miércoles, noviembre 11, 2009

ANDRÉS NEUMAN



Andrés Neuman habla de su novela premiada, "El viajero que huye", Premio de novela Alfaguara 2009. Proximamente la presentará en el Instituto México.

domingo, octubre 25, 2009

DE ACUERDO CON USTED VARGAS LLOSA...


Es, pues, en función de lo que cuenta que una escritura es eficiente o ineficiente, creativa o letal. Quizás debamos comenzar, para ir ciñendo los rasgos del estilo, por eliminar la idea de corrección. No importa nada que un estilo sea correcto o incorrecto; importa que sea eficaz, adecuado a su cometido, que es insuflar una ilusión de vida ~de verdad~ a las historias que cuenta.Hay novelistas que escribieron correctísimamente, de acuerdo a los cánones gramaticales imperantes en su época, como Cervantes, Stendhal, Dickens, García Márquez, y otros, no menos grandes, que violentaron aquellos cánones, cometiendo toda clase de atropellos gramaticales y cuyo estilo está lleno de incorrecciones desde el punto de vista académico, lo que no les impidió ser buenos e incluso excelentes novelistas, como Balzac, Joyce, Pío Baroja, Céline, Cortázar y Lezama Lima. Azorín, que era un extraordinario prosista y pese a ello un aburridísimo novelista, escribió en su colección de textos sobre Madrid: «Escribe prosa el literato, prosa castiza, y no vale nada esa prosa sin las alcamonías de la gracia, la intención feliz, la ironía, el desdén o el sarcasmo». Es una observación exacta: por sí misma, la corrección estilística no presupone nada sobre el acierto o desacierto con que se escribe una ficción.
Cartas a un joven novelista. Mario Vargas Llosa.
Muy interesante y no es que me lave las manos, sé que mi estilo no es muy ordenado, pero parafraseo lo que dice sabiamente calle 13: "La Academia se la dejo a España" y sino parafraseando a Maradona: "Que me la sigan chupando".

domingo, octubre 11, 2009

LA PIANISTA



Cuando pienso en Austria se me vienen a la mente los grandes maestros de la música clásica, un país con los rasgos bien marcados producto de su rica historia en general, y también por qué no, prejuicio de uno quizá, su identidad de personas de hielo, nacionalistas, reservadas e intimistas. No obstante la novela La Pianista, y el no la excelente película El Pianista de Roman Polánsky del 2002, (aunque está también tiene película que debo confesar no la he visto) es un libro donde su autora, la premio Nobel, Elfriede Jelinek nos arrebata de los ojos el velo que cualquier lector puede tener de los austriacos, de fríos y reservados, acá el tema gira en tres grandes núcleos que se entrelazan en el desarrollo de la novela: 1. La enfermiza relación de madre e hija, la pianista frustrada Erika Kohut, mujer solterona –salvo para la madre quien la ve como una reencarnación de algún maestro clásico- y que vive en una constante relación amor/odio con su progenitora, una anciana que solo conocemos como “La Madre” una vieja seca que al parecer lo único que tiene en esta vida es su hija la cual la trata como si fuera una niña cuando en realidad es una mujer entrada en años. 2. La Relación de Erika con su estudiante Walter Klemmer, un muchacho lleno de la loca testosterona de la juventud, deseoso de manosear y bucear sexualmente en su profesora a que su juicio y pese a la edad está bien conservada. 3. La forma en cómo Jelinek se burla del legado musical de su país, tal vez rompe con lo que políticamente se sabe de los austriacos: su nacionalismo.

La novela está escrita en un tono sarcástico, cargado de un sutil cinismo de la autora para con sus personajes y el entorno de los mismos. Jelinek no escatima en detalles sórdidos, entre más sórdido mejor tal vez como herramienta para no solo quitar, sino desgarrar y pasarse por donde pueda, el velo de la doble moral, que aparentemente, y según la autora, padecen los austriacos. Erick ontenida de una vida sexual sana es una mujer que en dicho campo es enfermiza, una voyeurista que visita los bares y centros más clandestinos de Viena, en pos de desahogo y ahí la profesora se transforma en una sombra que nadie puede ver por que su reputación de maestra estricta en la enseñanza de la música puede verse perjudicada no para con ella sino para la relación directa con su madre.

En gran parte de la novela, se va entre esos dos bandos, Madre e hija y los fetiches de Ericka que se excita de ver a las personas en el esfuerzo físico que conlleva las relaciones sexuales: el sudor, las expresiones, músculos tensos, todo eso a Erika la excita la estremece pero ni siquiera se desahoga masturbándose;Erika es fría, dura consigo misma, cree que sus genitales son un cumulo de carne podrida e insensible hasta que Walter Klemmer, muchacho atlético característico macho alfa, ingresa en la vida de Erika con una violencia que Erika no espera al grado que ante cada envestida de Walter ella lo deja hacer lo que quiera siempre y cuando respete los limites establecidos por ella por que después de todo es su respetable profesora. Erika sexualmente es una sadomasoquista , un ejemplo de ello es cuando Erika masturba a Walter que cuando está a punto de venirse suelta el pene (o la polla dependiendo la traducción) dejando a medio camino la eyaculación, no obstante le prohíbe vehemente a Walter tocarse, si se llegar a tocar esos encuentros sexuales pueden llegar a su final.

Faltando pocas páginas para que se acabe el libro se viene lo mejor de la novela para mi gusto, Ericka le entrega a Walter una carta, un pedazo de papel que le dará un giro drástico a La Pianista, entre otras cosas la carta viene con directrices claras de practicas masoquistas, concisas:golpear, abofetear, patear y otra serie de indicaciones que sobresaltan a Walter que queda impotente ante tales disparates, lo cuales cree que son parte de una broma.Ericka le ruega que le haga todo eso, el muchacho, todo un caballero inglés, se niega, queda perturbado por semejantes peticiones y ofendido se da a la fuga, el tiempo que pasa es acumulando un odio contra Ericka. Es acá donde lo sórdido cobra un volumen fuerte, olores, casi metaforicos que desnudan la personalidad de Ericka y que nos da una aviso de lo que vendrá pocas páginas más adelante, cuando Ericka y Walter se ven por última vez. Ericka rogando le pide disculpas por la carta, durante un paseo al aire libre se encierran en una especie de bodega en donde Ericka trata de hacerle el sexo oral a Walter como redención, y lo que logra es el desprecio del joven que impulsado por un odio, que se abre paso como un cáncer, mientras Ericka busca la forma de cómo lograr en Waltar una erección, de reactivar su pene muerto en su inmunda (así lo dice el narrador, una especie de testigo sádico) boca, pero nada. Ericka sabe lque eso es producto de la carta, frustrada por no poder redimirse a través del sexo la pianista llega a su casa y se raja con cientos de alfileres brotando sangre, para luego contemplarse al espejo. Por otro lado Walter está contaminado de odio. Al tiempo visita a Ericka que se entusiasma, lo invita a pasar a su casa crreyendo que todo volverá a ser nomal y es acá en para mi gusto que la novela alcanza un punto alto, la prosa se transforma en un río caudaloso y deja ser el lago de aguas tranquilas, o relatado a continuación es perturbador, humano, patético, enternecedor, y la figura de Ericka Kohut toma todos los matices ya antes mencionados, su vieja madre apenas puede aullar al otro lado de la habitación mientras su hija es vapuleada por un Walter Klemmer que sarcástico le reclama que no llore ya que únicamente cumple con lo pedido por Ericka en su carta. De verdad esta narración antes de fin golpea, sacude, estremece y le pone la pie de gallina. Esta novela no es para lectores timoratos, cursis, que pretendan buscar en La Pianista un relato tranquilo y apaciguado está lejos de ser la novela que descansa en la mesita de nocho, puesto que lo que se podrá topar acá no solo es una desenfundada reacción en cadena a raíz de muchos actos enfermizos, donde el pasado no perdona y mete mano desde el fondo del pasillo del tiempo,sino también al ser humano, tal y como es cuando con todas y cada una de las contradicciones que nos hace ser lo que somos. Una novela con aliento universal, sin duda.

PD: Hablando de escritoras europeas bautizadas con el Nobel de Literatura.










viernes, octubre 02, 2009

WATCHMEN

Desde que estaba en los primeros años en el colegio fui un apasionado lector de cómics, tal vez gracias a ellos que me abrieron las puertas para la pasión por la literatura. Hace un tiempo en semanario universidad publicaron un artículo en donde me preguntaba si este nuevo movimiento denominado Novela Gráfica corresponde al mundo propiamente de la literatura y las letras, y ponía como ejemplo a Julio Cortázar que publicó una novela gráfica con tintes altamente políticos, titulada: Fantomas contra los Vampiros Multinacionales, y hace poco observé en la página del escritor chileno Alberto Fuguet promocionar su novela gráfica. Traigo esto a colación por que me tomé la licencia de reseñar Watchmen escrita por Alan Moore y dibujada por Davi Gibbons. Una novela gráfica que con el paso del tiempo ha ido tomando tintes de mito dentro del universo de dicho género literario. La historia es súper interesante, atractiva y dista un poco de los personajes que normalmente el público tienen en mente, de héroes con poderes especiales acá y lo rico de esta novela gráfica es que ninguno, salvo el Doctor Manhattan, poseen cualidades inhumanas sino todo lo contrario, son seres bastante humanos. La historia se desarrolla en el año 1985 cuando la Unión Soviética y los Estados Unidos están a punto de ingresar a una guerra nuclear, según el universo de la propia novela. Con este trasfondo se describe las historias de los súperheroes del presente y el pasado en torno al misterio que gira en torno al asesinato de uno de ellos, El comediante, Edward Blake y a partir de ahí la tensión se enriquece cuando todos tratan de resolver el crimen. Los personajes se ven forzados a enfrentarse con sus conflictos morales y la lucha contra sus propias frustraciones y miedos. De esta manera Watchmen rompe con el arquetipo del personaje enmascarados que no obstante carecen de fortaleza física o algún don en especial, como sí ocurre en los X-Men. Un constante recordatorio que cuestiona su vulnerabilidad es un grafiti que pregunta: "¿Quién vigila a los vigilantes".
Watchmen está dividida en doce capítulos y cada cual empieza con un epígrafe que sirve como puente de conexión entre viñetas y capítulos. Se emplea dentro de los textos el narrador protagonista que no se explota mucho dado que la utilización de los flashback ponen al tanto al lector de lo que pasa, no solos en las situaciones en cada viñeta sino en la personalidad de cada personaje. Las viñetas, a diferencias del cómic normal, su uso en cada página es más prolijo para que de esa forma darle al lector una pista de lo que vendrá a continuación y mantener la atención. Los vigilantes, estuvieron divididos en dos etapas, la inicial, los minutemen estaban compuestos por Búho Nocturno 1, Espectro de Seda 1, Capitán Metrópolis, Justicia Enmascarada, Polilla, Dólar Bill y Silueta, luego llegó la era de los Justicieros que fueron compuestas por El Comediante, Rorschach, Ozimandias, Doctor Manhattan, Espectro de Seda 2 y Búho Nocturno 2. La acción comienza cuando asesinan a Edward Blake alias El Comediante, de esa manera Rorschach inicia una investigación para buscar los culpables que quieren desprestigiar a los Watchmen del presente y el pasado y su labor como los vigilantes del último día para mantener nivelada la tensión entre los Estados Unidos y Rusia. Es entonces en que se da una vertiginosa búsqueda por la verdad. Y algunos personajes van llamando atención tal es el caso de Doctor Manhattan una metáfora del superhombre de Nieztche ya que con dicha condición se halla más allá del bien y del mal, omnipresente, omnisciente pero a pesar de su cualidad casi divina sus errores son tan humanos como el resto de los personajes de los justicieros todo gracias a una accidente científico. El otro que resalta sobre el resto es el Capitán Metrópolis un justiciero del orden perfecto, antiguo minutemen que esta regido por código de ética políticamente correcto, que raya en un visón política conservadora lo mejor y como todo libro es leérsela, y darse cuenta de qué se trata y juzgar. Por esa razón traje a colación esta novela gráfica de culto, que muchos tildan el comic book perfecto. Y lo reseñé por al sencilla razón de que creo que este tipo de movimientos es un nuevo género literario que tarde o temprano y producto de esta era altamente visual formará parte del cuento, ensayo, novela y novela gráfica y tal vez así poder acercar a la literatura a los perezosos.

jueves, septiembre 24, 2009

EL LEGADO DE HUBERT SELBY JUNIOR


El 26 de Abril de este año, Hubert Selby Jr., uno de los genios más despreciados de la literatura americana, dejó de respirar. Probablemente sea Selby también el último de los verdaderos Beats, aquella generación pintada por Jack Kerouac a través de Dean Moriarty en « On the Road » : un grupo de jóvenes implorando su libertad, su búsqueda de lo beatífico, condenados paradójicamente, a una vida casi siempre horrorosa nada envidiable. Jack Kerouac, muerto a los cuarenta y siete años de cirrosis, William Burroughs, adicto veinte años a la heroína y Hubert Selby Jr., condenado a morir desde los diez y ocho años.
Pero Selby Jr. no era un Beat, al menos en el sentido estricto de la palabra. Pocas veces asistió a los encuentros de ese grupúsculo y si bien su búsqueda fue similar, nunca fue la misma. Él siempre fue un marginado, un outsider, un tipo que nunca debió ser escritor, un bueno para nada casi iletrado que murió con los pulmones calcinados. "Obstrucción pulmonar crónica" dice el obituario, ese texto que siempre trata de explicar lo inexplicable: Selby Jr. está muerto, no volverá a desafiar al alfabeto o a los doctores contra los cuales luchó toda su vida.
Así, fue a los dieciocho años que tendría su primer encontronazo con la realidad medical. Habiendo abandonado su casa a los quince para convertirse en marino mercante, un decrépito y enfermo adolescente bajó del barco tres años más tarde en Alemania para ser informado por los doctores que sólo le quedaban unos pocos meses para vivir. Vuelto a los Estados Unidos e ingresado en el Hospital Militar, su tuberculosis dilapidó rápidamente el dinero familiar, costándole a él tres años de cama y diez costillas extraídas de su cuerpo. La droga streptomicina había afectado su visión y audición, incluyendo su oído interno, lo cual lo hacía perder el equilibrio en la oscuridad. Para colmo, uno de sus pulmones había colapsado y le habían sacado una parte del otro. Sin embargo, "here I is", como dijo el propio Selby Jr., el sobreviviente.
Seis años más tarde y con un ataque de asma, el doctor que lo atendió esta vez le dijo que simplemente no hiciese nada, que la muerte era inevitable ya que no tenía suficientes pulmones. Una segunda y tercera opinión corroboraron el pronóstico macabro dado a un joven ahora casado, sin poder ejercer oficio alguno. Sin embargo, en palabras del mismo Selby Jr., se "rehusó a morir" sólo porque un doctor se lo dijera, y de allí en adelante lo demás no fue sino rescribir toda la narrativa americana en un pequeño puñado de libros.
Ahora bien, como cualquier aficionado escritor sabrá, una cosa es declararse escritor o tener todas las ganas de convertirse en uno, otra muy distinta es hacerlo. Así, Selby Jr. pasó algo de tiempo sentado frente a su maquina Remington, viéndola, pensando qué diablos debía hacer. Escribió un par de cartas y luego botó la máquina para sentarse a reflexionar. Es aquí donde podemos subrayar el nacimiento de un verdadero artista. Para alguien que afirmó ligeramente, "me sabía el alfabeto, así que decidí que me convertiría en escritor", la actitud de Hubert Selby Jr. de detenerse ante el papel virgen antes de escribir cualquier barrabasada que se le ocurriera refleja la búsqueda de un motivo. Historias hay en cada esquina, como bien sabe cualquiera. Detienes al primer bobo en la calle y te puede recitar una retahíla de cuentos y anécdotas como para llenar una enciclopedia. Para Selby, el problema literario no estaba en la historia, sino en lo que se contaba y cómo se contaba, sin hablar del Porqué.
En todo caso, y desde cualquier punto de vista, que un marinero medio enfermo sin ninguna formación literaria más allá de los cuatro libros de Melville y Joyce que se leyó en el Hospital, en fin, que esta persona pueda crear una obra como "Last Exit to Brooklyn" es impresionante. En este libro se percibe una necesidad narrativa, una búsqueda lingüística que no escatima sobre todo en los recursos auditivos. De hecho, cuando se le preguntó a Selby Jr. cual era su mayor influencia al escribir, su respuesta, siempre parca, fue "Bethoveen". Tal afirmación no sorprende al leer lo esmerado que siempre serán sus diálogos, que conducen la narrativa, que guían al lector y que hasta su último libro, el sensacional "Waiting Period" no dejarán de reflejar una realidad americana, neoyorquina, de Brooklyn.
Claro que no toda "realidad" es bonita, mucho menos si se pasa por el calvario que Selby Jr. pasaría prácticamente toda su vida. Es por ello que no asombró que las mentes pacatas no vieran más allá de los personajes conflictivos y la violencia que engendran, decidiendo prohibir la novela durante algunos años. No es de extrañar ya que el mismo destino le fue sentenciado a Miller, Burroughs y Joyce, por no mencionar sino a algunos. Poco importa, el hecho es que finalmente pudimos acceder a lo que Allen Ginsberg llamase una "bomba oxidada de acero que explotaría sobre los Estados Unidos y sería leída ávidamente incluso dentro de cien años". Porque Selby logró captar la angustia americana, la decepción, la violencia y todo aquello ligado a cierta población que siempre parece querer excluirse de los relatos contemporáneos.
Es en este punto cuando aparecen las analogías biográficas, aunque no narrativas, con los mal llamados Beats. Burroughs se "despertó de la enfermedad" como el dice, luego de veinte años de adicción, para ver "Naked Lunch" censurado por "perverso", libro descrito por el mismo Allen Ginsberg como "un recorrido en montaña rusa por el infierno". Selby Jr. se despertó luego de su paso por los doctores y las medicinas para crear Last Exit y verla también descartada en Inglaterra por el "obscene publications act" de 1959 (Acto/Ley de publicaciones obscenas).
Por otro lado, su espíritu Beatnik paralelo se nota en sus colaboraciones, una especie de doppelgänger de William Burroughs pero con menos presupuesto. Burroughs verá Naked Lunch llevado a la pantalla por David Cronenberg, Selby Jr. hará una breve aparición en la oscura adaptación de Last Exit hecha por Uli Edel. Burroughs grabará un disco con Kurt Cobain en 1993, Selby Jr. grabará con el menos vistoso Henry Rollins en 1990. Su última aparición será en la genial adaptación de Darren Aronofsky de "Réquiem for a Dream", en el 2000.
Sin embargo, Selby Jr. siempre sería un marginado, tanto por su condición física como por su forma de escribir. Demasiado enfermo, demasiado demacrado y sin la desfachatez de Jack Kerouac para abandonar a sus esposas, Selby Jr. trabajaba de día y escribía de noche, a pesar de la piedra negra que latía en su pecho y que lo obligó -finalmente- a dejar de fumar un mes antes de su muerte. Este tren de vida le impedía poder participar de las fiestas y salidas de los imprevisibles Beats, quienes buscaban siempre la última experiencia vital.
Entonces, ¿cómo describir a Hubert Selby Jr.? No parece haber otra manera sino la de hacer referencia al Beatnik que no perteneció a la generación Beat, al escritor que nunca estudió literatura, que nunca fue premiado, que nunca fue siquiera leído antes de ser criticado. Nunca recibió una beca o una oferta universitaria, lo cual lo llevó a terminar viviendo del seguro social y de la pensión que le daba la milicia. En un mundo donde prevalece la literatura pseudo-erótica, donde "La vida sexual de Catherine M" se convierte en bestseller, donde los franceses terminan plebiscitando los esfuerzos mediocres de Fréderic Beigbeder o Michel Houellebecq, donde es difícil sino imposible evitar mediatizarse a lo Easton-Ellis para vender libros, en ese contexto preciso, Hubert Selby surge como un llamado a la modestia, a la sinceridad, a la escritura desde el corazón, desde la realidad.
Más que eso, su legado se concentra en la herencia de unos personajes que, al igual que el ser humano, vivían llenos de contradicciones y errores, pero a diferencia de los demás escritores, Selby nunca trató de rectificar esta conducta presente en cada uno de nosotros, según la cual humano, demasiado humano, es lo que hacemos todos, sin poder atribuir ningún tipo de juicio moral sobre el otro. A lo que sí nos podemos limitar es a ver al otro y descubrir su sufrimiento, uniéndonos a él a través de un vínculo de empatía. Y eso lo entendió Hubert Selby Jr. mejor que cualquier otro escritor contemporáneo. Una lección que serviría a más de uno en nuestro presente liberal individual de sálvese-quien-pueda. Creo que eso muestra algo de lo que fue Hubert Selby y su escritura siempre será ese reflejo, de un hombre, un artista, un rebelde y un excluido.

Información sacada de acá.

domingo, septiembre 13, 2009

LA BREVE Y MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO


La breve y maravillosa historia de Oscar Wao ganó el importante Premio Pulitzer 2008. La trama tiene como sustento la historia de una familia de procedencia dominicana radicada en los Estados Unidos. Debo admitir que la primera parte de esta novela me entretuvo, en cierta forma por la manera en que Junot Díaz construye metáforas con el mundo pop en el que se desarrolla el personaje principal de este libro, Oscar un gordo nerd, cuya limitada vida gira en torno a El señor de los anillos, Watchmen, Dune, Los 4 Fantásticos y otros tantas referencias del entretenimiento cotidiano y que Junot Díaz eleva a lo mítico, punto para él. Otro punto a favor de del escritor dominicano y que tal vez perdió sorpresa a la hora de la traducción y por más que Díaz estuvo pendiente no sirvió, fue el uso de los coloquialismos dominicanos como bróder, fly, nerdismo, fokin, jevita que tal vez surtieron efecto en el borrador original. Todo bien hasta ahí hasta que Díaz apuesta al Realismo Mágico latinoamericano (que gobernó o parece gobernar hasta la fecha entre algunos sectores) y quizá a sabiendas de ello, me da la sensación que Díaz trató ser aceptado por la critica norteamericana. Me refiero al uso del Realismo Mágico cuando Díaz apuesta a seguir jugando con las maldiciones de la familia, a través del “foku”.
Wao personaje que parece -gracias a sus afiliaciones y sus pasatiempos- conocer alguna mujer con la cual pueda lograr algún encuentro sexual tanto así que las mujeres de la familia son conscientes de eso y pasan presionándolo para que baje de peso, para que deje de lado sus gustos que según le dicen alejan a las “jevitas” al punto que Oscar desarrolla el pánico de convertirse en el primer dominicano en morir virgen, la presión social y buena critica y descripción toman un relieve interesante en la primera parte de la novela. Pese a todo está perdidamente enamorado de alguna mujer imposible para él, siempre dentro del texto y su construcción aparece una que Oscar termina enamorado. Las desventuras de este personaje al grado que un momento dado pasa del negro perdedor de guetto a la figura enternecedora sustento de la novela.
Ahora la estructura de la novela está dividida en tres generaciones, remontándose hasta la República Dominicana de la dictadura de Rafael Trujillo (1930-1952). Díaz relata con humor, aunque sin vacilar en los detalles más horrendos, los excesos y abusos que soportaron los dominicanos durante la dictadura. Uno de los capítulos centrales y es donde la novela pierde ritmo, se vuelve aburrida y perfectamente prescindible es la historia de Abelard Cabral, el abuelo de Óscar, quien entre 1944 y 1946 vivió una experiencia similar a la del personaje central en La fiesta del chivo Agustín Cabral, la novela de Mario Vargas Llosa: Trujillo, famoso por sus lujuriosos caprichos, quiere mantener relaciones sexuales con la hija adolescente de Cabral. A diferencia del Cabral de Vargas Llosa el de Díaz no cede al capricho del dictador, dando pie así la terrible maldición (el “fukú”) que marca a todos sus descendientes y que termina por pagar Oscar.
La oposición por parte del abuelo de Oscar a que Trujillo consuma su deseo carnal con su hija es diferente, a lo que recuerdo, del sumiso Cabral de Vargas Llosa en la Fiesta del Chiva quien si obedece a los deseos del dictador. Esta parte es floja no por el hecho en cómo está escrita sino que rompe completamente con el mundo interesante que describe Díaz en la primera parte y que desentona al punto de aburrir. Quizá como experimento formal puede ser aceptado, ese juego entre la escritura actual posmoderna, si cabe el termino, al escritura formal literaria. En la tercera parte la novela Díaz retoma el personaje de un Oscar más grande y maduro, pero no menos nerd e inocente. Oscar viaja a República Dominicana conocer sus raíces, aquel mundo le resulta no obstante diferente y duro al apacible mundo donde cosechó sus fantasías, y en este punto da la sensación que Díaz se apresuró a terminarla. Oscar paga la maldición del “foku” y resulta como el pararrayo que cercena la herencia maldita en su gordura, en sus lentes de pasta, en su afro. La descripción de este episodio resulta notable pero no termina convencer a un lector un poco mas exigente, y no es que ponga en duda la escritura de Díaz que no resulta tampoco nada del otro mundo, tampoco a la traducción, sino a la estructura formal misma que me quedo debiendo y mucho.

lunes, agosto 10, 2009

TOKIO BLUES


Mas allá de la fama que la misma novela posee, Tokio Blues, del escritor japonés Yukio Murakami, se puede decir que es el claro reflejo de lo que se podría titular como la otra literatura, esa que no dice nada pero vende y es leída. La historia arranca cuando Toruo Watanabe (¿acaso el mismo Murakami?) aterriza en un aeropuerto europeo y escucha de fondo Norwiang Wood de los Beatles que le produce el efecto Proust: un recuerdo a partir de algo inmediato.
El protagonista retrocede al Tokio de los años sesenta, cuando era apenas un estudiante de primer año de universidad. Años en los que conoció a Naoko, amor de infancia que solo hasta los años de adolescencia pudo concretar gracias al suicidio del novio de Naoko. En una noche Watanabe tiene relaciones con Naoko y luego de ahí no se sabe nada de dicho personaje. De modo que herido de amor, Watanabe ingresa a la universidad a estudiar literatura, en este punto de la novela el lector puede tomarse la licencia de obviar un buen poco de páginas que no pasa nada puesto que lo descrito ahí es un verdadero plato de babas, salvo algunas aventuras “amorosas”. Si no se ha abortado el libro transcurrido ese punto, se llegará a conocer Midori una muchacha curiosa y liberada y como era de esperar termina enamorada de Watanabe que se podría decir que es un James Dean oriental, un tipo frío, inteligente que aún se mantiene aferrado al recuerdo de Naoko.
La relación que mantienen Midori y el insufrible Watabane, a parte de lo poco creíble que es, aportan poco o nada a la construcción de la novela, si acaso a enaltecer la figura de “nuestro héroe”.
Pese a que se podría esperar más de una novela ambientada en un Tokio post segunda guerra mundial, tópicos de esas índoles no aparecen ni se asoman nada en lo absoluto. Lo llamativo es la gran cantidad de suicidios que ocurren básicamente entre jóvenes. Quizá podría dilucidarse las secuencias de una generación marcada por la guerra. A grandes rasgos es lo más profundo que puede percibirse dentro de Tokio Blues. Luego la novela vuelve los ojos hacia Naoko.
Toruo Watanabe se percata a través de cartas con Naoko –que dicho sea de paso misivas aburridas, llenas de lugares comunes, y de sensiblerías- que su gran amor, que parece difuminarse por los sentimientos que le produce Midori, está internada en una especie de centro en los más profundo de las montañas, y hacia ahí se dirige con el corazón en la mano. Naoko padece de “quien sabe qué” ya que Murakami no le importa argumentar las causas de las depresiones alucinatorias de Naoko y se cifra más en Reiko una extraña guía/guardian de Naoko. La tal Reiko es un personaje tan falso en su construcción como la galantería del mismo Watanabe. Reiko es una especie de hippie auto recluida en dicho centro por que parece no tiene nada mejor que hacer, aparte de fumar y tocar la guitarra serenateando a los enamorados, y es entre las canciones que Reiko interpreta en su guitarra Norwiang Blues. Y claro, Reiko también se siente atraída por Watanabe que no pierde oportunidad de enganchar nenas con su estilo insufrible.
Y así entre brinco y saltos este culebrón literario se va proyectando al final. Naoko se suicida, pero no causa mayor impacto puesto que Watanabe esta enamorado de Midori quien se alejó a sabiendas que quizá nunca tendría oportunidad con Watanabe pese que este último estaba enamorado de ella.
En síntesis la novela es mala, floja, y uno se llega a preguntar si Murakami pasó toda una vida estudiando literatura para escribir una novela como esta, lástima tanto tiempo invertido.

PD: Watabane también "le hace el amor" a Reiko.