
Leopoldo María Panero, maldito entre malditos. Apología de un ser humano y su locura
Por Jonatan Lépiz Vega
…y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa
Leopoldo María Panero
“La idea es perderse, si no te vuelven loco”. (Eurípides)
Existe indudablemente una propensión a lo aberrante, la violencia, al mal varios son los teóricos que lo explican, entre ellos: Freud, Fromm y el filósofo alemán Rüdiger Safranski. El mal, la aberración, la violencia, son precios a pagar por la libertad esa condena que nos define diría Sartre.
Durante el viaje en busca de la libertad unos se convierten en asesinos, déspotas, otros simplemente arremeten contra sus cuerpos en un masoquismo exacerbado. Existen algunos que vierten sus demonios en una hoja en blanco, sobre un lienzo, una piedra, una partitura, son los que luego llamamos “artistas malditos”; estos se asesinan tantas veces, beben su propia sangre, todo lo avasallan a su paso y no existe edificación humana, ni refugio que quede en pie ante su presencia.
Esta es la presentación de un hombre así, un hombre y su obra, envuelto en su propio infierno, demonio de sí mismo, ceñido también por las camisas de fuerza de los manicomios: “El loquero sabe el sabor de mi orina/ y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas…” nos cuenta en uno de sus textos y uno queda hechizado por los tormentos y la belleza de su estética sombría.
Por medio de sus palabras e imágenes logra traducir lo mejor y lo peor de lo humano, del mundo que nos rodea que al final no resulta ser otra cosa que un manicomio. Como dijera el mismo Panero en un documental realizado por los cantantes españoles Enrique Bunbury y Carlos Ann: “Sois vosotros los que estáis en la cárcel, yo no” mientras se cerraban las puertas del hospital psiquiátrico. La dicotomía adentro/afuera, para los que gustan de Derrida, queda descentrada y la libertad se convierte en una condena: estamos condenados a ser libres y la libertad nos condena a desplazarnos sobre un espacio vacío, carente de significado, algunos llamarían a esto “Posmodernidad”, otros la cotidianidad de la vida.
Miembro de un linaje maldito
De la estirpe de: Mallarmé, Van Gogh, Cézanne, Baudelaire, Vallejo, Bukowski, Rimbaud, Virginia Wolf, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, entre otros y otras, el camino hacia la nada, en la vida de Panero comenzó en su familia. Una familia de letras y arte, una familia maldita teñida de fascismo no podía más que condenar a todos sus miembros.
Nacido en 1948 en Madrid, es el segundo de tres hermanos, el mayor también poeta Juan Luis y el menor Michi, escritor sin libros ya fallecido. Su padre fue la voz poética oficial del franquismo, miembro de la Falange Española y su madre cuyo irónico nombre fue Felicidad internó a Leopoldo por primera vez en un psiquiátrico a los 19 años tras su primer intento de suicidio. La familia Panero cruzada por intelectuales, fue uno de los puntos importantes de la cultura franquista, a la muerte del padre en 1962 los hijos se enfrentan por ocupar su puesto y sobrevivir a un alcoholismo implacable que este les heredara.
Como en toda familia opresiva el papel de la madre fue contradictorio, en el caso de Leopoldo María ella transcribe sus textos cuando este los recita a los cinco años de edad y también, lo interna en un manicomio por primera vez y lo mantiene allí. “Mi madre me arruinó la vida” dice Panero en “El desencanto” el documental testimonial de Jaime Chávarri, 1976, que fuera un intento de homenaje a la figura del poeta del franquismo y en su lugar se convierte en la fuerza que descorrió el telón que mostró el malditismo de la familia, la hipocresía de un estilo de vida y de una época. Los tres hermanos y la madre muestran así una violencia cruzada de silencios, soledades y sombras; los hijos, igual que la madre, están condenados al ostracismo y la esquizofrenia (en el caso de Leopoldo María) de una sociedad en decadencia. Odios reprimidos entre hermanos, el hijo ausente internado en el psiquiátrico con dos intentos de suicidio, el alcohol, las apariencias, son el eje temático de un documental que muestra en los pocos instantes en los que sale Leopoldo la genialidad del mismo: "En la infancia, vivimos; después, sobrevivimos”. Hemos sido expulsados otra vez del paraíso.
Panero fue militante de grupos de izquierda radical, esto le valió su primera estadía en la cárcel. En 1997 escapa del Manicomio de Mondragón, donde escribió su libro “Poemas del Manicomio de Mondragón”, y se interna voluntariamente en el Manicomio de Tafira en Las Palmas el cual habita hoy día bajo un régimen abierto.
Lo Escatológico y La Nada como centros del mundo
“Me autodestruyo para saber que soy yo y no todos los demás”, subraya en una entrevista cuando se le preguntó acerca de sus intentos de suicidio y de sus continuas reclusiones en los sanatorios. Lúcido dentro de sus alucinaciones, intelectual consumado, es uno de los poetas más brillantes de los últimos 30 años en España y el más trasgresor, ya a los 5 años deslumbraba a Dámaso Alonso con sus textos, de ahí a escuchar las voces de los grandes autores en su cabeza mediaron algunos años y la muerte, la familia, el ocaso de una sociedad y el mundo que a todos aprisiona. Sin más válvulas de escape que el acto creador, Panero se entregó completamente a sus demonios, visto socialmente como un loco su conciencia está justificada y oculta tras las múltiples dosis de calmantes que necesita para continuar vivo: “El loco yerra, pero no miente. Además tiene la peligrosa manía de decir la verdad”.
La obra de Panero es de una profundidad implacable, crítico deslumbrante de la realidad española, su poesía es el frente de batalla contra la sociedad que lo condena y ensalza. Alcohólico incurable como Poe, no existen drogas que no hayan hecho catarsis en su cuerpo, los pocos meses que ha pasado fuera de los centros psiquiátricos se convirtieron en un rodar por pensiones inmundas y experimentos con las drogas. Su mente es un campo de batalla entre los fantasmas que lo rodean y el enorme conocimiento que almacena, no solo de literatura, es capaz de citar de memoria sus poemas, entre otros también lo hace con textos de Neruda, Parra, Bukowski, Mallarmé de su padre, Rimbaud, Baudelaire, en el idioma que ha cada autor corresponde.
Posee una comprensión envidiable sobre el acto creativo, y es un crítico de la psiquiatría moderna, por más paradójico que suene, pero la vida es así, una paradoja en la cual nos encontramos en medio y de vez en cuando podemos rasgar las palabras de un poema suyo, o comprender el dolor de la locura y la ausencia. Su obra sobrepasa la veintena de libros de poesía, además de los de prosa y ensayo. “Está escrito que voy a suicidarme algún día, pero por ahora no”, sentenció en una entrevista del 2005 durante su estadía en Chile invitado por la Universidad Finis Térrea; es el peso que cuelga sobre su alma, mucha gente desea su muerte, incluyéndose, pero su enfrentamiento con el lenguaje, esa constante aniquilación del silencio que logra con la poesía, esa modificación de la realidad con las imágenes controversiales y llenas de vigor de sus textos lo mantienen de pie aún a pesar de la muerte y de la vida.
Alienada en la soledad la poesía de Panero ronda lo tenebroso, lo sobrepasa, se convierte en una estética violenta, honesta, La Nada se pasea por sus libros como una constante. Dentro de su análisis no existe nada que nos sostenga sobre el abismo porque toda creación humana se magnifica gracias a La Nada y queda reducida a ella. En uno de sus textos llamado “La monja atea”, los cristianos lloran cuando el Papa denosta la existencia de Dios y lo reduce a una creación de la Iglesia y los ateos lloran condenados frente a una estatua, la estatua de La Nada, que sin Dios, se apodera irremediablemente del mundo y de las almas de los seres humanos.
No es la existencia o inexistencia de un poder divino lo que se sufre en sus textos, es más bien que a pesar de ello la nada todo lo inunda, el descentramiento, el caos, las armas de la soledad que ni siquiera el amor o los otros pueden curar. Así la existencia y lo humano quedan reducidos a lo escatológico como manifestación de la impotencia divina y reflejo de la misma; la imagen y semejanza no radica en la grandeza, sino en lo inmundo, en lo biológico, lo natural. Esta interpretación de Panero sobre la realidad, nos hiere constantemente al ver que una vez regodeados en la grandeza humana, una vez conquistado el espacio, el horror vacui se apodera de todo, reina el silencio, la desesperación.
En sus páginas encontramos la capacidad destructiva del lenguaje, desde la ternura de poesía amorosa, hasta las diatribas misóginas de un hombre con tendencias masoquistas, la muerte, la podredumbre de la belleza y del status quo, sus palabras son un ataque frontal contra España, la modernidad, la posmodernidad, la tradición. La lectura de su poesía no es una mera recomendación estética, mucho menos literaria, es un tributo a lo humano, la impotencia, la erudición, a las sombras de un genio combativo que niega y nos hace testigos de su caída. La obra de Panero es un sumergirnos en la vida, un tributo a la belleza, al amor, a lo pestilente; ante todo es una lectura de la sociedad moderna cuyo afán de canibalizar todo ritual termina por reducirnos en una mercancía, su lectura es un tributo a la inteligencia y al corazón que luchan por no quedar perdidos en una existencia absurda.
Este poeta miembro de los jinetes que anuncian el fin es la vigencia de un pensamiento mordaz que nos ayuda a vislumbrar una luz, la luz que debemos arrancar de las sombras poniendo en riesgo nuestras vidas:
Suave como el peligro atravesaste un díacon tu mano imposible la frágil medianochey tu mano valía mi vida, y muchas vidasy tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vidaporque eras suave como el peligro,como el peligro de vivir de nuevo.
Tomado de "Last night together" 1980
El hombre que mató a Leopoldo María Panero*(The man who shot Leopoldo María Panero)
Mi querido amigo Javier Barquín siempre creerá que fue él quien mató a Leopoldo María Panero. Pero eso no es cierto. Nadie tenía entonces valor para hacerlo. El sujeto tenía aterrorizada a toda la ciudad. Había raptado a varias mujeres y amenazaba con torturarlas. Así que esa tarde me decidí, fui a la armería de Jim y compré un revólver calibre 45. En el momento en que Leopoldo María Panero estaba intentando extorsionar una vez más a Javier Barquín, yo disparé desde lejos. Como Javier había sacado también una pequeña pistola, supuso haber sido él quien hiciera justicia. Toda su vida creerá que fue él quien mató a Leopoldo María Panero. Pero no fue así. Yo soy el hombre que mató a Leopoldo María Panero.
*Relato extraído del libro Tres historias de la vida real, Panero (1981).
Por Jonatan Lépiz Vega
…y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa
Leopoldo María Panero
“La idea es perderse, si no te vuelven loco”. (Eurípides)
Existe indudablemente una propensión a lo aberrante, la violencia, al mal varios son los teóricos que lo explican, entre ellos: Freud, Fromm y el filósofo alemán Rüdiger Safranski. El mal, la aberración, la violencia, son precios a pagar por la libertad esa condena que nos define diría Sartre.
Durante el viaje en busca de la libertad unos se convierten en asesinos, déspotas, otros simplemente arremeten contra sus cuerpos en un masoquismo exacerbado. Existen algunos que vierten sus demonios en una hoja en blanco, sobre un lienzo, una piedra, una partitura, son los que luego llamamos “artistas malditos”; estos se asesinan tantas veces, beben su propia sangre, todo lo avasallan a su paso y no existe edificación humana, ni refugio que quede en pie ante su presencia.
Esta es la presentación de un hombre así, un hombre y su obra, envuelto en su propio infierno, demonio de sí mismo, ceñido también por las camisas de fuerza de los manicomios: “El loquero sabe el sabor de mi orina/ y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas…” nos cuenta en uno de sus textos y uno queda hechizado por los tormentos y la belleza de su estética sombría.
Por medio de sus palabras e imágenes logra traducir lo mejor y lo peor de lo humano, del mundo que nos rodea que al final no resulta ser otra cosa que un manicomio. Como dijera el mismo Panero en un documental realizado por los cantantes españoles Enrique Bunbury y Carlos Ann: “Sois vosotros los que estáis en la cárcel, yo no” mientras se cerraban las puertas del hospital psiquiátrico. La dicotomía adentro/afuera, para los que gustan de Derrida, queda descentrada y la libertad se convierte en una condena: estamos condenados a ser libres y la libertad nos condena a desplazarnos sobre un espacio vacío, carente de significado, algunos llamarían a esto “Posmodernidad”, otros la cotidianidad de la vida.
Miembro de un linaje maldito
De la estirpe de: Mallarmé, Van Gogh, Cézanne, Baudelaire, Vallejo, Bukowski, Rimbaud, Virginia Wolf, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, entre otros y otras, el camino hacia la nada, en la vida de Panero comenzó en su familia. Una familia de letras y arte, una familia maldita teñida de fascismo no podía más que condenar a todos sus miembros.
Nacido en 1948 en Madrid, es el segundo de tres hermanos, el mayor también poeta Juan Luis y el menor Michi, escritor sin libros ya fallecido. Su padre fue la voz poética oficial del franquismo, miembro de la Falange Española y su madre cuyo irónico nombre fue Felicidad internó a Leopoldo por primera vez en un psiquiátrico a los 19 años tras su primer intento de suicidio. La familia Panero cruzada por intelectuales, fue uno de los puntos importantes de la cultura franquista, a la muerte del padre en 1962 los hijos se enfrentan por ocupar su puesto y sobrevivir a un alcoholismo implacable que este les heredara.
Como en toda familia opresiva el papel de la madre fue contradictorio, en el caso de Leopoldo María ella transcribe sus textos cuando este los recita a los cinco años de edad y también, lo interna en un manicomio por primera vez y lo mantiene allí. “Mi madre me arruinó la vida” dice Panero en “El desencanto” el documental testimonial de Jaime Chávarri, 1976, que fuera un intento de homenaje a la figura del poeta del franquismo y en su lugar se convierte en la fuerza que descorrió el telón que mostró el malditismo de la familia, la hipocresía de un estilo de vida y de una época. Los tres hermanos y la madre muestran así una violencia cruzada de silencios, soledades y sombras; los hijos, igual que la madre, están condenados al ostracismo y la esquizofrenia (en el caso de Leopoldo María) de una sociedad en decadencia. Odios reprimidos entre hermanos, el hijo ausente internado en el psiquiátrico con dos intentos de suicidio, el alcohol, las apariencias, son el eje temático de un documental que muestra en los pocos instantes en los que sale Leopoldo la genialidad del mismo: "En la infancia, vivimos; después, sobrevivimos”. Hemos sido expulsados otra vez del paraíso.
Panero fue militante de grupos de izquierda radical, esto le valió su primera estadía en la cárcel. En 1997 escapa del Manicomio de Mondragón, donde escribió su libro “Poemas del Manicomio de Mondragón”, y se interna voluntariamente en el Manicomio de Tafira en Las Palmas el cual habita hoy día bajo un régimen abierto.
Lo Escatológico y La Nada como centros del mundo
“Me autodestruyo para saber que soy yo y no todos los demás”, subraya en una entrevista cuando se le preguntó acerca de sus intentos de suicidio y de sus continuas reclusiones en los sanatorios. Lúcido dentro de sus alucinaciones, intelectual consumado, es uno de los poetas más brillantes de los últimos 30 años en España y el más trasgresor, ya a los 5 años deslumbraba a Dámaso Alonso con sus textos, de ahí a escuchar las voces de los grandes autores en su cabeza mediaron algunos años y la muerte, la familia, el ocaso de una sociedad y el mundo que a todos aprisiona. Sin más válvulas de escape que el acto creador, Panero se entregó completamente a sus demonios, visto socialmente como un loco su conciencia está justificada y oculta tras las múltiples dosis de calmantes que necesita para continuar vivo: “El loco yerra, pero no miente. Además tiene la peligrosa manía de decir la verdad”.
La obra de Panero es de una profundidad implacable, crítico deslumbrante de la realidad española, su poesía es el frente de batalla contra la sociedad que lo condena y ensalza. Alcohólico incurable como Poe, no existen drogas que no hayan hecho catarsis en su cuerpo, los pocos meses que ha pasado fuera de los centros psiquiátricos se convirtieron en un rodar por pensiones inmundas y experimentos con las drogas. Su mente es un campo de batalla entre los fantasmas que lo rodean y el enorme conocimiento que almacena, no solo de literatura, es capaz de citar de memoria sus poemas, entre otros también lo hace con textos de Neruda, Parra, Bukowski, Mallarmé de su padre, Rimbaud, Baudelaire, en el idioma que ha cada autor corresponde.
Posee una comprensión envidiable sobre el acto creativo, y es un crítico de la psiquiatría moderna, por más paradójico que suene, pero la vida es así, una paradoja en la cual nos encontramos en medio y de vez en cuando podemos rasgar las palabras de un poema suyo, o comprender el dolor de la locura y la ausencia. Su obra sobrepasa la veintena de libros de poesía, además de los de prosa y ensayo. “Está escrito que voy a suicidarme algún día, pero por ahora no”, sentenció en una entrevista del 2005 durante su estadía en Chile invitado por la Universidad Finis Térrea; es el peso que cuelga sobre su alma, mucha gente desea su muerte, incluyéndose, pero su enfrentamiento con el lenguaje, esa constante aniquilación del silencio que logra con la poesía, esa modificación de la realidad con las imágenes controversiales y llenas de vigor de sus textos lo mantienen de pie aún a pesar de la muerte y de la vida.
Alienada en la soledad la poesía de Panero ronda lo tenebroso, lo sobrepasa, se convierte en una estética violenta, honesta, La Nada se pasea por sus libros como una constante. Dentro de su análisis no existe nada que nos sostenga sobre el abismo porque toda creación humana se magnifica gracias a La Nada y queda reducida a ella. En uno de sus textos llamado “La monja atea”, los cristianos lloran cuando el Papa denosta la existencia de Dios y lo reduce a una creación de la Iglesia y los ateos lloran condenados frente a una estatua, la estatua de La Nada, que sin Dios, se apodera irremediablemente del mundo y de las almas de los seres humanos.
No es la existencia o inexistencia de un poder divino lo que se sufre en sus textos, es más bien que a pesar de ello la nada todo lo inunda, el descentramiento, el caos, las armas de la soledad que ni siquiera el amor o los otros pueden curar. Así la existencia y lo humano quedan reducidos a lo escatológico como manifestación de la impotencia divina y reflejo de la misma; la imagen y semejanza no radica en la grandeza, sino en lo inmundo, en lo biológico, lo natural. Esta interpretación de Panero sobre la realidad, nos hiere constantemente al ver que una vez regodeados en la grandeza humana, una vez conquistado el espacio, el horror vacui se apodera de todo, reina el silencio, la desesperación.
En sus páginas encontramos la capacidad destructiva del lenguaje, desde la ternura de poesía amorosa, hasta las diatribas misóginas de un hombre con tendencias masoquistas, la muerte, la podredumbre de la belleza y del status quo, sus palabras son un ataque frontal contra España, la modernidad, la posmodernidad, la tradición. La lectura de su poesía no es una mera recomendación estética, mucho menos literaria, es un tributo a lo humano, la impotencia, la erudición, a las sombras de un genio combativo que niega y nos hace testigos de su caída. La obra de Panero es un sumergirnos en la vida, un tributo a la belleza, al amor, a lo pestilente; ante todo es una lectura de la sociedad moderna cuyo afán de canibalizar todo ritual termina por reducirnos en una mercancía, su lectura es un tributo a la inteligencia y al corazón que luchan por no quedar perdidos en una existencia absurda.
Este poeta miembro de los jinetes que anuncian el fin es la vigencia de un pensamiento mordaz que nos ayuda a vislumbrar una luz, la luz que debemos arrancar de las sombras poniendo en riesgo nuestras vidas:
Suave como el peligro atravesaste un díacon tu mano imposible la frágil medianochey tu mano valía mi vida, y muchas vidasy tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vidaporque eras suave como el peligro,como el peligro de vivir de nuevo.
Tomado de "Last night together" 1980
El hombre que mató a Leopoldo María Panero*(The man who shot Leopoldo María Panero)
Mi querido amigo Javier Barquín siempre creerá que fue él quien mató a Leopoldo María Panero. Pero eso no es cierto. Nadie tenía entonces valor para hacerlo. El sujeto tenía aterrorizada a toda la ciudad. Había raptado a varias mujeres y amenazaba con torturarlas. Así que esa tarde me decidí, fui a la armería de Jim y compré un revólver calibre 45. En el momento en que Leopoldo María Panero estaba intentando extorsionar una vez más a Javier Barquín, yo disparé desde lejos. Como Javier había sacado también una pequeña pistola, supuso haber sido él quien hiciera justicia. Toda su vida creerá que fue él quien mató a Leopoldo María Panero. Pero no fue así. Yo soy el hombre que mató a Leopoldo María Panero.
*Relato extraído del libro Tres historias de la vida real, Panero (1981).






10 comentarios:
Muy bueno, muy literato, a costas de la justicia?
"Yo soy el hombre que mató a Leopoldo María Panero."
Que poder! Eso es microficción de verdad, con la potencia de los mejores poemas.
notable coincidencia o bella coincidencia, subiste una biografía de un poeta que de la locura ha hecho emerger una obra y nosotras de otro poeta (Fijman,ya fallecido) que penó toda su vida por neuropsiquiátricos y creó también una obra trascendente.
Malditos? yo creo que son seres excepcionales, que a pesar de sus miserias, pudieron sostener con la palabra, un impulso vital.
Panero, Fijman, Artaud, todos los que nombraste, nos han dejado algo, a costa de su propia vida, de su cuerpo. Y les agradezco.
Un abrazo
Lilián
No fue un loco más bien un adelantado, un profeta visionario de las letras.
Descanse en paz.
Saludos.
voy a leerlo. bessossss
voy a leerlo. bessossss
Por fin tengo el placer de leer un artículo de Lépiz. Llama la atención la exaltación, en la misma línea, del amor y la pestilencia. Es cierto, entonces, que la belleza será horrenda o no será (dixit Dalí).
Crear desde el precipicio, como lo hace Panero, es Crear, con mayúscula, porque cada palabra es un campo minado.
me senté a leer a panero toda la tarde. como tarea de lunes.
pucha sentenciero, me dejó con la boca abierta..., cada palabra es un campo minado
Hola amigo Lite! ¿Qué tal te va?
Pásate por nuestro blog y llévate una sorpresa agradable. Besos multicolores
Qué excelente
Sólo literófilo nos puede acercar a Panero
y que post!!!+
Chapó para vos,amigo!!
Publicar un comentario en la entrada