
Situada en el Chile de los ochenta donde Pinochet era rey y señor, la novela de Pedro Lemebel es una de las notables novelas escritas por un travestí, tanto que el personaje principal es uno de ellos: La loca de en Frente, quien se enamora perdidamente de un joven revolucionario que lucha desde la clandestinidad contra la tirana dictadura de Pinochet, llamado únicamente como Carlos; al parecer metáfora generalizada de la juventud de los ochenta en Chile. Una novela escrita con un lenguaje que podría decirse urbano barroco, lleno de chilenismos, un lenguaje en síntesis desparpajado y divertido. La novela posee una fluidez frenética desde su inicio hasta el final, con un tono que va desde la cruda ironía hasta la reflexión política y social. Claramente se puede vislumbrar a Lemebel reencarnado en el personaje de La Loca de en frente, un trasvertí alegre, que parece ajeno a la convulsionada vida política de Santiago, y que pasa coreando canciones populares. Pero La Loca de en Frente forma parte de otros travestís que cumplen un papel sencillo: ser ellos mismos; por suerte Lemebel como trasvertí que es, no cae en divagaciones ni estudios de los travestís, no los culpa ni los estudia, sino más bien y paradójicamente se burla de ellos y por consiguiente se burla de si mismo, sin embargo, los travestís que van apareciendo en la novela son seres alegres, miserables pero entusiastas de tiempos mejores, enclaustrados en años oscuros para América Latina. Carlos el otro personaje principal, es un muchacho revolucionario sin prejuicios que se deja enamorar por La Loca de en Frente, quien para ello van hilvanando detalles con tal de enamorar a su querido niño, como para mencionar uno de ellos: La loca de en Frete le celebra el natalicio del muchacho a la manera cubana, creyendo así agradarle –por que el sueño de Carlos es ir a vivir a Cuba-, de modo que siguiendo los reglamentos de la celebración cubana invita a todos los niños del barrio a su casa, en donde esperaran a Carlos, en esta parte de la historia el irreverente Lemebel le da paso a una desconocida ternura hasta esa altura de la novela, al describir el comportamiento de los niños y los de su madre; todos de clase baja. La novela esta apoyada en su construcción en los boletines de prensa, que La Loca de en Frente escucha de la emisora Radio Cooperativa, en donde se va enterando de lo que acontece en ese mundo ajeno para él/ella, que mas delante de “Tengo Miedo Torero” formará parte preponderante. Un personaje tan bien perfilado resulta La Loca de en Frente, que el lector llega olvidarse que se trata de un hombre, salvo cuando entre los mismos travestís llegan a pelearse y sacan, a modo de ofensa, su masculinidad. “Tengo miedo Torero”, puede decirse que esta divida en dos partes sutilmente propuestas por Pedro Lemebel: la primera parte, llena de corrosivo humor y pequeños roces sentimentales y coqueteos entre Carlos y La loca de en Frente, y la segunda parte, donde el drama y la reflexión ahondan, y donde también Pinochet parece como personaje (bastante caricaturizado por la pluma de Lemebel) tanto que uno llegar a ver al todo poderoso dictador como un mero bufón de su mujer, pese a las situaciones de drama y de tensión descritas por el autor, no deja de lado el humor negro. En esta segunda parte, la narración y la estructuración lineal de la novela se rompe para dar paso a un collage narrativo, donde tanto La Loca de en Frente y Carlos juegan un papel preponderante al lado de Pinochet, todo descrito paralelamente, lo cual un lector poco hábil puede llegarlo a confundir. La Loca de en Frente llega a un punto de amor por el muchacho que le da asilo en su casa –lo único que tiene- para que su amado Carlos preparare un ataque a la comitiva donde viaja Pinochet pero falla, dando así paso a una frenética persecución que se desata en todos los barrios de Santiago, por ello Carlos desaparece, y a los días una amiga del partido al que pertenece Carlos, da aviso a La Loca de en Frente de abandonar la casa, dado que el ejercito anda rebuscando indicios que los puedan llevar hasta los responsables. La loca emprende una huida, sin céntimo alguno solo amparada bajo la promesa que sus gastos y necesidades serán sufragados por el partido a que Carlos pertenece, y sin tener la noción dónde la llevarían. Termina en Viña del mar, acá una descripción notable por parte de Lemebel:
“Viña del mar apareció de pronto en un recodo con sus
mansiones mediterráneas. La Loca de enfrente nunca había estado en ese balneario
de turistas y gente linda. Pero esa época y a esa hora de la mañana, solamente
se veían empleadas domesticas haciendo compras, estudiantes rubios con sus
uniformes de colegios católicos, mas alguna anciana invalida tomando fresco en
las pérgolas jazmineras de los palacetes. Se parece a un película antigua de la
costa francesa, pensó ella (…)”
El reencuentro de Carlos y La Loca de en Frente, termina siendo inevitable y un tanto romántico como ingenuo (adrede por Pedro Lemebel), pese a que Carlos sabe que ella es él pero la nobleza del muchacho va mas allá de cualquier prejuicio dado que el termina viendo en La Loca de en Frente el ser humano que es, independientemente del sexo El gran triunfo de “Tengo Miedo Torero” radica en la frontalidad de la escritura, no es una novela retórica ni lírica. Otro punto alto que el lector notará es la autenticidad de quien la cuenta y en la credibilidad que brinda a raíz de ello, pese a que es en su estructura, una novela experimental, no parece serlo a simple vista. Lemebel muestra que después de todo en Chile hay buena prosa, mas allá de los José Donoso sin duda, “Tengo Miedo Torero”, es altamente recomendable y es literatura de calidad de esas que lamentablemente estan en las librerias detras de un libro de Isabel Allende.
Nota de contraportada del libro:
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