El escritor costarricense presentó su nueva obra el pasado martes en el Instituto México.
Me enteré de la obra de Heriberto Rodríguez a través del primer libro suyo que me cayó en las manos, Las cosas que nunca te dije, publicado por la editorial de la Universidad Estatal a Distancia allá por el 2003. Más adelante leí su novela Archipiélago (Editorial Costa Rica 2008) y empecé a vislumbrar mejor el mundo literario de este escritor liberiano y liguista. En ambos textos encontré elementos (haciendo acopio de la memoria) que Rodríguez mantiene aún vigentes pero que en este nuevo trabajo redondean su significado, al menos para mí. Previamente no había logrado traducir dos etiquetas que ahora en Atrapainsomnios (Editorial Lanzallamas) logro dilucidar con claridad: El desenfado y el sexo como catalizador de ansias. En este nuevo cuentario que nos presenta el autor ambos elementos vuelven a toparse convirtiéndose en el leiv motif de la obra; unos más largos que otros, valga la aclaración.
Los veinte relatos reunidos en este cuentario están amparados por una prosa sofisticada (muy particular para el medio literario del país, sin que eso quiera decir que detrás de ella haya una imposición ficticia o forzada) y que da un rasgo marcado a la obra de Heriberto; me atrevo a decir que es como su huella dactilar. Rodríguez bajo la sombra del desenfado gusta de jugar con el mundo pop y la literatura, porque Heriberto parece no tomarse muy en serio eso de ser escritor, pese a que muy en el fondo lo toma muy en serio, sino que lo diga la calidad de su más reciente obra. En el cuentario se nos muestra a un escritor cosmopolita, un atleta de las aduanas, un sobrecargo que de allí saca sus historias, un hombre de mundo. Es en este punto donde me centraré porque fue lo que me llamó más poderosamente la atención.
Una muestra de ello es el texto que da la bienvenida, "Bonn o yo derribé el muro de Berlin", el cual tuve el placer de leer a través del blog que mantiene Heriberto. Es la historia en la que un costarricense, o mejor para que quede en claro, un liberiano, se ve enfrascado en la Alemania del muro donde está estudiando. Son estas las peripecias de un yo narrador que a pesar de vérselas un poco difícil en un Berlín convulso mantiene una frialdad para pensar y darle ese pellizco a la vida.
Para seguir rastreando esas pistas de hombre cosmopolita podemos leer pocos cuentos después "Héroe en Roma". En este relato en particular aflora esa sensación de horas vuelo que Heriberto pone a disposición de su literatura. La atmosferización con la que describe Heriberto la capital italiana es realmente notable (tal y como sucediera en el caso de "Bonn..."). Este relato más parece un ensayo, muy a lo Bolaño, en el entendido de que a lo largo del libro el lector no sabrá si lo que cuenta Heriberto es ficción o realidad. En la mayoría de los cuentos de Atrapainsomnios el narrador cuestiona todo haciendo de esas disgregaciones filosóficas las tramas de las historias que componen este cuentario, sin que eso desmerite las historias de Heriberto, que son entretenidas e ingeniosas.
Es en "Un Paria en Paris" donde queda demostrado que Heriberto no se toma en serio la literatura (como decía recién) pero a la vez nos guiña un ojo: “Todas las mañanas como si fuera a una de las minas crueles de los cuentos de Baldomero Lillo me adentraba lento en el suebsuelo de París (bah, eso de la literatura como referente para la vida es una mierda, se lo digo yo)". En este relato Heriberto nos descarna ese paisaje idílico de un Paris de ensueño y nos muestra a la ciudad de las luces como una ciudad europea con sus grandes mezclas étnicas donde se disputan la supervivencia propios y extraños con otras culturas minoritarias.
"Irun" es lo que podría definirse como un road history donde el autor sigue jugueteando con ese aire cosmopolita que posee esta colección donde nacionalidades de todo tipo se topan, se cruzan en una ciudad (en este caso en un tren, otras veces en Paris, o en la habitación de un internado universitario en Berlin). Irún es un cuento corto de una sola página como muchos de los cuentos compilados en Atrapainsomnios, pero que no por su brevedad deja de ser un cuento con mucha calidad.
El otro tema importante que sirve de sustento a Atrapainsomnios es el sexo que no obstante se aborda con la sutileza de un galán que coquetea con su mujer. Heriberto hace lo mismo pero con el lector y desliza por entre las líneas de este cuentario ese erotismo bien particular, es decir, el sexo de Heriberto, el sexo literario, no es explícito como sucede en el caso de algunos imitadores de Bukowsky que abundan en el país. Aquí más bien constatamos el placer que le produce al autor la sola idea de escribir al respecto y lo deja en claro cuando se leen estos relatos. Por citar ejemplos de cuentos con contenido sexual podría referir a "El pudor de las Ninfomanas", "Cuestión de vida o muerte" y "La última Erección".
Curiosamente el cuento "Las tráqueas" (que es el más largo del cuentario) rompe un poco con los lineamientos de los otros relatos. El texto no solo se diferencia por su extensión sino además por la temática. Pese a que el título es poco sugerente, es un cuento donde Heriberto Rodríguez despliega con argumentos sólidos la calidad de su prosa, y de su talento. Encontramos aquí descripciones detalladas en conflictos más cotidianos, más cercanos y menos cosmopolitas, donde gringos con intereses sórdidos, taxis piratas, bares de mala dedicados al karaoke y el Guaro Cacique se confabulan para contarnos una historia que terminada su lectura deja inevitablemente al lector con una sonrisa ya sea por complicidad, burla o cínica culpa.
Con Atrapainsomnios Heriberto Rodríguez se coloca en esa primera división de escritores a tomar en cuenta en nuestro país. En lo personal considero que debería desde ya empezar a correr una mejor suerte fuera de nuestras fronteras, este libro deberían de leerlo con atención los jurados del premio nacional Aquileo J. Echaverría porque huele a premio, opinión no obstante muy personal.