
Desde que se instaló la transnacional, una canadiense dedicada el desarrollo del software, Moisés Rojas fue el primer empleado que contrataron, era un tipo extraño, y todos en la oficina lo sabían, sin embargo y pese a todo era un empleado sin igual, era un workaholic. La empresa lo catalogó como el mejor empleado del 2003, y todo indicaba que lo volvería a repetir en el 2004, un año que empezaba expirar.
Todas esas virtudes le valieron forjar una buena amistad con su jefe, un joven canadiense mucho menor a él, se llamaba Jeremy Schümmer, ambos rompieron la férrea ley de las transnacionales, en donde jefes y empleados no pueden involucrase más allá de asuntos laborales. Moisés Rojas lo sabía pero muy dentro de él justificaba su amistad con su jefe a varias razones, la primera que el muchacho era joven, la segunda por no ser de su nacionalidad carecía de los prejuicios latinos, y la tercera y última, y quizá más importante era canadiense y no un hijo de puta gringo. Había llegado a su puesto no por amiguismos, en eso los canadienses no pecaban, había llegado a ser jefe por puro trabajo y esfuerzo. Gozaba de un salario muy bien remunerado que si acaso pellizcaba, el resto lo guardaba en el banco, no por avaro sino por que tenía en qué gastarlo. Se quedaba hasta la una de la mañana, era una forma de sobrellevar el divorcio, por que si estaba sin nada que hacer las ideas de autodestrucción le salían de los oídos y le bailaban frente a sus ojos en una macabra obra de teatro; su estabilidad emocional era como si un copiloto de rally intentara armar un cubo rubic durante el trayecto.
Un viernes por la noche, y entre tragos –bebía muy poco- le comentó a Jeremy la primera vez que intentó suicidarse, fue a los dieciocho años cuando supo que sus padres se estaban divorciando. Le dijo que colgó de un árbol una soga, se trepó en la rama y no había introducido la cabeza en el nudo de la soga cuando ésta se rompió por que estaba podrida, dando al traste su intento; fue su madre que se dio cuenta de ello, puesto que desde la ventana de la cocina lo vio venirse al suelo.
Aquello le valió una paliza por parte de su padre que le dijo pendejo y maricón, y su madre fue menos ruda pero más ortodoxa ya que lo sometió a la guía espiritual de un sacerdote que tenía cola que le majaran. Le habló del reino de los cielos, del valor de vivir la vida y del pecado que consistía despreciarla. Que había cosas muy lindas por vivir, mientras se lo decía paseaba la mano por el muslo de un desinteresado Moisés. Cuando vio tan peculiar caricia por parte del sacerdote, Moisés y acorde a su pasiva personalidad, se la quitó como se quitará un chicle pegado a la suela del zapato y salió no sin antes escupir la imagen del santo patrón del pueblo.
No volvió hacer el intento de quitarse la vida por que quedó traumatizado, no tanto del hecho de su fallido acto sino por el temor de volver a verse con algún guía trastornado.
Intentó encarrilar su vida en lo más normal que pudo, siguió estudiando y se resignó ver a sus padres cada uno por su propio lado, se consumió por completo en su carrera de informática, le contaba Moisés y Jeremy lo escuchaba atento.
Durante su tiempo como estudiante no ligó mujer alguna, ni se emborrachó y prefería aislarse y manejar un bajo perfil. Tenía si acaso un par de amigos, ninguna amiga. Su segundo intento de suicidio se llevo a cabo cuando perdió un curso esencial en su carrera, esa vez, le contó a Jeremy, que comenzó a gritar, maldecir, putear y todas las ofensas eran contra si mismo, iba por los pasillos de la universidad gritando. Se encerró en un baño y ahí por la desesperación se tomó un poco del desinfectante que se encontró sobre el retrete, y paradójicamente fue el profesor del curso que reprobó, quien dio alerta a las autoridades. En primera instancia lo creyeron muerto pero para su mala o buena suerte, Moisés pudo sobrevivir luego de una severa desintoxicación. Los hechos que suscitaron después de su nuevo intento fallido, lo convirtieron en una sombra que nadie se dignaba a ver, ni en el salón de clase; su invisibilidad ni siquiera se rompió cuando se graduó. Nadie quiso fotografiarse con Moisés que esa noche, él se fue a dormir con todo y traje de gala.
-¿Pero a su ex cómo la conoció? -preguntó Jeremy ya un poco pasado de tragos y queriendo averiguar otros aspectos. Moisés le contó que luego de graduado comenzó a dar clases en una universidad cualquiera de esas, de garaje. Ella era su alumna. Ella nunca opuso resistencia a ninguna de las veces en que la invitó a cenar, al cine o tomarse un café. En su minimalismo romántico, Moisés Rojas le dijo a Jeremy, que demoró en darse cuenta en que Sonia estaba muy interesada por él, y fue ella que lo terminó por besar. Y sin pensarlos dos veces y consciente consigo mismo que Sonia sería la única mujer en su vida le pidió matrimonio y con el tiempo las cosas se fueron dando poco a poco. Comprar la casa, las primeras mascotas, los hijos.
-¿Y el divorcio por qué se dio? -preguntó Jeremy depositando varios cubos de hielo en su trago.
Moisés pareció apenado y dijo que Sonia se había hecho de otro, se lo confesó.
-Las razones del por qué se hizo de otro nunca las supe -dijo con desaire Moisés.
Jeremy guardó silencio, aunque en sus adentros quería reírse a carcajadas por la vida que había llevado su buen compañero de trabajo. Por lo menos esas desgracias que le relató Moisés le dieron luces del por qué actuaba como actuaba y tenía esa visión tan gris de la vida.
Impulsado por un súbito arranque de compasión, Jeremy le dijo que él y su novia, también canadiense, Dorothy, tenían pensado pasar la navidad y fin de año fuera del país, en otro continente y lo invitó a irse con ellos. Moisés lo miró extrañado, creyó que fue un disparate de Jeremy, que estaba pasado de tragos. Pero el muchacho insistió, le recalcó que dejara de lado su vida y que se fuera a vivir una aventura exótica, que volviera cargado de entusiasmo, y de positivismo.
-¿Dónde tienen pensado recibir el 2005? –preguntó Moisés.
-Queríamos ir a Australia pero todas las aerolíneas están copadas, igual los hoteles, y donde vi que hay campo es en el pacifico asiático. Dorothy me dijo que Sumatra era una buena opción. Sería excitante pasar las navidades y el año nuevo allá.
-No sé, la verdad…
-Vamos Moisés, desde allá y como propósito de año nuevo empiece a vivir de forma digna, usted tiene todo para eso, deje de lado tantos sinsabores y que allá en Sumatra nazca otro Moisés uno nuevo, positivo decidido, hágale a la vida el amor pero sin condón.
Aquellas frases le reanimaron, pidió un tercer trago, -ya mucho para él- y dijo que le reservaran tiquete aéreo y hotel.
Salían de vacaciones a mediados de diciembre, y la confirmación tanto de hospedaje como del hotel (uno cuatro estrellas) y del tiquete aéreo eran un hecho, según Jeremy y le dijo que incluso Dorothy ya encontraba en el país, lista para emprender el viaje. Moisés Rojas respiró profundo y sintió que el aire que ingresaba en sus pulmones era aire acondicionado. Era hora de tener una vida digna
Todas esas virtudes le valieron forjar una buena amistad con su jefe, un joven canadiense mucho menor a él, se llamaba Jeremy Schümmer, ambos rompieron la férrea ley de las transnacionales, en donde jefes y empleados no pueden involucrase más allá de asuntos laborales. Moisés Rojas lo sabía pero muy dentro de él justificaba su amistad con su jefe a varias razones, la primera que el muchacho era joven, la segunda por no ser de su nacionalidad carecía de los prejuicios latinos, y la tercera y última, y quizá más importante era canadiense y no un hijo de puta gringo. Había llegado a su puesto no por amiguismos, en eso los canadienses no pecaban, había llegado a ser jefe por puro trabajo y esfuerzo. Gozaba de un salario muy bien remunerado que si acaso pellizcaba, el resto lo guardaba en el banco, no por avaro sino por que tenía en qué gastarlo. Se quedaba hasta la una de la mañana, era una forma de sobrellevar el divorcio, por que si estaba sin nada que hacer las ideas de autodestrucción le salían de los oídos y le bailaban frente a sus ojos en una macabra obra de teatro; su estabilidad emocional era como si un copiloto de rally intentara armar un cubo rubic durante el trayecto.
Un viernes por la noche, y entre tragos –bebía muy poco- le comentó a Jeremy la primera vez que intentó suicidarse, fue a los dieciocho años cuando supo que sus padres se estaban divorciando. Le dijo que colgó de un árbol una soga, se trepó en la rama y no había introducido la cabeza en el nudo de la soga cuando ésta se rompió por que estaba podrida, dando al traste su intento; fue su madre que se dio cuenta de ello, puesto que desde la ventana de la cocina lo vio venirse al suelo.
Aquello le valió una paliza por parte de su padre que le dijo pendejo y maricón, y su madre fue menos ruda pero más ortodoxa ya que lo sometió a la guía espiritual de un sacerdote que tenía cola que le majaran. Le habló del reino de los cielos, del valor de vivir la vida y del pecado que consistía despreciarla. Que había cosas muy lindas por vivir, mientras se lo decía paseaba la mano por el muslo de un desinteresado Moisés. Cuando vio tan peculiar caricia por parte del sacerdote, Moisés y acorde a su pasiva personalidad, se la quitó como se quitará un chicle pegado a la suela del zapato y salió no sin antes escupir la imagen del santo patrón del pueblo.
No volvió hacer el intento de quitarse la vida por que quedó traumatizado, no tanto del hecho de su fallido acto sino por el temor de volver a verse con algún guía trastornado.
Intentó encarrilar su vida en lo más normal que pudo, siguió estudiando y se resignó ver a sus padres cada uno por su propio lado, se consumió por completo en su carrera de informática, le contaba Moisés y Jeremy lo escuchaba atento.
Durante su tiempo como estudiante no ligó mujer alguna, ni se emborrachó y prefería aislarse y manejar un bajo perfil. Tenía si acaso un par de amigos, ninguna amiga. Su segundo intento de suicidio se llevo a cabo cuando perdió un curso esencial en su carrera, esa vez, le contó a Jeremy, que comenzó a gritar, maldecir, putear y todas las ofensas eran contra si mismo, iba por los pasillos de la universidad gritando. Se encerró en un baño y ahí por la desesperación se tomó un poco del desinfectante que se encontró sobre el retrete, y paradójicamente fue el profesor del curso que reprobó, quien dio alerta a las autoridades. En primera instancia lo creyeron muerto pero para su mala o buena suerte, Moisés pudo sobrevivir luego de una severa desintoxicación. Los hechos que suscitaron después de su nuevo intento fallido, lo convirtieron en una sombra que nadie se dignaba a ver, ni en el salón de clase; su invisibilidad ni siquiera se rompió cuando se graduó. Nadie quiso fotografiarse con Moisés que esa noche, él se fue a dormir con todo y traje de gala.
-¿Pero a su ex cómo la conoció? -preguntó Jeremy ya un poco pasado de tragos y queriendo averiguar otros aspectos. Moisés le contó que luego de graduado comenzó a dar clases en una universidad cualquiera de esas, de garaje. Ella era su alumna. Ella nunca opuso resistencia a ninguna de las veces en que la invitó a cenar, al cine o tomarse un café. En su minimalismo romántico, Moisés Rojas le dijo a Jeremy, que demoró en darse cuenta en que Sonia estaba muy interesada por él, y fue ella que lo terminó por besar. Y sin pensarlos dos veces y consciente consigo mismo que Sonia sería la única mujer en su vida le pidió matrimonio y con el tiempo las cosas se fueron dando poco a poco. Comprar la casa, las primeras mascotas, los hijos.
-¿Y el divorcio por qué se dio? -preguntó Jeremy depositando varios cubos de hielo en su trago.
Moisés pareció apenado y dijo que Sonia se había hecho de otro, se lo confesó.
-Las razones del por qué se hizo de otro nunca las supe -dijo con desaire Moisés.
Jeremy guardó silencio, aunque en sus adentros quería reírse a carcajadas por la vida que había llevado su buen compañero de trabajo. Por lo menos esas desgracias que le relató Moisés le dieron luces del por qué actuaba como actuaba y tenía esa visión tan gris de la vida.
Impulsado por un súbito arranque de compasión, Jeremy le dijo que él y su novia, también canadiense, Dorothy, tenían pensado pasar la navidad y fin de año fuera del país, en otro continente y lo invitó a irse con ellos. Moisés lo miró extrañado, creyó que fue un disparate de Jeremy, que estaba pasado de tragos. Pero el muchacho insistió, le recalcó que dejara de lado su vida y que se fuera a vivir una aventura exótica, que volviera cargado de entusiasmo, y de positivismo.
-¿Dónde tienen pensado recibir el 2005? –preguntó Moisés.
-Queríamos ir a Australia pero todas las aerolíneas están copadas, igual los hoteles, y donde vi que hay campo es en el pacifico asiático. Dorothy me dijo que Sumatra era una buena opción. Sería excitante pasar las navidades y el año nuevo allá.
-No sé, la verdad…
-Vamos Moisés, desde allá y como propósito de año nuevo empiece a vivir de forma digna, usted tiene todo para eso, deje de lado tantos sinsabores y que allá en Sumatra nazca otro Moisés uno nuevo, positivo decidido, hágale a la vida el amor pero sin condón.
Aquellas frases le reanimaron, pidió un tercer trago, -ya mucho para él- y dijo que le reservaran tiquete aéreo y hotel.
Salían de vacaciones a mediados de diciembre, y la confirmación tanto de hospedaje como del hotel (uno cuatro estrellas) y del tiquete aéreo eran un hecho, según Jeremy y le dijo que incluso Dorothy ya encontraba en el país, lista para emprender el viaje. Moisés Rojas respiró profundo y sintió que el aire que ingresaba en sus pulmones era aire acondicionado. Era hora de tener una vida digna
***
Dorothy le pareció una muchacha encantadora, muy afable y hablaba mas francés que inglés, y su español era muy poco. Tuvo que madrugar ya que el vuelo salió a buen temprano. Dorothy y Jeremy iban al lado de Moisés quien pidió viajar cerca de la ventanilla, fue un viaje largo con varias escalas y con el temor persistente de que alguna maleta fuera a quedarse en alguna escala o que el avión lo secuestrara un grupo de terroristas. Llegaron a Sumatra por la noche, el clima era denso, caluroso y estático. Moisés cuando salió del aeropuerto sintió que las horas de viaje las realizó en un simulador, se sentía aún en su país. Se dirigieron al hotel.
Al día siguiente se despertó tarde, y desayunó copiosamente y se encontró a Jeremy y Dorothy en la piscina, Jeremy estaba dentro en el agua, y Dorothy tomaba el sol. El muchacho dijo que irían por la ciudad, a conocer el ambiente. La idea en un inicio no le pareció muy excitante a Moisés pero cuando empezó a ver los elefantes en la calle, los coloridos taxis, las edificaciones con relieves hindúes, y las mezquitas y la enorme estatua de Buda llena de macacos. Entonces no tuvo duda que estaba al otro lado del mundo.
Le pareció un poco surrealista ver en las tiendas adornadas con árboles de Navidad y Santa Claus que también compartían espacio con Ganeshas y Krishnas. La forma como hablaban los habitantes de la isla, le pareció cómica. Y una alegría creciente fue tomando posesión de Moisés.
La cena del veinticuatro de diciembre, fue para el gusto de Moisés un tanto exótica y picante y llena de condimentos y vegetales, pero sabrosa. Dorothy y Jeremy fueron a dormir temprano y él prefirió ir al casino que poseía el hotel. Entrada la madrugada conoció a Sophie, una holandesa. Tenía treinta y cuatro años y estaba de vacaciones en Sumatra. Era fotógrafa y hablaba un español peninsular. Hubo una química que, normal en Moisés no logró descifrar solo hasta cuando Sophie lo invitó a pasar la noche en su cuarto. Nunca en su vida recibió mejor regalo de nochebuena que el sexo que Sophie le proporcionó. A la mañana de navidad, se levantó con un entusiasmo nunca antes experimentado en él, se sentía como drogado. Se bañó con Sophie e incluso se la presentó a Jeremy y a Dorothy, el muchacho lo felicitó por empezar a vivir. Luego dijo que debía volver a Canadá, que lo llamó la empresa de emergencia y que se lamentaba no pasar el año nuevo a su lado, pero Moisés dijo que de todas formas lo iba a pasar bien acompañado y que volverían a verse en el trabajo. Dorothy y Jeremy tomaron el vuelo de mediodía de regreso a América, mientras tanto Moisés pasó todo el veinticinco como un quinceañero al lado de Sophie, jugaba con ella en la piscina, bebieron hasta quedar un poco borrachos y recibieron la noche en la playa, incluso Sophie lo invitó a Holanda. Moisés vio que su cambio de actitud le trajo grandes dividendos y que esa sensación de bienestar era una nueva vida que germinada en su interior.
A la mañana siguiente se levantó lleno de energías, sintiéndose dichoso, fue como si el grabado de su vida hubiera recibido una pincelada de color.
Dejó a Sophie durmiendo y decidió caminar por la playa. El cielo era un azul de acuarela, el sol parecía de neón, la playa más blanca de lo normal, el aire fresco y el mar, el mar y las olas, creyó que se fueron de paseo.
Se acostó en la playa, se quitó la camisa y se quedó mirando el cielo, con los brazos extendidos. Se emocionaba al ver a los pájaros pasar en manadas, al sentir la humedad de la arena en su espalda, incluso creyó que una nube le cerró el ojo, todo era diferente, se sentía reencarnado.
De pronto, escuchó un rugido que por poco le desprende el alma, se incorporó y la sonrisa que desde hacía días tenía dibujada en la boca desapareció; se quedó ahí, resignado, esperando que su realidad lo ahogara de una vez por todas.
Al día siguiente se despertó tarde, y desayunó copiosamente y se encontró a Jeremy y Dorothy en la piscina, Jeremy estaba dentro en el agua, y Dorothy tomaba el sol. El muchacho dijo que irían por la ciudad, a conocer el ambiente. La idea en un inicio no le pareció muy excitante a Moisés pero cuando empezó a ver los elefantes en la calle, los coloridos taxis, las edificaciones con relieves hindúes, y las mezquitas y la enorme estatua de Buda llena de macacos. Entonces no tuvo duda que estaba al otro lado del mundo.
Le pareció un poco surrealista ver en las tiendas adornadas con árboles de Navidad y Santa Claus que también compartían espacio con Ganeshas y Krishnas. La forma como hablaban los habitantes de la isla, le pareció cómica. Y una alegría creciente fue tomando posesión de Moisés.
La cena del veinticuatro de diciembre, fue para el gusto de Moisés un tanto exótica y picante y llena de condimentos y vegetales, pero sabrosa. Dorothy y Jeremy fueron a dormir temprano y él prefirió ir al casino que poseía el hotel. Entrada la madrugada conoció a Sophie, una holandesa. Tenía treinta y cuatro años y estaba de vacaciones en Sumatra. Era fotógrafa y hablaba un español peninsular. Hubo una química que, normal en Moisés no logró descifrar solo hasta cuando Sophie lo invitó a pasar la noche en su cuarto. Nunca en su vida recibió mejor regalo de nochebuena que el sexo que Sophie le proporcionó. A la mañana de navidad, se levantó con un entusiasmo nunca antes experimentado en él, se sentía como drogado. Se bañó con Sophie e incluso se la presentó a Jeremy y a Dorothy, el muchacho lo felicitó por empezar a vivir. Luego dijo que debía volver a Canadá, que lo llamó la empresa de emergencia y que se lamentaba no pasar el año nuevo a su lado, pero Moisés dijo que de todas formas lo iba a pasar bien acompañado y que volverían a verse en el trabajo. Dorothy y Jeremy tomaron el vuelo de mediodía de regreso a América, mientras tanto Moisés pasó todo el veinticinco como un quinceañero al lado de Sophie, jugaba con ella en la piscina, bebieron hasta quedar un poco borrachos y recibieron la noche en la playa, incluso Sophie lo invitó a Holanda. Moisés vio que su cambio de actitud le trajo grandes dividendos y que esa sensación de bienestar era una nueva vida que germinada en su interior.
A la mañana siguiente se levantó lleno de energías, sintiéndose dichoso, fue como si el grabado de su vida hubiera recibido una pincelada de color.
Dejó a Sophie durmiendo y decidió caminar por la playa. El cielo era un azul de acuarela, el sol parecía de neón, la playa más blanca de lo normal, el aire fresco y el mar, el mar y las olas, creyó que se fueron de paseo.
Se acostó en la playa, se quitó la camisa y se quedó mirando el cielo, con los brazos extendidos. Se emocionaba al ver a los pájaros pasar en manadas, al sentir la humedad de la arena en su espalda, incluso creyó que una nube le cerró el ojo, todo era diferente, se sentía reencarnado.
De pronto, escuchó un rugido que por poco le desprende el alma, se incorporó y la sonrisa que desde hacía días tenía dibujada en la boca desapareció; se quedó ahí, resignado, esperando que su realidad lo ahogara de una vez por todas.






31 comentarios:
¡Madre mía, Lite! ¿De dónde has sacado esta historia? Es buenísima, me ha tenido absolutamente enganchada, absorta. ¡Y que final tan tremendo!
Abrazos
Irene
Sabes hay varios elementos que me atrapan en el relato, el mar, las depresiones, el viaje, un nuevo amigo, una nueva oportunidad.
Lo interesante es el hilo conductor del relato, algo doloroso al principio, un joven de éxito pero con una vida marcada por el dolor y el desamor.
Después la segunda oportunidad, de empezar de nuevo, se reencuentra que las cosas más simples del mundo lo pueden hacer feliz.
la mar, el cielo, la arena, las olas, el sol...
Espero que el final nos sea lo que pienso, que haya sido un sueño, me quede frío ya que no se aún el final del relato.
Muy bueno.
Saludos
issshhhhhh!!! mae me dejaste boquiabierta!!
que playada :(
pero que bien escrito está
felicidades!
¡Hola Lite! ¿La fuerza del destino? Pobrecillo tu personaje, pero muy consecuente tu historia.
Es increíble cómo pueden cambiar las cosas, cuando menos lo pensamos.
¡Qué historia! ¡Me encantó!
Aunque ¿el rugido? ¿Fue lo que creo que pensé?
¡Super guay tu historia! ¡Chulísima! :)
Saluditos.
Lite, te felicito por este cuento. Desde luego que me ha gustado, creo que está muy bien narrado; además la historia es muy dinámica, se lee con ávida curiosidad y el final es sobrecogedor. Por favor, me gustaría estar al tanto de como queda tu relato en el certamen.
Abrazo y mucha suerte
Irene
Muy buen cuento. Tiene un ritmo atrapante, no se puede dejar de leer.
Y esos pájaros en el cielo, que huyen en manada...algo anuncian. El remate es excelente: algo del destino lo alcanza.
Saludos
Liliana.
Es que la vida no esta construida de verdades absolutas, y por ello me resultaba iluso el cambio de vida en un viaje, creo que el final fue de lo mas acorde, y coincido, con varios de los otros, el hilo conductor es de lo mejor de el relato, se hace interezante, aunque se corta de golpe al final, lo que considero eso sí que es la intencionalidad de el autor.
Hace rato no te comentaba (ni a vos ni a nadie, he estado de locos con tanto y tratando de ordenar la vida) pero me alegra haber vuelto y no perderme este cuento.
Amigo Lite, esta nueva historia la encuentro bien hilvanada, es decir su desarrollo es fluído y engancha, pero ese final que a sabiendas has querido introducir como un fuerte manotazo de "vuelta a la realidad" en el protagonista, yo no lo hubiera escrito así, lo cual no significa que esté bien o mal, sino que a mi modo de entender la narrativa, este final se podría haber construído de otra manera.
Besos multicolores :)
Gracias por la invitación.
Lo que me gustó de este texto fue el final abrupto, la muerte ola. Después de una infinidad de diálogo (s), locomotora de pensamientos, bulla, repeticiones, olas de olas digamos, finalmente la muerte y ya, colorín colorado, después nada. Eso estuvo muy bueno.
Sin embargo, en el resto del texto me hace falta alguna particularidad, algún rasgo fuerte de que es literófilo el autor. Creo que es un poco plano, lo cual es válido evidentemente. Gustos son gustos.
(qué bárbaro, le pusiste moisés al pobre, jaajjaja)
Y te prefiero como cuentista.
Saludos!
Que ritmo!!! resulta imposible dejar de leer!! es atrapante, como el final, me entristecio pero te felicito, muy bueno.
Saludos
Vanesa
Concuerdo en cuanto a que tu historia está bien hilvanada, fluida ¡y engancha, engancha!, Cayo, digo Toca, Tocayo... yo y mis confiancitas, Lite... pero, en lo que respecta al final, pues final es, tal cual nos lo muestras.
En toda historia, una y uno y otro y otra o muchos podemos inclinarnos, al final, por tomar por distintos caminos, eso sí.
Me gustó, Lite...
Desde que empecé a leerla, me picó la curiocidad.
Y, gracias por tus vueltas...
Aparte de un par de similes de incomoda visualización en el primer párrafo, me parece de los mejores cuentos que te he leído.
Es un cuento en donde la historia verdadera nunca se cuenta, permanece escondida y solo nos enteramos de minucias, como desde afuera de la impenetrable mente oscura del narrador.
¿Porque se trato de suicidar?
¿Porque se divorició?
¿Porque tiene ideas autodestructivas y no tiene relaciones normales con el sexo opuesto?
Nada de esto nos lo dice el relato que escuchamos. Parece que nos cuenta algo, pero en realidad lo que hace es distraernos mientras nos conduce al final atroz del Tsunami del 2004. La historia de un Job moderno a quien la felicidad le esta vedada más que en retazos fugaces, quizá no sea muy diferente a todos nostros que vivimos creyendo en la felicidad pero apenas la vemos de vez en cuando, y al final enfrentamos la muerte horrorizados al enterarnos de que no habra final feliz.
Es que el final me confundió en el buen sentido de la palabra, ya que fue diferente el final y no logre separar si era un sueño o la realidad.
Muy bueno
Hola Lite!. Como ves te visité, devolviendo tu atención a mi blog.
La historia, muy bien narrada, te atrapa hasta el final, tanto, que me quedé con ganas de saber del por qué de ese rugido que le heló el alma...Ay Lite, eres muy travieso, dejándonos con la incertidumbre y el suspense!
El problema que tienes con el link de mi blog, es que lo linkeaste como
SYBILA, y en realidad las íes están cambiadas, el correcto es: SIBYLA!
Ya sabes, si subsanas el error, no tendrás problema para encontrarme.
Un beso:)))
Y si tenés más información sobre "Moniquita", pues pasámela, o escondela, más bien, pues andamos tras la misma.
Muy bueno aquello que anotaste: ¡Hasta sufriendo se ve bien, la bandida!
Creo que Moisés, al confesar sus intentos malogrados de suicidios es una manera de acabar con ellos.
En cuanto a su relación con Sophie es un despertar y un nuevo comienzo, un comienzo que ruge con fuerza y que tal vez le asuste.
Puras conjeturas. Me gustó el texto.
Saludos.
GRACIASSSS....MUCHIASSSS... GRACIASSSS!! Por las hermosas palabras de siempre!! :))
Realemnte es una caricia al alma saberlos de "el otro lado".... Disculpen mis "ocurrentes e inesperadas" desapariciones... es que la vida vieron cómo es??!! ¡Te sorprende a cada instante!! jajaja!!... Claro que para bien..o para mal... lo bueno..es que no nos deja de soprender!! ;) NO? Y saber que siemrpe... siempre... "lo feo" que nos pueda llegar a pasar... eso mismo Nos dará sus satisfacciones!! ;)
La verdad es que estuve ausente imprevistamente... por falta de tiempo y cansancio... que ni ganas me daban de sentarme frente a la PC en casa...y seguir tecleando... je... pero sí que recorría sus palabras... y me deleitaba con ellas... y por supuesto... ¡SORPRENDIENDOME CADA DÍAS MÁS EN -Y- CON CADA BLOG!! REALMENTE UN PLACENTERO DISFRUTE!! :)Aunque no haya dejado letra alguna... mis ojos... trataron de fijar su mirada en sus encantadoras páginas!!
BESOOOTESSS ENOOORMESSS!!! Y COMO SIEMPREE.... BUENA VIDA PARA TODOSS!!!
SEAN MUY FELICESS!!... ABRAZOTE DE CORAZÓN! :))
como me causa placer ver q la existencia te esta poniendo pruebas, espero q tarde mucho en pasar este periodo y tu lado humano no se sobreponga, estas modificando malas costumbres, este relato lo demuestra, abrazos amigo...
Me gustó mucho este cuento, y sobre todo el remate, impecable.
Hay cosas de las que no se puede escapar y esos momentos de felicidad pequeñitos parecen presagiar lo peor.
Gracias por recomendar esos blogs, he pasado por lo de Lucho y María y me han llegado sus poemas, con diferentes estilos, comunican ese algo inasible de la poesía.
Un abrazo
Lilián
Qué tal final, la historia me atrapó, muy buena.
Un beso
Mae, Litero, Pepe, pepero quéeeeee buen cuenta, tazo nosme tiste, Pito...
Idiay Compi, quelepasóa sé Mae, al Moiso ese. Qué jué, quese iso 9001 un leño, el Pito, se hizo un leñito enla purititica calle, digo playa... Algo se fufú, Moiso, Moisés. porqueasíno más, Lite, no va a volarsss tannnto el tontillo o toneco.
Qué tuanix tocuen, Litero. Pura birrita, ssstá, con boquita e' tepeizcuinte... nues tepezcuintle... es tetepeis, cuinte la ablada, ¿ya? Qué rico.
Por mi chante remodelé la ara, miami, go, vieras qué tuanix quedó. ¡¡Caéte, chobi…
..blub, blub... blub...
Le habrá pasado toda su vida por delante, para mayor desgracia.
Buen cuento, viejo. Buen cuento.
como prometido, vine, leí, me extasié y ahora quedo reflexiva ante este final, como siempre genial amigo!!!!
besos
¡¡Yo juí maistro de Borges, Litero...!!
Amigo qué cuento el tuyo!
Fascinada con tu narración, con cada episodio muy bien elaborado!
Me alegra haber llegado a tu blog, a tus letras grandiosas.
La ausencia es por trabajo así que tranquilo pronto estaremos hablándonos!
Un abrazote1
Sigue con tus historias!
sólo el mar provoca esas histoias. el infinito incontenido está sólo en él. su sentido en el horizonte eterno
que bien!!!
Impresionante.
Como lectora,me describo a mí misma así
hay textos que leo con esfuerzo,para aprender
hay textos que leo
y hay textos que devoro
que adhieren mis ojos a la letra
y que sólo les dejan irse en el punto final.Este es uno de ellos.
y el final.
Ay.
El final.
Chapó.
Ohh quiero una continuidad de este relato.. quiero leer más!
Me gustó mucho.
Saludos desde Miespaciosolomio!
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