
Desde niño siempre tuve esa pasión por los cómics, esa pasión que nos hace bichos raros. Recuerdo quien me la inculcó fue mi hermano mayor. Él tiene, incluso, posee entre sus manos una revista que en aquel entonces fue toda una algarabía en el barrio y hoy en día figura en el top cien de los cómics más importantes de la historia: la muerte de Supermán a manos de Doomsday. Mi hermano la protegió tanto que hasta la llegó a forrar en plástico y el vecino compró la secuela post-muerte de Supermán, debíamos esperar quince ansiosos días para ir siguiendo el hilo de aquel singular novelón. Luego cuando la fiebre de las revistas de Supermán pasó, mi hermano maduró en gustos, y compró durante un tiempo una revista que me fascinó desde el primer momento en que tomé uno de sus volúmenes: la Metal Hurlant, una participación franco- española.
Aquella revista es de culto en Europa tanto por su calidad gráfica, como literaria. Me divertía montones leyendo los personajes de Moebius, y otros dibujantes. Mi hermano lamentablemente compró diez revistas que las guarda como tesoro en el armario del cuarto, y de vez en cuando las hojeo, las considero un material de inspiración literario. A veces echarles una leída me hace encontrar entre líneas a escritores beat, aunque también las temáticas variaban desde viñetas con historias de terror, pasando por la ciencia ficción y terminando en tramas eróticos casi pornográficos.
La novela gráfica ha influenciado tanto a los literatos como Pedro Juan Gutiérrez que aprendió inglés leyendo esos librillos según cuenta, incluso Cortázar se lanzó al agua en ese campo y publicó una novela gráfica titulada: “Fantomas contra los vampiros multinacionales” a todas luces con tintes políticos.
Ahora bien remitiéndonos a los orígenes de lo que puede llamarse novela gráfica surge en los años 60 y 70 como parte de los movimientos que, sobre todo en EE.UU., trataban de dignificar la historieta como medio artístico, frente a su concepción imperante en aquella época como un medio infantil, frívolo o humorístico.
La expresión "graphic novel" ("novela gráfica", en inglés) aparece de la mano con la que podría llamarse la primera novela gráfica titulada "Contrato con Dios", de Will Eisner pionero del genero; dicha historia se trataba de una obra compleja y madura cuyo tema central gravitaba en las vidas de gente normal en el mundo real (similar al de la película premiada en el Festival de Sundance, “American Splendor”) Eisner se sentía orgulloso y la promovió como un género literario pero pronto ante la poca acogida su propia invención lo llegó a aburrir.

Aquella revista es de culto en Europa tanto por su calidad gráfica, como literaria. Me divertía montones leyendo los personajes de Moebius, y otros dibujantes. Mi hermano lamentablemente compró diez revistas que las guarda como tesoro en el armario del cuarto, y de vez en cuando las hojeo, las considero un material de inspiración literario. A veces echarles una leída me hace encontrar entre líneas a escritores beat, aunque también las temáticas variaban desde viñetas con historias de terror, pasando por la ciencia ficción y terminando en tramas eróticos casi pornográficos.
La novela gráfica ha influenciado tanto a los literatos como Pedro Juan Gutiérrez que aprendió inglés leyendo esos librillos según cuenta, incluso Cortázar se lanzó al agua en ese campo y publicó una novela gráfica titulada: “Fantomas contra los vampiros multinacionales” a todas luces con tintes políticos.
Ahora bien remitiéndonos a los orígenes de lo que puede llamarse novela gráfica surge en los años 60 y 70 como parte de los movimientos que, sobre todo en EE.UU., trataban de dignificar la historieta como medio artístico, frente a su concepción imperante en aquella época como un medio infantil, frívolo o humorístico.
La expresión "graphic novel" ("novela gráfica", en inglés) aparece de la mano con la que podría llamarse la primera novela gráfica titulada "Contrato con Dios", de Will Eisner pionero del genero; dicha historia se trataba de una obra compleja y madura cuyo tema central gravitaba en las vidas de gente normal en el mundo real (similar al de la película premiada en el Festival de Sundance, “American Splendor”) Eisner se sentía orgulloso y la promovió como un género literario pero pronto ante la poca acogida su propia invención lo llegó a aburrir.

Hoy en día los límites del término inventado por Eisner aún no están claramente establecidos y con frecuencia se utiliza para obras que no reúnen todas estas características. También ha llegado a abarcar obras que tienen poco o nada que ver con la corriente, esto se debe a motivos comerciales (obviamente como todo hoy en día) o de prestigio; así, la consideración de una obra como novela gráfica es muchas veces muy subjetiva y ambigua. Pero eso no ha detenido, ni detendrá a Hollywood que sigue llevado a la gran pantallas películas basadas en novelas gráficas, como Sin City y 300 de Fran Miller, V de Venganza una colaboración de Alan Moore y David Lloyd , y Una Historia Violenta de John Wagner.
La novela gráfica en estos días corre el peligro -lastimosamente- de encasillarse como un gancho meramente comercial y la calidad que poseyó desde sus inicios se diluya para dar paso a los intereses comerciales.
Pero con todo esto y siendo objetivos, y viendo el declive tan atroz por el que cruza Hollywood, las grandes firmas cinematográficas seguirán buscando en la novela gráfica y hasta en la literatura, historias que contar pese a poseer entre sus filas a guionistas tan talentosos como Charlie Kaufman. Creo que es mejor ir ver en el cine una película comercial basada en una Graphic Novel que no el refrito de alguna película de antaño, o peor, aun seguir viendo las secuelas de Rocky o Scary Movie. ¿A quién no le gustó Una Historia Violenta?
A todo esto sigo creyendo que la novela gráfica es literatura también, una literatura diferente, extraña y entretenida, bastarda de la Academia y también de los suecos, pero literatura al fin, y si analizamos de pronto podría ser un gancho para los lectores perezosos que hoy abundan.
Todavía guardo la esperanza de que la novela gráfica ocupe un lugar respetable y que nuestras futuras generaciones se adentren en la literatura por medio de un cómic book basado en Cien años de Soledad, Viaje al Fin de la Noche, o Crimen y Castigo.
¿Por qué no?
La novela gráfica en estos días corre el peligro -lastimosamente- de encasillarse como un gancho meramente comercial y la calidad que poseyó desde sus inicios se diluya para dar paso a los intereses comerciales.
Pero con todo esto y siendo objetivos, y viendo el declive tan atroz por el que cruza Hollywood, las grandes firmas cinematográficas seguirán buscando en la novela gráfica y hasta en la literatura, historias que contar pese a poseer entre sus filas a guionistas tan talentosos como Charlie Kaufman. Creo que es mejor ir ver en el cine una película comercial basada en una Graphic Novel que no el refrito de alguna película de antaño, o peor, aun seguir viendo las secuelas de Rocky o Scary Movie. ¿A quién no le gustó Una Historia Violenta?
A todo esto sigo creyendo que la novela gráfica es literatura también, una literatura diferente, extraña y entretenida, bastarda de la Academia y también de los suecos, pero literatura al fin, y si analizamos de pronto podría ser un gancho para los lectores perezosos que hoy abundan.
Todavía guardo la esperanza de que la novela gráfica ocupe un lugar respetable y que nuestras futuras generaciones se adentren en la literatura por medio de un cómic book basado en Cien años de Soledad, Viaje al Fin de la Noche, o Crimen y Castigo.
¿Por qué no?
*Nota de pie de página: El escritor chileno Alberto Fuguet también incursionó en la novela gráfica.
Texto publicado en el Semanario Universidad.
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