengo, ay, me vengo”, me decía y yo más rápido hasta que sentí la mano pegajosa, pero era tanto el deseo por ella y ella por mi que lo volvimos hacer, y se vino en cuestión de minutos, luego tomó mi mano y la chupó. Pareció saciarse con eso, no quiso ir más allá. Me detuvo y me plantó un furioso beso, luego se ofreció ir a dejarme no sin antes darme algunos guiones de Woody Allen y el de películas como Casablanca y el Ciudano Kane, para que los estudiara.
Los días posteriores a esa situación, nos seguimos viendo en la clandestinidad de los estudios y me pidió mente fría e inteligencia si queríamos salir juntos como pareja, dado que si su esposo se daba cuenta de nuestro romance era capaz de tomar medidas legales contra ella, especialmente con respecto a la patria potestad de Jiddu. “Me muero si me quitan al niño, me pego un tiro”, me dijo.
Era por esa circunstancia que involucrarse con una mujer casada uno lleva las de perder. Le pregunté qué haría su marido si llegase a saber de mi existencia. Mitra me contestó que por ser tan noble el tipo no me haría nada, era a ella, vaya nobleza, pensé.
Me regalaba libros, decía adorarme y amarme con locura. Desde luego tales promesas de amor precipitado me parecían un poco fuera de tono, pero no me animé a cuestionárselas, si acaso le preguntaba qué hice yo para eso, respondía con simplemente existir.
Al lado de Mitra llegué a experimentar sensaciones maravillosas desde una cálida seguridad en mi mismo hasta esa extraña sensación de maternidad sexual. Deje de masturbarme viendo Baywatch, por que yo tenía una mujer mucho más hermosa. En cuanto al sexo nunca la penetré, se negaba y no por que no quisiera, había un peso social en ella, pese a ser una mujer cosmopolita y que distaba de clásica mujer hindú, las veces en que íbamos más allá no pasábamos del sexo oral y eso por petición de ella.
Con los días la película terminó de rodarse, y Mitra me comentó que se iría trabajar en un importante y jugoso proyecto al sur de India que lo único malo era que debería trabajar al lado de su ex. Le dije que fuera, que respetaba su espacio, quedamos por conversar por teléfono o escribirnos correos. Sin embargo la ausencia de Mitra causó un caudal poético en mí, llenaba cuartillas escribiendo poemas largos y tendidos.
Como acostumbraba revisé el buzón de mi correo electrónico y me encontré con un correo de Mitra, pensé que era de los tantos que me enviaba, diciéndome cómo le iba y la descripción del lugar, pero ese era un correo distinto. Lo leí con atención y pasmo. Cancelaba la relación, que su marido se dio cuenta de nuestro romance, que era obvio y otra serie de cosas, lo principal y lo que verdaderamente me preocupó fue que el tipo la había amenazado con arrebatarle al niño, y la catalogó de prostituta y una serie de ofensas fuera de lugar.
Decidí llamarla, y escuché a Mitra desesperada al otro lado del teléfono en donde me dijo que nunca me había amado, que nunca ha amado a nadie y nunca lo haría. La amenaza de su cobarde esposo la desesperó. Le pregunté, le recalqué todo lo dicho, y con un tipo de venenosa ironía me dijo que me creía más maduro, que debía darme cuenta desde un inicio que lo nuestro era una locura completa. “Nunca podré estar con alguien como usted”, me dijo. Me comentó que lo había conversado con su madre y ella le dijo que me dejara, que volviera con su marido, que lo hiciera por el bien de Jiddu que yo era un simple muchacho, sin carrera, sin nada que ofrecerle tanto a ella como a Jiddu, me eché a llorar al auricular, pero ella me cortó.
Desde entonces escribía pocos correos en los que decía que me quería como amigo, nada más, correos duros y fuertes, y cuando se los devolvía igual de duros (casi ofensivos) le decía que ella era un tipa enamorada de su propia imagen que esa era el único amor que tenía y rematé diciéndole que su marido era un completo imbécil.
Me contestaba que su marido era un sol, que no podía hablar de esa forma de alguien que ni tan siquiera conocía, me comentó que la noche anterior ambos hablaron y se echaron a llorar; lloraron toda la madrugada dándose una segunda oportunidad, que quince años de matrimonio terminan pesando.
Luego nuestros correos bajaron de tono, ella seguiría trabajando en una producción larga, y cuando se despedía lo hacía con falsos besos y abrazos que yo los reprochaba. Con el tiempo dejamos de escribirnos y Mitra se llenó de una paz (que yo sabía que era tan falsa como sus senos), y así lo expresaba en las entrevistas que daba, que ahora estaba en paz consigo misma. La última vez que hablamos fue por teléfono y me dijo que en definitiva se quedaría tanto con el niño como con su marido instalados en Madras, y que de cuando en cuando viajarían a Delhi, que después de todo eran un matrimonio y querían rehacerlo lejos de mí.
Cuando colgué sentí una terrible lástima por el marido, el pobre diablo sin quererlo, sería el espectador de lujo de la más exigente actuación que hará Mitra Sawnhey hasta el último día de su existencia.
Toqué a la puerta levemente, temía que estuviera recostada, fue cuando me pregunto si era yo. Le respondí que sí, entonces me pidió que pasara y que cerrara la puerta. Ya dentro me senté en un banquillo y esperé, se estaba peinado el cabello. No demoró más tiempo. Me pidió que si quería beber algo, le dije que nada (estaba muy nervioso como para tragar) Ella se sirvió un poco de agua mineral y tomó asiento frente a mi. Luego cayó en cuenta el por qué estaba ahí, sacó de la parte superior del armario mis textos. Se volvió a sentar y los colocó sobre la mesita. Me habló de literatura, literatura que hasta ese momento había escuchado: Borges, Valery, Li Po, y otra serie de escritores que no recuerdo. Me dijo que mi poemario era hermoso, con versos muy viscerales pero que debía leer y trabajarlos mucho y me hizo la promesa que se convertiría en mi editora. Me dijo que enviaría el poemario a Inglaterra, en donde un amigo suyo era profesor de literatura oriental, qué si no habría problema, le dije que para nada. La propuesta me pareció fascinante. Ella estaba sentada, con los pies cruzados, bamboleando la punta del izquierdo, acomodándose su cabellera que por momentos le eclipsaba la mitad del rostro. Estaba sin una gota de maquillaje y aún así se veía endiabladamente hermosa.
Para que la visita no se centralizara únicamente en mi, le pregunté sobre el mundo de la actuación, y ella sonrió y me comenzó diciendo que ser actriz o actor en Bollywood se requiere de talento total, dado que debía poseer múltiples facetas y en cada una de ellas se debía ser bueno, tanto cantando, bailando y actuando, un paquete de tres en uno, aunado a todo ello una excelente condición física.
En sus ojos se veía la pasión por su carrera, cuando le pregunté si el cine le había dado réditos económicos me dijo que hacía mucho dejo de ganar dinero a través del cine, que tenía muchos otros recursos. Hablamos hasta la una de la mañana, y me fue dejar en mi casa, a bordo de su camioneta. Cuando se despidió de mí, aparte de intercambiarnos los números de nuestros celulares, me dio un beso en una de las comisuras, o eso creía yo sentir. Me baje y la vi perderse a lo lejos.
A la mañana siguiente trabajé en la iluminación del plató en el que trabajaba Mitra. Ese día al entrar esperé que no me hablara, seguro hizo y dijo todo eso y durante la noche, mientras dormía se arrepintió de haberme tendido la mano de esa forma. A todos saludó con beso y a mi con beso y abrazo, casi caigo cuando le olí el cabello. Comenzamos a grabar. Se vistió de gitana y se veía espectacular. Los senos, dos grandes senos, se desbordaban por sobre el escote.
La película en la que ella trabajaba giraba en torno a un trama lleno de aventuras, era una gitana que debía atravesar la ruta de la seda y en dicha travesía se topaba con toda clase de aventura desde ladrones, hasta dioses encarnados en humanos, Hanuman para ser especifico. Una historia linda y pintoresca. Según el director, la película también poseía una base histórica, ya que aparte de ser de aventuras hablaba del nacimiento de las primeras peregrinaciones de gitanos hacía Europa, al sur de España. Ella, Mitra, y otro actor quien hacía del amado con quien se toparía al finalizar el trayecto eran las estrellas. La película sería distribuida en Europa, y Canadá -donde hay mucho Indio radicado- y dependiendo del éxito de ahí a Estados Unidos.
Cuando bailaba y cantaba Mitra era un espectáculo. Terminaron a la seis de la tarde las escenas del día y Mitra me pidió que la esperara, me dijo que iríamos a tomar algo. Demoró cuarenta minutos, cambiándose y despidiéndose de sus compañeros.
Pensé que iríamos a un café cercano, o a un bar, pero no, me llevó a su casa. Al sentarme en el living me percaté que todo y cuanto me rodeaba, incluyendo la estructura de la casa, poseía influencias victorianas.
Ella me ordenó tomar asiento, quería ver si su hijo estaba dormido, de lo contrario me lo iba a presentar, subió al segundo piso. Mitra había dejado el folleto con el guión sobre la mesita del té, lo tomé y le eché una hojeada. Fantaseé con que yo lo había escrito y era ella la que lo actuaba. Volvió y me dijo que Jiddu estaba dormido pero me trajo una foto del niño. Era una criatura simpática: cara redonda, cejas curvas, moreno y el cabello negro. Me dijo que Jiddu era un niño inteligente, perspicaz con excelente calificaciones y conforme hablábamos me sentía más cómodo, tomamos té y comimos unas galletas de un sabor agridulce. Me dijo que en un futuro yo podría ser un guionista de Bollywood que siguiera escribiendo y leyendo y lo alcanzaría que ella me haría los contactos requeridos.
Le pregunté por su marido, me dijo que estaba en el sur, en Madras, grabando otra película y solo llamaba para saber de Jiddu. Me explicó todo y el por qué se separó. El sexo ya no era lo mismo, que las caricias parecían de estéreofon, la bocas olían a sarcófago, que inicialmente se habían separado hacía dos años para tomar una decisión, darse un recreo entre ambos, pero que en esos dos años ella sintió que en definitiva no amaba su esposo, (un tipo que coqueteaba los sesenta años pero poseía una figura atlética envidiable) el cual me explicó, era un sol.
Según dijo era un ser humano espléndido -fue en ese momento que me pregunté el por qué se había divorciado si era casi perfecto- y habló bellezas del tipo y yo me hacía de los oídos sordos. Que él ya se había casado y tenía un hijo más o menos de mi edad. Me explicó que ella amaba de una forma y manera diferente y otra serie de cosas.
De pronto se quedó en silencio mirándome a los ojos, me sentí intimidado y los bajé. Ella dejo la taza de té a un lado, se puso de pie y me tomó la cara. No lo podía creer. Me sonrió y me plantó un beso. “Me gustas niño”, dijo y siguió besándome y mi boca se hizo una en su boca. Le toqué un pecho, ella sonrió llena de picardía se lo desnudó y le besé el pezón, bajé la mano por su firme vientre y la metí entre sus firmes piernas y la toqué, al principio un poco tímido, luego se abrió un poco más y me indicó dónde y cómo hacerlo. La masturbé rápido y lento. Sus leves gemidos, casi burgueses, me excitaron muchísimo. “Me vengo, ay, me vengo”, me decía y yo más rápido hasta que sentí la mano pegajosa, pero era tanto el deseo por ella y ella por mi que lo volvimos hacer, y se vino en cuestión de minutos, luego tomó mi mano y la chupó. Pareció saciarse con eso, no quiso ir más allá. Me detuvo y me plantó un furioso beso, luego se ofreció ir a dejarme no sin antes darme algunos guiones de Woody Allen y el de películas como Casablanca y el Ciudano Kane, para que los estudiara.
Los días posteriores a esa situación, nos seguimos viendo en la clandestinidad de los estudios y me pidió mente fría e inteligencia si queríamos salir juntos como pareja, dado que si su esposo se daba cuenta de nuestro romance era capaz de tomar medidas legales contra ella, especialmente con respecto a la patria potestad de Jiddu. “Me muero si me quitan al niño, me pego un tiro”, me dijo.
Era por esa circunstancia que involucrarse con una mujer casada uno lleva las de perder. Le pregunté qué haría su marido si llegase a saber de mi existencia. Mitra me contestó que por ser tan noble el tipo no me haría nada, era a ella, vaya nobleza, pensé.
Me regalaba libros, decía adorarme y amarme con locura. Desde luego tales promesas de amor precipitado me parecían un poco fuera de tono, pero no me animé a cuestionárselas, si acaso le preguntaba qué hice yo para eso, respondía con simplemente existir.
Al lado de Mitra llegué a experimentar sensaciones maravillosas desde una cálida seguridad en mi mismo hasta esa extraña sensación de maternidad sexual. Deje de masturbarme viendo Baywatch, por que yo tenía una mujer mucho más hermosa. En cuanto al sexo nunca la penetré, se negaba y no por que no quisiera, había un peso social en ella, pese a ser una mujer cosmopolita y que distaba de clásica mujer hindú, las veces en que íbamos más allá no pasábamos del sexo oral y eso por petición de ella.
Con los días la película terminó de rodarse, y Mitra me comentó que se iría trabajar en un importante y jugoso proyecto al sur de India que lo único malo era que debería trabajar al lado de su ex. Le dije que fuera, que respetaba su espacio, quedamos por conversar por teléfono o escribirnos correos. Sin embargo la ausencia de Mitra causó un caudal poético en mí, llenaba cuartillas escribiendo poemas largos y tendidos.
Como acostumbraba revisé el buzón de mi correo electrónico y me encontré con un correo de Mitra, pensé que era de los tantos que me enviaba, diciéndome cómo le iba y la descripción del lugar, pero ese era un correo distinto. Lo leí con atención y pasmo. Cancelaba la relación, que su marido se dio cuenta de nuestro romance, que era obvio y otra serie de cosas, lo principal y lo que verdaderamente me preocupó fue que el tipo la había amenazado con arrebatarle al niño, y la catalogó de prostituta y una serie de ofensas fuera de lugar.
Decidí llamarla, y escuché a Mitra desesperada al otro lado del teléfono en donde me dijo que nunca me había amado, que nunca ha amado a nadie y nunca lo haría. La amenaza de su cobarde esposo la desesperó. Le pregunté, le recalqué todo lo dicho, y con un tipo de venenosa ironía me dijo que me creía más maduro, que debía darme cuenta desde un inicio que lo nuestro era una locura completa. “Nunca podré estar con alguien como usted”, me dijo. Me comentó que lo había conversado con su madre y ella le dijo que me dejara, que volviera con su marido, que lo hiciera por el bien de Jiddu que yo era un simple muchacho, sin carrera, sin nada que ofrecerle tanto a ella como a Jiddu, me eché a llorar al auricular, pero ella me cortó.
Desde entonces escribía pocos correos en los que decía que me quería como amigo, nada más, correos duros y fuertes, y cuando se los devolvía igual de duros (casi ofensivos) le decía que ella era un tipa enamorada de su propia imagen que esa era el único amor que tenía y rematé diciéndole que su marido era un completo imbécil.
Me contestaba que su marido era un sol, que no podía hablar de esa forma de alguien que ni tan siquiera conocía, me comentó que la noche anterior ambos hablaron y se echaron a llorar; lloraron toda la madrugada dándose una segunda oportunidad, que quince años de matrimonio terminan pesando.
Luego nuestros correos bajaron de tono, ella seguiría trabajando en una producción larga, y cuando se despedía lo hacía con falsos besos y abrazos que yo los reprochaba. Con el tiempo dejamos de escribirnos y Mitra se llenó de una paz (que yo sabía que era tan falsa como sus senos), y así lo expresaba en las entrevistas que daba, que ahora estaba en paz consigo misma. La última vez que hablamos fue por teléfono y me dijo que en definitiva se quedaría tanto con el niño como con su marido instalados en Madras, y que de cuando en cuando viajarían a Delhi, que después de todo eran un matrimonio y querían rehacerlo lejos de mí.
Cuando colgué sentí una terrible lástima por el marido, el pobre diablo sin quererlo, sería el espectador de lujo de la más exigente actuación que hará Mitra Sawnhey hasta el último día de su existencia.
Final dos:
Colgué y de inmediato me precipité a la maquina de escribir, supe entonces que tenía mi primer gran guión, después de todo Mitra me ayudó.






22 comentarios:
GENTE: Este cuento algunos ya lo han leído, le añadí un segundo final quizá un poco más abierto, me gustaría saber si dejo el final original o el segundo final, es de todos ustedes, por eso este post es un poco más interactivo. Un abrazo a todos.
A mí me gusta tal cual, ya me dirás donde puedo encontrar a Mitra o a otra igual.
Es un buen relato. Saludos.
A mi también me gusta tal cual....
Felicitaciones.
ANA
cuento es usted Literófilo. A usted también a quien le sigue los pasos, con una vara de hierro por si se pone tonto o violento, usted es un acosador, le gusta insultar a la gente y contar en público las cosas que haces con alguna mujer que nadie conoce. el que tiene que ponerse vivo es usted literófilo, pedófilo??? porque solo alguien con tendencias asi puede usar insultos como los favoritos suyos. PELE EL OJO PUTO TROLO LA BLOGOSFERA NO ES ANONIMA Y TODOS SABEMOS QUE CLASE DE BICHO ES USTED.
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Me gusta este final pues muestra cierta evolución y madurez en el texto, que no encontré la primera vez y que es lógico en el evolucionar normal que tenemos en lo que hacemos. Fue un buen texto la primera vez, pero es mejor ahora.
esta bien escrito, se deja leer con fluidez, algo que cuesta a veces hacer en los texots largos de la blogsfera...
Interesante relato, me agrada como armas una historia sobre algún hecho real, y el hilo conductor con que lo desarrollas.
Ella es una verdadera actriz de la India verdad?
Saludos
Cuentazo
Digno de ser script alguna vez
Querrá Mitra actuar de sí misma?
felicito.Mucho.
Yo dejaría el final 2...
LITEOFOLOOO!! je... No recuerdo que lo haya leido antes.... pero... ME ENANTÓO... ATRAPANTEEE!!.... EMPEZÁS CON LA PRIMER LETRA... y...seguís...seguíss.... me re gustó!! je... este final..me parece MUY BIEN!! Quizás..porque no recuerde el "original"... aunque hay quién dice por ahí...que el mejor escrito...es el primero de todo los demás "borradores"... no? jeje....
BESOTESS LITE!! Y SEGUÍ ESCRBIENDO ASÍI!!
UN FUERTE ABRAZOO!!:))
MUY BUEN COMIENZO DE SEMANA!
la verdad que me encantó.
posiblemente de tus historias, esta es la que mas me ha gustado!
lite sos un genio! esta deveras me llegó (imagino que por afines con el compa)
Bueno, si es por optar me gusta el primer final, para el otro me parece que el texto ya tendría que tener alguna tendencia como más irónica o ácida.
Esta Mitra me hace acordar al personaje de Nothing Hill, por momentos parece muy perra y por otros uno no puede dejar de sentir que la pobre no puede escapar de su jaula de oro.
Un beso
Lilián
El problema de escribir sobre otros lugares, en especial cuando se trata de algo tan exquisito como India, es que tenés que sentir que estás ahi... a mo me parece que hay que adentrarse en una lectura m;as profunda sobre lo es que es India, como se vive el amor allá, cómo se experimenta la maternidad, cuáles son las expesiones que se usan, cómo un iluminista, que es poeta, puede hablar y construir su realidad... En fin... son un sin numero de cosas con las que hay que tener mucho cuidado. Cuando uno lee a "Gabo", se puede sentir el olor de Colombia, las costumbres, se puede visualizar todo... Además, cuando se es un narrador protegonista se tiene que sentir un cambio... pues simplemente no es la misma persona que está hablando...
A mí me gusta este. Lo único (pero eso es problema MIO) es que odioooooo Bollywood, desde que viví con una chica de India. Aghhhhh
Qué super historia pero, qué triste el final, el cómo las apariencias terminan por pesar... ...es triste.
Un saludito.
A mi también me gusta este final, pues es real como la vida misma.
Saludos Lite:)
Tengo sangritaaaa fresca en la choza, compita, te espero o yodito... caéte, Lite...
Lite, me quedo, sin dudarlo ni un segundo, con el primer final.
Saludos
Ya lo había leído. Me gusta cuánto lo has mejorado. Mi amigo es usted un buen narrador.
Sigue escribiendo.
Un besote!
PD.
Sabes algo de William Venegas, cerró el blog o perdí el link no le he visto más. Lo conoces?
Al fin y al cabo sirvió.. pero me dolió mucho la verdad.
Muy copado el post.
Saludos desde Miespaciosolomio!
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