lunes, septiembre 12, 2011

Presentacion de la novela "Bajo la lluvia Dios no existe".


Video filmado por el periodista Ronald Díaz durante la presentación de mi novela el pasado jueves 8 de septiembre; acá lo comparto para los que no pudieron ir,  y abrazos a los que fueron.



lunes, julio 11, 2011

Heriberto Rodríguez: Atrapainsomnios.


El escritor costarricense presentó su nueva obra el pasado martes en el Instituto México.

Me enteré de la obra de Heriberto Rodríguez a través del primer libro suyo que me cayó en las manos, Las cosas que nunca te dije, publicado por la editorial de la Universidad Estatal a Distancia allá por el 2003. Más adelante leí su novela Archipiélago (Editorial Costa Rica 2008) y empecé a vislumbrar mejor el mundo literario de este escritor liberiano y liguista. En ambos textos encontré elementos (haciendo acopio de la memoria) que Rodríguez mantiene aún vigentes pero que en este nuevo trabajo redondean su significado, al menos para mí. Previamente no había logrado traducir dos etiquetas que ahora en Atrapainsomnios (Editorial Lanzallamas) logro dilucidar con claridad: El desenfado y el sexo como catalizador de ansias. En este nuevo cuentario que nos presenta el autor ambos elementos vuelven a toparse convirtiéndose en el leiv motif de la obra; unos más largos que otros, valga la aclaración. 

Los veinte relatos reunidos en este cuentario están amparados por una prosa sofisticada (muy particular para el medio literario del país, sin que eso quiera decir que detrás de ella haya una imposición ficticia o forzada) y que da un rasgo marcado a la obra de Heriberto; me atrevo a decir que es como su huella dactilar. Rodríguez bajo la sombra del desenfado gusta de jugar con el mundo pop y la literatura, porque Heriberto parece no tomarse muy en serio eso de ser escritor, pese a que muy en el fondo lo toma muy en serio, sino que lo diga la calidad de su más reciente obra. En el cuentario se nos muestra a un escritor cosmopolita, un atleta de las aduanas, un sobrecargo que de allí saca sus historias, un hombre de mundo. Es en este punto donde me centraré porque fue lo que me llamó más poderosamente la atención.
Una muestra de ello es el texto que da la bienvenida, "Bonn o yo derribé el muro de Berlin", el cual tuve el placer de leer a través del blog que mantiene Heriberto. Es la historia en la que un costarricense, o mejor para que quede en claro, un liberiano, se ve enfrascado en la Alemania del muro donde está estudiando. Son estas las peripecias de un yo narrador que a pesar de vérselas un poco difícil en un Berlín convulso mantiene una frialdad para pensar y darle ese pellizco a la vida. 

Para seguir rastreando esas pistas de hombre cosmopolita podemos leer pocos cuentos después "Héroe en Roma". En este relato en particular aflora esa sensación de horas vuelo que Heriberto pone a disposición de su literatura. La atmosferización con la que describe Heriberto la capital italiana es realmente notable (tal y como sucediera en el caso de "Bonn..."). Este relato más parece un ensayo, muy a lo Bolaño, en el entendido de que a lo largo del libro el lector no sabrá si lo que cuenta Heriberto es ficción o realidad. En la mayoría de los cuentos de Atrapainsomnios el narrador cuestiona todo haciendo de esas disgregaciones filosóficas las tramas de las historias que componen este cuentario, sin que eso desmerite las historias de Heriberto, que son entretenidas e ingeniosas. 

Es en "Un Paria en Paris" donde queda demostrado que Heriberto no se toma en serio la literatura (como decía recién) pero a la vez nos guiña un ojo: “Todas las mañanas como si fuera a una de las minas crueles de los cuentos de Baldomero Lillo me adentraba lento en el suebsuelo de París (bah, eso de la literatura como referente para la vida es una mierda, se lo digo yo)". En este relato Heriberto nos descarna ese paisaje idílico de un Paris de ensueño y nos muestra a la ciudad de las luces como una ciudad europea con sus grandes mezclas étnicas donde se disputan la supervivencia propios y extraños con otras culturas minoritarias.
"Irun" es lo que podría definirse como un road history donde el autor sigue jugueteando con ese aire cosmopolita que posee esta colección donde nacionalidades de todo tipo se topan, se cruzan en una ciudad (en este caso en un tren, otras veces en Paris, o en la habitación de un internado universitario en Berlin). Irún es un cuento corto de una sola página como muchos de los cuentos compilados en Atrapainsomnios, pero que no por su brevedad deja de ser un cuento con mucha calidad.

El otro tema importante que sirve de sustento a Atrapainsomnios es el sexo que no obstante se aborda con la sutileza de un galán que coquetea con su mujer. Heriberto hace lo mismo pero con el lector y desliza por entre las líneas de este cuentario ese erotismo bien particular, es decir, el sexo de Heriberto, el sexo literario, no es explícito como sucede en el caso de algunos imitadores de Bukowsky que abundan en el país. Aquí más bien constatamos el placer que le produce al autor la sola idea de escribir al respecto y lo deja en claro cuando se leen estos relatos. Por citar ejemplos de cuentos con contenido sexual podría referir a "El pudor de las Ninfomanas", "Cuestión de vida o muerte" y "La última Erección".

Curiosamente el cuento "Las tráqueas" (que es el más largo del cuentario) rompe un poco con los lineamientos de los otros relatos. El texto no solo se diferencia por su extensión sino además por la temática. Pese a que el título es poco sugerente, es un cuento donde Heriberto Rodríguez despliega con argumentos sólidos la calidad de su prosa, y de su talento. Encontramos aquí descripciones detalladas en conflictos más cotidianos, más cercanos y menos cosmopolitas, donde gringos con intereses sórdidos, taxis piratas, bares de mala dedicados al karaoke y el Guaro Cacique se confabulan para contarnos una historia que terminada su lectura deja inevitablemente al lector con una sonrisa ya sea por complicidad, burla o cínica culpa.

Con Atrapainsomnios Heriberto Rodríguez se coloca en esa primera división de escritores a tomar en cuenta en nuestro país. En lo personal considero que debería desde ya empezar a correr una mejor suerte fuera de nuestras fronteras, este libro deberían de leerlo con atención los jurados del premio nacional Aquileo J. Echaverría porque huele a premio, opinión no obstante muy personal.

martes, mayo 31, 2011

VARIACIONES PARA UNA FICCIÓN. GERMÁN HERNÁNDEZ


Germán Hernández debuta literariamente a los 37 años, la misma edad en la se retiró Luís Antonio Marín, y en la que Walter Centeno anunció su despedida. Sin embargo, una buena edad para publicar un cuentario. Variaciones para una ficción es el título que da pie a la ópera prima de Germán Hernández, publicado por la editorial de la Universidad Estatal a Distancia

El libro contiene veinticuatro relatos divididos en dos grandes apartados. De entrada el texto que le da la bienvenida al lector es –si leemos entrelíneas- la huella dactilar del concepto de esta colección de relatos. Personajes que transitan a través del pasillo del hastío, de la cotidianidad absorbente que hace de sus vidas –según el autor- inocuas, seres que terminaran siendo una simple cifra en un ampo de alguna oficina gubernamental. 

Con el vértigo de una prosa cuidada y consciente de que el lector en estos tiempos no está para perder el tiempo en nada que no lo entretenga (por esa razón series como Mad Men arrasan en los Globos de Oro o los Intrusos o Siete Estrellas se mantienen incólumes en la televisión nacional) Germán hace de su libro debut un texto legible y fluido. La nota de contraportada de este cuentario dice: “es un ejercicio narrativo de destrucción y registros que por atroz se vuelve cotidiana, y por real adquiere matices fantásticos”. En efecto, Germán logra destruir la parsimonia de la simple observación de aquello que desfila frente a sus ojos y va más allá del detalle con un tratamiento poco usual en nuestros lares: el de un narrador misericordioso para con sus personajes. 

Introducción para los adoradores del sentido” es un título con rasgos muy marcados de cierta metafísica aplicada a la cotidianidad. Es un texto que terminada su lectura deja en el paladar del lector un sabor inquietante y le hace saber que se encuentra a puertas de un libro cuya realidad del día a día no son más que bichos amorfos que descansan en el sótano húmedo de nuestra conciencia.

En "Psychedelic Breakfast" topamos un relato que abarca una sola página, espacio suficiente para mostrar un potencial visceral cargado de humo negro; el personaje principal ni se inmuta tras un acto extraordinario para cualquiera de nosotros. Él sigue adelante con su día y sale a comprar el desayuno como si tal cosa.
"Abrir los ojos y ver" es uno de los puntos altos de la colección. Por acá Germán se asienta en su labor de narrador y de cuentista para relatarnos una historia con tintes gore, término acuñado en el cine explícito de violencia y terror que Germán con delicadeza logra maquillar a través de un lenguaje poético transformándolo así en un cuento hermoso y alegórico.

Más adelante encontramos "La Broma", un texto narrado en dos planos intercalados entre el hombre que ve y desea, y la mujer objeto del deseo. Un juego sicológico que toma matices relevantes y nos muestra esas pequeñas y secretas obsesiones que solemos experimentar en los momentos menos esperados. El zoom a esas pequeñas cosas, diría Serrat, que Hernández escudriña hasta ver su morbo de mirada aguda y punzante, satisfecho. 

"Soñaba para escribir mis sueños", explicaba Georges Perec con respecto a su libro La Cámara Oscura. Germán, a diferencia de Georges Perec, escribe sus pesadillas y no solo las escribe sino que las vive, las respira, las mastica y las vomita. "En Anestesia" nos presenta entonces otro juego alegórico, donde lleva al personaje principal a rozar situaciones límites pero nunca hasta ahí, sin cruzar al sufrimiento mismo. Se presenta como un Dios del Antiguo Testamento que enseña el fruto prohibido pero no permite tocarlo. Aquí lo importante no es la historia como tal sino la afrenta que nos pone en frente Germán y resolver el cómo actuaríamos en situaciones como esta donde no hay dónde ir, y solo queda sobrevivir. 

Muchos de los relatos de la primera parte son bastante económicos y es ahí cuando Augusto Monterroso aflora completamente entre las líneas de Germán. Por ejemplo, "Principio de realidad", "Los invisibles", e "Intuición" son muestra de ello. No obstante el modo de hacer literatura por parte de Germán, en su bagaje de lector que al final de cuentas se transforma en eso que se llama odiosamente, “influencia”, se lograr percibir en este libro no solo la mano de de Monterroso, sino también de autores como Juan José Arreola, Raymond Carver y Anton Chejov. Todos ellos al igual que Germán tienen esa brevedad del lenguaje y esa capacidad de encapsular el tiempo y la realidad para parirles en un solo párrafo. 

A partir del segundo apartado (titulado Variaciones de un tema de Maigret) el cuento propiamente dicho se transforma y le da paso a estampas narradas polifónicamente; acá no hay personajes, no hay tramas y si los hay la propuesta no es tanto por ellos sino como un mecanismo de adivinanza en el caldero de la experimentación.
Esta segunda parte es un homenaje al escritor franco-belga Georges Simenon y su personaje el detective Maigret. De alguna forma Germán Hernández se encarna en el papel del detective Maigret y empieza esa búsqueda dentro de su propia obra, el detective/escritor que se consume en un delito que no se cometió. De ahí viene quizá la mayor variación del Maigret que deja las calles europeas y transita por los callejones hediondos de San José.

La primera historia es de una periodista y un crimen y de cómo ese crimen puede variar producto del cristal con el que se mire. Germán bautizó estas experimentaciones con el título que da pie en parte, al nombre del cuentario: Variaciones I, II, III y IV. Luego de las variaciones Germán continúa en esa búsqueda experimental como quien quiere encontrar un delito, un asesinato, un crimen. Los restantes textos que componen las Variaciones son estampas narradas a manera de ópera, que no obstante terminan distrayendo al lector. Germán logra entonces que su primer obra se mantenga en la balanza entre un libro de cuentos y un experimento narrativo. 

Yo prefiero la primera parte de estos cuentos porque es cuando Germán Hernández (al igual Raymond Carver) sabe que lo que llamamos normal en nuestras vidas no es más que el caldo de cultivo literario para escribir; solo hay que sentarse como su personaje que bebe whisky y piensa en Mery o hacer como Perec e irse a un parque y pagar a un fotógrafo para que le documente todo, por que solo así se puede tener acceso a esas epifanías posmodernas que plasma muy bien Hernández en su primer libro.

Aún así nos queda el antojo de nuevas historias que estén más a la altura de su prosa, ya que en esa tendencia de renovación, de experimentación, de búsqueda del delito como Maigret, este libro pierde potencia e ingresa en arenas movedizas. Variaciones para una ficción viene a engrosar la obra de esa camada de jóvenes prosistas que poco a poco viene haciendo ebullición, pidiendo un cambio generacional y buscando las grietas de luz para mostrarse, para que los lean y para abrirse paso ante tanto poeta. Germán refuerza con este libro a ese grupo, cada vez más grande que hace la presión para tumbar esa puerta y buscar nuevos lectores.

lunes, marzo 07, 2011

Faustófeles, José Ricardo Chaves.


Faustófeles, de José Ricardo Chaves es la novela que se acreditó el año pasado el premio de la Academia Costarricense de la Lengua. Este libro publicado por Uruk Editores forma parte de una trilogía que contiene las obras Paisaje con Tumbas Pintadas en Rosa, Los Susurros de Perseo y la que se analizará en esta tertulia. 

Al final del libro, José Ricardo explica su teoría de porqué se decidió por escribir una gran obra en tres partes. Según dice, en los Susurros de Perseo (la primera parte) quiso jugar con la belleza del lenguaje más preciosista; en Paisaje con Tumbas Pintadas en Rosa, buscó abordar la temática de la homosexualidad y de las enfermedades venéreas como el sida a través del argot de calle. Y ahora, en Faustófeles, decidió presentar una novela más intimista y personal, razón por la cual —en mi criterio— logró superar sus dos antecesoras. 

El valor de Faustófeles es la manera en cómo aborda un tema tabú —quizá producto de la fuerte presencia de la Iglesia Católica en nuestro país— como la logia teosófica en San José. La historia nos cuenta la vida de un Fausto que vive en Tibás, que desde su juventud se alimentó de las historias más fantásticas que le solían contar sus tías y de la lecturas de historietas.

El arranque de la novela es un poco lento y disperso ya que José Ricardo se concentra en contar un poco sobre el ambiente en el que este Fausto tibaseño crece y se desarrolla. Conocemos así a un personaje que vive en la década de los cuarenta al amparo de una familia de clase media compuesta por dos tías y un tío. Fausto, con el tiempo, conoce a Eulogia, una mujer madura que lo hará crecer (mismo efecto que nos hará a los lectores) a través del conocimiento que va adquiriendo con diversas y variadas lecturas. 

El autor recurre a pequeños capítulos para brindarle fluidez a la historia a través de una prosa que, a diferencia de Los Susurros de Perseo, más que preciosista es efectivista: cuenta lo que tiene que contar. Esto no deviene como un gesto casual sino más bien como una decisión bien pensada, quizá sabiendo el autor de antemano que la historia por sí sola (así como el marco referencial en cual muchas veces se sustenta) podría resultar una muy densa si el lenguaje empleado hubiera sido más sofisticado.

La novela es rica en detalles. José Ricardo Chaves no escatima en menciones y referencias de la teosofía, que se deriva del griego Teo (Dios) y Sophos (sabiduría). Un movimiento complejo que aborda la ciencia, la filosofía, la religión y se sustenta en una plataforma cosmológica esotérica. Por ello, el lector se encontrará con referencias de nombres como Madame Blavatsky y la Doctrina Secreta, piedras fundamentales del movimiento; Eliphas Levi, Golden Dawn, Mabel Collins, Krishnamurti, Roberto Brenés Mesén, Luis Dobles Segreda, Rogelio Sotela y María Fernández de Tinoco, todos nombres que ayudan a contextualizar la novela en el marco de su hilo conductor central. Este Fausto comparte con el célebre y universal Fausto de Goethe la búsqueda por las ciencias ocultas. 

El tiempo pasa y Fausto va conociendo personas, gente; su vida de adulto, ya con dieciocho años, lo va aprisionando y brindándole nuevas perspectivas de vida. Deja tirado el estudio de medicina y se introduce a estudiar filosofía, nada menor para alguien como este tibaseño que recorre los cafetales adyacentes al río Virilla, camina por San José y visita burdeles. 

En Faustófeles, José Ricardo nos refleja atisbos autobiográficos que dan a la novela los puntos altos donde se sostiene. Por citar un ejemplo de esas narraciones embelesadoras podemos referir al momento en que Fausto y Eulogia se dirigen a Puntarenas; la descripción es notable. Igual sucede al abordar la vida en San José de Fausto, esa búsqueda espiritual, esa necesidad por buscar un guía que lo dirija a la verdad que trata de revelar con la teosofía y que luego, años más tarde, trata de encontrar en la política, espacio donde Marx y Enggels ocupan los lugares de místicos maestros orientales en la vida de Fausto.
La vida con su crueldad mete mano, una que toma por la cabeza a Margarita: la única hija de Eulogia que vuelve al país luego de pasar una temporada en Estados Unidos. Fausto está harto ya de la presencia mefistófelica de Eulogia, la cual para mí es el verdadero Mefistófeles de la tradición Goetheana en Faustófeles, más allá de un tal Mefisto que aparece muy poco al final. 

Margarita sigue dentro de la novela la tradición reproducida en otros tantos Faustos y Margaritas, por compartir ejemplos, y tal y como lo acota el autor en el post-scriptum: El Maestro y Margarita de Mijail Bulgakov, El Fausto de Thomas Mann y el de Pessoa. No obstante, esta Margarita muy costarricense es el acicate final; un final más próximo a Shakespeare que a Goethe: su Margarita, la de José Ricardo Chaves, es una muchacha hermosa que se enamora de Fausto y que da pie para que el final resulte, como dije antes, más digno del inglés que del alemán.

Faustófeles es sin duda mi favorita de la saga por las razones ya antes expuestas: por su riqueza formal, por su lenguaje puntual, por la profundidad de personajes, situaciones y por ser quizá la obra más cercana a José Ricardo Chaves. Así, se convierte a mi gusto en la pieza más transparente de la trilogía, un libro donde el autor no asume riegos formales y se deja llevar por la historia, por los recuerdos y por la vida misma. Esta es una novela altamente recomendable que no solo tuvo que haber ganado el premio de la lengua de la Academia, sino también el Aquileo Echeverría. En fin, así son los jurados y los gustos.

domingo, febrero 06, 2011

La Madriguera, Rodolfo Arias.


La Madriguera (Ediciones Lanzallamas) es el primer cuentario de Rodolfo Arias. La obra acaba de ser galardonada con el premio nacional Aquileo Echeverría 2010. El autor tiene en su haber la mítica El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios (reeditada el año pasado por la Editorial Costa Rica), Vamos para Panamá (Ediciones Perro Azul) y Te llevaré en mis Ojos (Legado/Euned), pieza gracias a la cual Rodolfo obtuvo el Aquileo Echeverría del 2009 pero en la categoría de "novela".

La Madriguera está compuesto por diecinueve relatos cuidadosamente escogidos por el autor. Algunos de ellos los mantuvo —confesó Rodolfo el día de su presentación— más de veinte años en el tintero, lo que demuestra el respeto hacia el lector por parte de Arias Formoso, mismo que se agradece infinitamente. La Madriguera está divida en tres grandes apartados: Cabos Sueltos, De humo y lata y la novela breve El sitio vacío.

El cuento que da inicio a este libro, "Hilo Rojo", es el que me distrajo en toda la colección puesto que para mi gusto dilata mucho y termina dispersando al lector. Sin embargo, tiene su contraposición en "Carlos y Carlos", uno de los mejores de la serie por su carga frenética de tensión y estrés. Este relato se refleja —y el autor tiene esa capacidad de hacernos participes— dentro de uno de los Carlos, cuyo día a día y cuyas aspiraciones se ven, poco a poco, inmersas en un torbellino que desata en Carlos la ira hacia el otro Carlos.
La estructura de cuentos como tal inicia cuando el escritor describe casi paralelamente la vida de ambos Carlos, quienes a pesar de tener el mismo nombre distan de compartir vidas similares. En "Carlos y Carlos" la Ley de Murphy es el acicate para que el cuento tenga una final cargado de humor negro que le saca las carcajadas a cualquiera.

Otro cuento que resulta interesante es "Polvo que cae". En este último Rodolfo Arias nos muestra una de sus principales características que es la ternura para con sus personajes a través de una prosa cargada de nostalgia. Este primer apartado lo cierra "Buzón de bronce", un historia de amor a partir de una carta cuyo contenido llegará a la manos de quien tiene que llegar solo después de una serie de divertidos y jocosos inconvenientes.

En De humo y lata Arias Formoso experimenta con el lenguaje, mezcla su bien cuidada prosa con las más variadas expresiones del costarricense. Las temáticas que describe suelen ser bastante alegóricas y se pueden ver reflejadas en el texto titulado "Labio", que más que un cuento podría decirse que se trata de un prosema, como definía el poeta nicaragüense José Coronel Urtecho a este tipo de textos que suelen ser una simbiosis de prosa y poesía. Sin embargo, cuentos como "Buenas Noches" y "Chicharras" retoman la prosa y dejan al lector en un estado de inquietud, ya que hurgan en esos miedos que a veces nos parecen solo dignos de alguna película absurda, llámese quedarse en medio de la nada o verse inmerso en una invasión de chicharras.

Leer a Rodolfo Arias es como ir a ver una película en 3D al IMax de Paseo Escazú. "El Sitio vacío" es una novela corta o cuento largo, como sea. Este relato es exuberante en lenguaje, en imágenes y en recuerdos. El personaje, el yo narrador del que no sabemos su nombre (pero no nos importa), aborda un clásico bus de zona rural costera que calienta motores en espera de su salida. Mientras tanto, conocemos gracias al don de observación de Arias hasta el más mínimo detalle de la escena, movimientos, personajes, sonidos, olores y sensaciones toman vida propia en un texto que brinda un relieve realista exquisito y muy humano a la historia. Leer a Rodolfo Arias es como ir a ver una película en 3D al IMax de Paseo Escazú.

No obstante, "El Sitio Vacío" es una metáfora riquísima de la soledad propia del personaje —y nuestra, por qué no—, que se sumerge en sus recuerdos para obviar su solitario presente; el autor nos sienta en ese bus que parece que nunca va a arrancar, pero no hace falta, porque el verdadero viaje es otro. Nos adentramos así en la mente del narrador que nos cuenta detalles íntimos de su pasado, de su presente y de su futuro, todo esto a partir de escenarios detallados que hacen de esta novela breve una lectura verdaderamente placentera. En "El Sitio Vacío" los personaje desfilan, aparecen y desaparecen, como una especie de comala, muy a la nuestra, a la tica, pero basada en el recuerdo, en un realismo que tiene todo menos realismo mágico. Es en ese pomposo viaje en el que nos inmiscuimos durante la lectura de este relato, sin darnos cuenta todos los elementos que hay en él se terminan por difuminar y el verdadero viaje incia para el lector.

La Madriguera viene a llenar un espacio necesario en la obra de Arias Formoso, así lo perciben sus lectores (que asumo son muchos en este pequeño país), los cuales, estoy seguro, agradecen adentrarse en esta faceta del autor a quien solo conocían como un depurado novelista.

Gracias a esta colección de relatos Arias se reinventa y comparte otra vertiente de su hábil pluma, consolidándose así como uno de los escritores costarricenses más relevantes de nuestros tiempos. Es evidente que un autor de su calibre debería correr mejor suerte fuera de nuestras fronteras... Mientras eso sucede, no nos queda más que seguir esperando de su calibrada pluma el sutil ingenio y ese humor negro al que nos tiene acostumbrados.